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| 3/17/2016 7:00:00 AM

¿Y los no tan pilos o no tan pobres? ¿De malas?

La senadora Claudia López habla sobre el programa ser pilo paga y denuncia que tan sólo beneficia al 1% de los jóvenes.

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Semana Educación

Juan Esteban Taborda es el estudiante más destacado de los más de 22 mil beneficiarios del programa Ser Pilo Paga. Estudia ingeniería civil en la Universidad Nacional de Medellín y su promedio es 4,9. Sin duda, un estudiante excepcional que podría ser el primer profesional de su familia.

En su caso -y en el de otros 40 mil que podrían beneficiarse en este cuatrenio- se materializan las palabras de la Ministra Gina Parody: “el programa transforma la realidad de un joven, de su familia y genera una proyección social incalculable para el país”.

Las historias de estos jóvenes son una muestra de disciplina y perseverancia. El propio Juan Esteban pasa más de 12 horas entre clases, resúmenes y exámenes, a pesar de una migraña que a veces le impide leer. Resulta indiscutible que eliminar las barreras de acceso a la educación superior a jóvenes de familias pobres de calidad es un propósito loable.

Pero las políticas públicas educativas no se pueden reducir a atender al 1% de los jóvenes que están en educación superior o al 7% de los 571 mil estudiantes que se presentan cada año a las pruebas SABER PRO 11. ¿Y el resto?

En Colombia la lotería de la cuna y no el mérito personal determina la “pilera” de nuestros jóvenes. El 70% de las habilidades de vida y “pilera” nuestros jóvenes no las determina su disciplina ni capacidades, sino la región en la que nacen y el nivel educativo de sus padres. Entonces: si la mayoría de nuestros jóvenes no nacen en la cuna adecuada, ¿Los dejamos de apoyar en la educación superior porque no son pilos en las pruebas SABER 11? Qué pasa con los que son pilos, pero no son Sisben 1 o 2?

El 99% de los jóvenes de Colombia o está yendo a universidades privadas de mala calidad que nadie vigila y que, básicamente, están estafando a sus familias; o están yendo a universidades públicas regionales cuyo desgobierno, corrupción, desfinanciación y baja calidad son notorias. Ser pilo paga no está haciendo nada por ese 99% y, en cambio, está acumulando cada vez más recursos públicos escasos para una minoría con talento y suerte.

La educación debe ofrecerse, financiarse y prestarse como un derecho universal, no como una lotería. En campaña, Santos prometió 600 mil nuevos cupos en la educación superior. Cuando se posesionó, rebajó la meta a 400 mil y, un año después, presentó las primeras 10 mil becas -que en realidad son créditos condonables- bajo la taquillera marca de Ser Pilo Paga. Al final de su gobierno aspira a llegar a 40.000 becas-crédito de ser pilo paga. Una gota en el océano de necesidades de calidad y cobertura.

Mientras que el presupuesto de Ser Pilo Paga se incrementa año a año, las universidades públicas se caen a pedazos. El promedio de las transferencias anuales por estudiante a las universidades públicas alcanza apenas los $5 millones, mientras que el valor invertido por estudiante en Ser Pilo Paga en universidades privadas supera los $18 millones. Las privadas tienen mejor calidad porque invierten más por estudiante, tienen mejor administración y focalizan sus recursos sólo en los mejores. Ser pilo paga no sólo no ayuda a cerrar esas brechas sino que las profundiza en desmedro constante de la Universidad pública.

El gobierno invertirá este año $227 mil millones en Ser Pilo Paga para beneficiar a 12 mil jóvenes, pero debemos considerar que con esos mismos recursos se podrían crear aproximadamente 40 mil cupos en universidades públicas.

Para hacer de Colombia la más educada en 2025, para que estos jóvenes se constituyan realmente en la generación de la paz, Ser Pilo Paga es insuficiente. Debemos fortalecer la universidad pública: aumentar cupos, incrementar su financiamiento, y mejorar su gobierno interno y calidad.

Para cumplir la meta de cobertura propuesta por Santos, la mitad de los cupos que se creen deben ser en instituciones públicas. Para lograrlo en 2025, necesitamos $14 billones adicionales.

La situación de los jóvenes rurales es la más dramática y la que menos atención tiene. Según la Misión para la Transformación del Campo, la cobertura de educación superior entre ellos no alcanza el 8%. Para darles una oportunidad al menos a la mitad necesitamos crear 312 mil cupos. ¿En dónde los vamos a crear?

Ofrecerles oportunidades a esos jóvenes es nuestro deber como sociedad si queremos consolidar la paz. Ser Pilo Paga resulta incompleto sin una política de cobertura, financiamiento y calidad tanto de la universidad pública como de la privada.  La respuesta a los que son pilos y no son pobres, o son pobres y no son tan pilos, no puede ser “de malas”.  A falta de una política pública eficaz y de calidad, el ejercicio del derecho a la educación se volvió en este gobierno una lotería.

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Para el Debate

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