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| 12/15/2016 5:12:00 PM

Debate sobre Ser Pilo Paga: rectores responden a las críticas

De nuevo, por medio de una carta, el rector de la Universidad Icesi, Francisco Piedrahita y el rector de la Universidad Javeriana Cali, Luis Felipe Gómez, se dieron a la tarea de responder y argumentar su punto de vista sobre este programa.

Ser Pilo Paga, uno de los programas bandera del Ministerio de Educación, ha recibido halagos y críticas. En los últimos días una columna de Julián De Zubiría Samper encendió de nuevo el debate. Ante los argumentos del director del Instituto Alberto Merani, el rector de la Universidad Icesi, Francisco Piedrahita y el rector de la Universidad Javeriana Cali, Luis Felipe Gómez, se dieron a la tarea de responder y argumentar su punto de vista.

Esta es la carta de los rectores:

"Semana.com ha publicado un nuevo artículo del señor Julián De Zubiría Samper atacando el programa Ser Pilo Paga (SPP), del Ministerio de Educación Nacional. Ante los planteamientos expuestos en ese artículo, nos sentimos obligados a expresar, de nuevo, nuestras diferencias y a mostrar, otra vez, la debilidad de la argumentación del señor De Zubiría.

En esta oportunidad, él se propone “…[explicar] qué tan cierto es que los estudiantes pueden elegir libremente entre las universidades privadas y públicas y [proponer] un ajuste fundamental a SPP para garantizar que favorezca la equidad”.

Para su primer propósito se plantea: “¿Tienen los estudiantes de SPP libertad para elegir entre las universidades públicas y las privadas? Éste es uno de los principios fundamentales que lo inspiró y uno de los argumentos de sus defensores. Me temo que están equivocados…”; para expresar, en seguida: “… pues, tal como se demostró durante sus tres primeros años, los estudiantes optarán, cada vez más, por las universidades privadas”. De nuevo, como en el artículo anterior, nos desconcierta, por falaz, su primer argumento: concluye, de entrada, que, como la mayoría prefieren las universidades privadas, los estudiantes de SPP no tienen libertad para elegir. ¿Cómo es posible que las preferencias de la mayoría sean una demostración de su falta de libertad para elegir?, ¿y cómo logra su libertad la minoría que elige una universidad oficial? Con el fin de fundamentar esa tesis principal, el señor De Zubiría afirma: “Daré 6 razones para explicar por qué creo que los “pilos” seguirán prefiriendo las universidades privadas”. Es decir, según su afirmación, las seis razones que explican cómo es que la mayoría de los estudiantes de SPP han sido coaccionados, forzados o engañados (ya que su elección no es, extrañamente, una muestra de libertad).

Veamos esas razones (o motivos), en un orden diferente al escogido por el autor del artículo (presentamos en negrilla los argumentos del autor):

1. “La segunda razón está ligada con las expectativas laborales. En este aspecto, las privadas tienen una notoria ventaja frente a las públicas. Los salarios de ‘enganche’, las expectativas a futuro y las posibilidades laborales son, en éstas, significativamente más altas que las que tienen los egresados de las universidades públicas”. Es inentendible que se considere una muestra de “falta de libertad” pensar en el futuro laboral como un factor muy importante a la hora de elegir dónde estudiar. Todas las universidades, oficiales o privadas, tienen la obligación de preocuparse por el futuro laboral de sus egresados y es este, a no dudarlo, un criterio importante en la elección de universidad de todos los estudiantes.

2. “El tercer motivo es muy conocido por todos: Quien ingresa a las universidades públicas tiene mayor riesgo de no culminar a tiempo su semestre y su carrera”. Otra vez: ¿es “falta de libertad” tener en cuenta el tiempo que el estudiante se va a tomar para graduarse como un criterio de elección de universidad?

3. “La última [sexta razón] está relacionada con los procesos de consolidación del inglés y de la internacionalización, lo que hipotéticamente podría ayudar a futuro a adelantar parte de los estudios en el exterior. En esto también la primacía de las privadas es sobresaliente”. Creemos que un apropiado manejo del Inglés es una condición muy importante para el buen desempeño de cualquier profesional en el siglo XXI; no se trata solamente de “estudios en el exterior”. El Inglés es hoy lingua franca; es la solución a los problemas de la “Torre de Babel”; es la lengua que usa el mundo entero para la comunicación internacional en las Ciencias, la tecnología, la diplomacia, los negocios, etc. La enseñanza o el fortalecimiento de la competencia en el manejo del Inglés debería tener prioridad en todas las universidades, oficiales o privadas. ¿Es entonces “falta de libertad para elegir” tener en cuenta ese criterio?

4. “La quinta razón tiene que ver con aspectos no esenciales en la calidad educativa, pero que tienden a ser sobrevalorados por las familias: infraestructura, dotación, laboratorios, cafeterías; campos en los cuales es notable la superioridad de las privadas”. Aunque algunas de esas características pueden no ser “esenciales” (porque, p. ej., los laboratorios sí lo son), nos preguntamos, una vez más, por qué, entre dos instituciones iguales por todo lo demás, se consideraría “falta de libertad” que el estudiante prefiriera a la que tiene “notable superioridad” en ellas.

Hasta aquí, y dejando dos razones por exponer, el señor De Zubiría ha dicho que las universidades oficiales: 1) ofrecen a futuro expectativas laborales significativamente más bajas que sus pares privadas, 2) menores posibilidad de terminar a tiempo el programa de estudio, 3) menor cualificación en inglés y, con ello, menor preparación para posteriores estudios en el exterior, 4) peor dotación en infraestructura: laboratorios, cafeterías etc. Quisiéramos manifestar, en primer lugar, que no compartimos esta sombría imagen de las universidades estatales. El sistema de universidades del estado, igual que el sistema de las universidades privadas, agrupa muy distintas universidades y flaco favor se les hace agrupándolas a todas según un estereotipo. Una a una, no cabe duda de que las mejores universidades del sistema oficial ofrecen mejor dotación, futuro laboral o inglés que muchas universidades del sistema privado, aunque no en todos los casos y no para todas las personas (en esa pluralidad consiste un sistema mixto de educación universitaria). Lo que resulta difícil es entender cómo esta pobre imagen del sistema estatal de educación superior es un argumento en su favor, y la prueba de que los Pilos elijen mal. En nuestra opinión, hasta ahora, el señor De Zubiría Samper, además de presentar pobremente a las universidades del estado, solo ha probado lo contrario de lo que pretendía: que SPP aumenta y mejora la capacidad de elegir de los estudiantes. Pero veamos las siguientes dos razones.

5. “El cuarto [motivo] es frecuentemente argumentado por las familias: Suponen que, si sus hijos ingresan a las universidades de élite, se rodearán con ‘mejores personas’ (término falso y excluyente, pero no por ello, poco usado)”. Nunca hemos oído este argumento como lo expresa el señor De Zubiría Samper; tal vez quiso referirse a lo que dice, con mayor claridad, en la última frase del párrafo: “las familias de Sisben 1 y 2 presuponen que las privadas dan más garantías de ascenso social”; y eso es, precisamente, lo que él asegura que sucede en su “segunda razón”, la de nuestro numeral 1, arriba. Es muy lamentable, sí, que, para forzar su argumento, vuelva a las generalizaciones perversas del artículo anterior e insinúe que las universidades privadas forman estafadores porque de alguna de ellas se graduó un empresario corrupto, hoy en la cárcel; se parece al otro argumento perverso que dice que las universidades públicas forman guerrilleros porque alguno salió de una de ellas.

6. “La primera [razón acogida como propia de otra fuente dice que] si se pone a elegir a un estudiante entre recibir un subsidio para estudiar en la Nacional o en los Andes, muy seguramente elija esta última, ya que dicha decisión le parece mejor por el puro beneficio económico. Para el joven, el precio por semestre de los Andes es 20 veces superior al que pagaría en la Nacional. El estudiante de la pública solo paga una pequeña parte de la matrícula, ya que –como es lógico– está subsidiada por el Estado; pero desde su perspectiva individual el joven no logra comprenderlo y tiende a suponer que, al elegir la privada, alcanza un mayor beneficio, independientemente de la formación que reciba”. Hemos dejado para el final esta razón del señor De Zubiría Samper para mostrar la falacia de su argumentación con toda claridad. Él mismo ha expuesto varios motivos de mucho peso que la mayoría de los estudiantes de SPP usan para escoger, con buen criterio y pensando en su futuro, las universidades privadas. Sin embargo, con esta última razón (la primera de su artículo) sugiere que el joven y su familia no comprenden y, por eso, escogen mal. Al final, para De Zubiría Samper, en su incoherencia, no parece tratarse de “falta de libertad”; se trata, sí, de falta de comprensión. A los jóvenes y a sus padres habría que enseñarles a comprender… prohibiéndoles escoger universidades privadas.

Termina el autor su argumentación con otras dos generalizaciones no fundamentadas. La primera: “También hay que considerar que las universidades públicas tienen serias debilidades al divulgar su imagen, porque, carentes de presupuesto, nunca han tenido que preguntarse cómo volverse atractivas para los jóvenes”. Aunque algunas universidades privadas gastan mucho dinero en “divulgar su imagen”, no creemos que, en promedio, como porcentaje de sus ingresos, las IES acreditadas privadas gasten más que las acreditadas oficiales; varias de estas publican reconocidas y costosas separatas periódicas con prensa de circulación nacional o regional.

Y la segunda generalización no fundamentada: “Por otro lado, sin duda, en las regiones, estas universidades [las oficiales] han sido captadas por los políticos. Debido a ello, se convirtieron en focos de corrupción”. Nos parece que este es un señalamiento falso e injusto y añade un elemento más a su estereotipo negativo sobre el sistema de educación superior del estado. No sabemos a cuáles de las universidades oficiales regionales acreditadas pueda estarse refiriendo; no sabemos de ninguna de ellas que tenga esos problemas. Es costumbre de algunos analistas del Altiplano referirse, sin mayor conocimiento, a la “corrupción en las regiones”. Al parecer, para citar a un ex Alcalde de Cali, el señor De Zubiría Samper está “2.600 metros más lejos de la realidad”.

El segundo objetivo del artículo, según lo expresa el autor al principio, es “proponer un ajuste fundamental a SPP para garantizar que favorezca la equidad”. Y, a manera de conclusión, continuando con la incoherencia demostrada a lo largo del texto, lo expresa simplemente así: “mi propuesta a la nueva Ministra es que excluya a las universidades privadas de SPP y que concentre el programa en las públicas”.

Hay una sorpresa en esta ocasión: contrario a lo expresado en el artículo anterior, en el que, para descalificar a SPP como un subsidio legítimo, lo comparó, como un subsidio para élites, con el desafortunado y absurdo programa de “Agro ingreso seguro”, ahora reconoce el mérito de la idea: “No hay duda de que los “pilos” deben ser apoyados, ya que son jóvenes que, a pesar de provenir de hogares y regiones con notables dificultades, alcanzan extraordinarios resultados en las pruebas SABER”. Pero, de nuevo, no acepta la modalidad de “subsidio a la demanda”, en el que los beneficiarios pueden escoger libremente en qué institución de calidad usarlo. Lo que el señor De Zubiría parece desconocer, es que este programa busca ampliar la cobertura de alta calidad, por lo que no es posible escoger una universidad, del estado o privada, que no esté acreditada. Para lo que él propone ya están las transferencias a las universidades del Estado.

Para terminar, en los últimos párrafos De Zubiría Samper hace una referencia a lo que parece haber sido otro plebiscito en el que también ganó el No: “Señora Ministra: ojalá escuche a los estudiantes y docentes que masivamente votaron por una reforma al programa educativo bandera del gobierno Santos”. Tal vez se refiere a una emisión del programa de televisión Veredicto, en el que él participó y, al final, supuestamente, hubo una votación de la que solo se supo que terminó 67% contra SPP y 33% a favor; lo que ningún televidente conoció fue cuántos participaron en la “masiva votación”: ¿tres en total? ¿dos a favor y uno en contra? ¿o treinta en total? ¿veinte a favor y diez en contra?

Reiteramos lo expresado en carta anterior, en la que respondimos a los desatinos y a las falsedades de otro artículo del mismo autor: Creemos que el debate público sobre este novedoso programa de inclusión educativa es positivo siempre y cuando se haga sin prejuicios, conociendo las experiencias de cerca y con información objetiva. De lo contrario, repetimos, es una gran irresponsabilidad con las nuevas generaciones de colombianos.

Hay tres pilares de la educación en el país que debemos mantener en el horizonte para hacer este análisis: servicio público, libertad de educación y calidad. Primero, que la educación está definida como un servicio público, es decir, tanto privados como oficiales cumplimos un mismo servicio, y a este respecto no hay diferencia alguna. En segundo lugar, la Constitución consagra la libertad de elección de la educación, porque estamos en un país democrático y no autoritario, como sí parecería pretender el señor De Zubiría Samper. En tercer lugar, si Colombia quiere ser la mejor educada de América Latina, como se lo ha propuesto el Gobierno, la única opción es la calidad, por ello el programa SPP focaliza en las universidades acreditadas institucionalmente.

Invitamos de nuevo a la revista Semana a promover un debate documentado y de cara a los Pilos que están respondiéndole al país estudiando de manera seria y consagrada.

Atentamente,

Francisco Piedrahita, Rector Universidad Icesi

Luis Felipe Gómez, S.J., Rector Universidad Javeriana Cali"

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