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| 3/1/2015 1:00:00 PM

Buga, la ciudad-colegio

Las Ciudadelas Educativas son la apuesta del alcalde de este municipio por mejorar la calidad educativa. Estas instituciones pretenden articular las clases tradicionales con actividades prácticas.

Harold Zapata, campesino del Valle, nunca había visto lo que le mostraron el pasado jueves 26 de febrero. “Yo sí había escuchado que en las fincas de por aquí hacían inseminación artificial, pero es la primera vez que uno entiende cómo le sacan la pajilla a un toro”. Lo vieron unas trescientas personas que se encontraban ese día en la reinauguración de la Ciudadela Educativa Rural La María, a 11 kilómetros del casco urbano de Buga, Valle.

En el centro de un corral y amarrado de todas sus extremidades, Don Paco, un toro raza simbrah de 900 kilos, era intervenido por un equipo de estudiantes del Sena. “Con este toro vamos a democratizar la genética en la región”, explicaba el alcalde John Harold Suárez por micrófono mientras los asistentes observaban el procedimiento, “Al mes vamos a obtener casi 500 pajillas y lo mejor es que ahora los estudiantes de La María van a aprender a hacer este trabajo”.

Las Ciudadelas Educativas, un proyecto del gobierno de John Harold Suárez en Guadalajara de Buga, han sido un reflejo de la intención del mandatario por integrar a muchos actores alrededor de la educación. Estas instituciones pretenden articular las clases tradicionales con actividades lúdicas que fomenten el aprendizaje en otros escenarios. “A los niños no se les puede encerrar ocho horas diarias dentro de un salón. Tienen que salir, trabajar en equipo, hacer deporte o usar la tecnología para cosas útiles”, explica Suárez. Por eso en este modelo es normal que después de una clase de matemáticas, un estudiante del Colegio Académico vaya a una actividad de natación y luego a un trabajo en la sala de informática.

“Cualquiera de los 1102 municipios del país puede implementar este modelo”, afirma Suárez. Para financiarlo, el alcalde acudió al Ministerio de Educación (MEN), al Ministerio de Cultura, el Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Coldeportes y a fundaciones privadas. Calcula que en las ocho Ciudadelas Educativas ha invertido cerca de 30 mil millones de pesos. Pero insiste que para hacerlas posibles debe pensar en un trabajo transversal con otras instituciones.

La Ciudadela Educativa Rural La María, por ejemplo, tendrá un acompañamiento constante por parte del Sena, la empresa de acueducto municipal Aguas de Buga, la Secretaría de Ambiente y la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC), entre otros. Juntos planean hacer parte un currículo de jornada extendida para que los jóvenes articulen las clases de lenguaje y matemáticas con el trabajo agrícola, pecuario y ambiental.

“Es que los jóvenes se están yendo para la ciudad y nos están dejando a los papás y a los abuelos solos en las fincas”, alerta Fernando José Gutiérrez, secretario de agricultura y medio ambiente de Buga. Gutiérrez dice que la tecnología es uno de los atractivos que tiene la vida urbana y por eso este proyecto pretende familiarizar a los jóvenes con nuevas prácticas agrícolas al alcance de los campesinos.

La María es una de las ocho Ciudadelas Educativas que el alcalde planea dejar funcionando. Suárez le presentó el proyecto al presidente Juan Manuel Santos en un Acuerdo por la Prosperidad en el año 2012 y el mandatario regresó al municipio el año pasado para inaugurar la primera ciudadela: el Colegio Académico.

En 1998, cuando era director del Instituto Municipal del Deporte y la Recreación (Imder), Suárez observó que muchos jóvenes talentos deportivos no volvían a los entrenamientos y preguntó a las familias qué estaba pasando. “Las mamás me respondían que en el colegio los profesores les daban quejas y dijeron que escogieran: o el deporte o el estudio”.

Suárez, licenciado en educación física, contrató profesores para que dieran clases en las instalaciones del Imder. Así nació el Colegio Municipal del Deporte, una institución educativa que cuenta con piscina olímpica, pista atlética, patinódromo y coliseo cubierto. Además de recibir clases tradicionales, los estudiantes se preparan en 19 disciplinas. Por allí han pasado deportistas como Álvaro Javier Hungría, hoy defensa del Unión Magdalena, y la pesista Ana María Dueñas, que ha representado al país en el exterior en distintas ocasiones. Suárez consolidó este proyecto durante su primer mandato de 2004 a 2007, pero ahora quiere que se convierta en un sello de la ciudad.

Según él, cuando mantiene a los estudiantes interesados en las ciudadelas evita que estén en las calles perdiendo el tiempo, delinquiendo o consumiendo drogas. Además, en los últimos grados de bachillerato los jóvenes reciben formación para el trabajo. En las cinco Ciudadelas Educativas Rurales el enfoque es agrícola y trabajar con el Sena les permite adelantar unos semestres para que sigan estudiando allí luego de graduarse.

Las críticas

En general, los que estaban reunidos en la recién remodelada Ciudadela Educativa Rural La María se veían muy optimistas con el proyecto. Pero en el casco urbano, a veinte minutos de allí, había un grupo de profesores tratando de que las autoridades escucharan sus quejas.

Pedro Pablo Escobar, presidente de la subdirección de Buga del Sindicato Único de Trabajadores de la Educación del Valle (Sutev), dice que el alcalde cambió el modelo pero no sus condiciones. “El decreto 1850 que reglamenta la jornada escolar y laboral sigue vigente. Y con la implementación de las ocho Ciudadelas Educativas están causando traumatismo en el magisterio porque les quieren fraccionar los horarios a los maestros”.

Escobar explica que un profesor no puede dar más de seis horas de clase al día. Las ciudadelas educativas no cambian eso, pero le piden a los docentes que después de dos horas de clase en la mañana, por ejemplo, se tienen que quedar otras dos monitoreando otra lección en las ciudadelas y luego vuelve a tener clase en la tarde. “Eso implica que se tiene que quedar en el colegio todo el día. Los rectores no pueden obligar a los maestros a tomar horas extra”, dice Escobar.

El alcalde dice que le piden más profesores, pero la relación técnica que dicta el MEN no le permite contratar más. Por eso tiene orientadores, monitores y entrenadores en cada una de las áreas extra que ofrecen las Ciudadelas Educativas.

Desde el Concejo Municipal han llegado otras críticas. Hay concejales que dicen que las ciudadelas del alcalde son elefantes blancos y que no tiene sentido hacer un patinódromo en un barrio de escasos recursos como el que hoy se construye en la Ciudadela Educativa ITA, al norte de Buga. El Alcalde ya compró patines y equipos de protección para que, según afirma, el estrato no sea un obstáculo para practicar deporte.

Es la una de la tarde en La María y mientras los profesores marchan frente a una alcaldía vacía, el alcalde expone un proyecto que confía será defendido por la comunidad. Harold Zapata ahora espera que la rectora lo reciba un día para tomar clases en la ciudadela: él también quiere aprender.

Para leer más artículos sobre educación en Colombia y el mundo, visite la sección de Semana Educación.
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