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| 7/13/2014 9:00:00 AM

Cifras educativas: reflejo de la realidad social

Carlos Alberto Casas Herrera, profesor de la Universidad de los Andes, analiza la brecha que hay en los costos de la educación oficial y la privada

¿$17.600.000 = $1.300.000? Suena extraño pero no lo es del todo. Suena inequitativo y lo es totalmente. ¿Qué significan estas cifras?

Los $ 17.600.000 es el gasto aproximado de la pensión escolar anual y la matrícula de Juliana, mi hija mayor de siete años, quien está en transición en un colegio privado de élite de Bogotá, ciudad en que la educación de este tipo es la más costosa del país. Ese monto no incluye transporte, ni alimentación, ni salidas pedagógicas o excursiones, tampoco materiales, libros de texto, etcétera.

Este gasto se divide en diez cuotas mensuales de $1.600.000 aproximadamente, y la matrícula que tiene un valor similar. Y eso que yo pagué bono o “aporte voluntario”, que es el término que muchos colegios usan para disfrazar dicha figura a todas luces ilegal. Ahora muchos colegios que anuncian que no exigen pagar el bono trasladan dicho costo a la pensión, haciendo que las familias asuman sobrecostos inmensos durante los 14 años de escolaridad de sus hijos. En resumidas cuentas, esto suma $17.600.000 por año.

Ahora bien, la parte aberrante de esta historia viene al comparar esos $17.600.000 de pesos con el $ 1.300.000 de pesos que es lo que el Estado colombiano destina aproximadamente para pagar la educación anual de una niña de siete años, muy similar a Juliana, en un colegio oficial de Bogotá.

El gasto por un estudiante en un colegio oficial es tan solo el 7.38 por ciento del gasto en un colegio privado de élite. Es decir, hay un desbalance de un 92.6 por ciento entre lo que una familia gasta por estudiante en la educación privada de élite y lo que el Estado invierte por alumno en la educación oficial en Bogotá.

Esto, más allá de ser un ejemplo muy crudo de la inequidad en las cifras del sistema educativo colombiano, lleva a dos conclusiones básicas.

De una parte, la educación privada de élite es muy costosa (ni hablar de los bonos ilegales y demás sobrecostos) y tales costos no son proporcionales a los salarios que reciben los maestros de dichos colegios, ni con los resultados alcanzados por los estudiantes, que por más élite que sean, no siempre son de alta calidad.

Por otra parte, esto evidencia que la educación oficial cuenta con recursos muy limitados, que en algunas ciudades como Bogotá, Medellín, Cali o Barranquilla, se complementan con recursos propios para mejorar la calidad de la educación. Pero no son más que pañitos de agua tibia para una realidad que ratifica cómo nuestra educación es un reflejo de la inequidad campante en nuestra sociedad, y lo más triste, que es la sociedad la que se reproduce con un sistema educativo inequitativo como el que tenemos.

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