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| 12/29/2017 3:05:00 PM

El profesor de primaria que puso a hacer planas a Daniel Coronell

Les hacía forrar los cuadernos con plástico azul. Los tachones podían acarrear la difícil tarea de volver a repetir el cuaderno completo. Pero una lección de vida se escondía en aquellos métodos para aprender raíces griegas y latinas.

Estábamos ya en el penúltimo año de secundaria y nos sentíamos casi universitarios cuando llegó el profesor Cayetano Martínez a devolvernos de un golpe a la primaria.

Prohibió que en su clase de español se usaran los cuadernos de espiral Jean Book, que tanto nos gustaban, y los remplazó por dos cuadernos cosidos: uno rayado para los contenidos de su asignatura y uno ferrocarril para practicar escritura. Además nos mandó a forrarlos con un papel de color azul pálido cubierto con plástico transparente.

Cada detalle era cuidadosamente revisado, como si de ello dependiera el futuro del mundo.

El profesor Cayetano nos puso a hacer planas como las que nos mandaban cuando nos enseñaban a escribir en kinder. Cuando todos escribíamos en letra script, nos hizo aprender a dibujar las anticuadas letras pegadas.

Como si fuera poco, pidió que los cuadernos fueran llevados en dos colores, azul y rojo, con lo cual volvieron los esferos rojos que hacía años estaban desterrados de nuestros útiles. Los títulos de cada capítulo de la clase debían subrayarse en línea sencilla y los subcapítulos en línea doble.

Cada dos semanas, los viernes, el profesor Cayetano recogía los cuadernos, los apilaba en una torre y salía hacía su Nissan Patrol azul oscuro, que veíamos desde la ventana del salón y que siempre estaba resplandeciente como si acabara de salir del concesionario a pesar de que debía tener varios años.

En la clase del martes siguiente, el profesor devolvía los cuadernos con observaciones y su firma. Uno de esos días descubrió que se me había manchado con tinta roja una de las páginas y me hizo repetir las casi 50 hojas del cuaderno.

Mi protesta no tuvo ningún eco. Me gasté un fin de semana completo reconstruyendo el cuaderno con seis capítulos sobre raíces griegas que debía subrayar de una u otra forma de acuerdo con su metodología que se me antojaba tan caprichosa.

Esta mañana de diciembre recordé al profesor Cayetano.

Mi hijo que está terminando primaria tiene que estudiar raíces griegas y latinas. La imagen del cuaderno repetido resurgió de las capas más profundas de mi memoria y pude recitar, como si fuera ese día, la etimología de cada palabra.

Sigo teniendo reparos con los métodos del profesor Cayetano pero debo reconocer que esta mañana, 35 años después, me demostró que lo que me enseñó -y cómo me lo enseñó- se quedó conmigo para siempre.

Muchas gracias querido profesor Cayetano.

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