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| 2/11/2015 9:00:00 AM

¡Abajo los cuadernos, arriba las tabletas!

En un colegio de Bolton, Inglaterra, buscan resolver el problema de la calidad con iPods. En la institución explican que la tecnología es solo una pieza del cambio.

La Academia Essa en Bolton, Inglaterra, era para muchos una institución fallida. Todo cambió en 2009 cuando las directivas del colegio decidieron regalarles iPods a sus estudiantes. Hasta ese entonces, sus resultados en las pruebas estatales eran regulares (solo un cuarto de sus estudiantes pasaba estos exámenes) y la reputación del colegio iba en caída.

Cuando Abdul Chohan, uno de los directivos de la academia, propuso que darles reproductores de música a los alumnos podría mejorar sus resultados, el rector le advirtió que ambos podrían perder su trabajo. Las noticias del periódico local auguraban un fracaso y el asunto, antes de hacerse realidad, se estaba convirtiendo en un escándalo.

Ese año, en vez de reemplazar 150 computadores portátiles que necesitaba el colegio, Chohan compró 900 iPod Touch y los repartió entre sus estudiantes. Aunque los cambios en los resultados de las pruebas no fueron inmediatos, la reacción de los alumnos y sus familias sí fue contraria a las expectativas de los medios. Como los jóvenes de la institución vivían en medio de un contexto de drogas y conflictos raciales, muchos esperaban que salieran a vender sus nuevos dispositivos en internet.

No fue así. Los estudiantes recibieron el aparato como un voto de confianza y crearon un sentido de pertenencia que iba más allá del salón de clases. A los padres les causó tanta curiosidad el experimento del colegio que no les bastó con ver a sus hijos usando el iPod en sus casas, sino que además quisieron acercarse hasta la institución para ver cómo era el trabajo en el salón de clases. Así lograron integrar a los padres al proceso educativo de los estudiantes, algo que antes no ocurría.

Pero en Essa sabían que la tecnología por sí sola no traería cambios. La transformación en la filosofía de la institución se evidenció desde la relación entre los estudiantes y los profesores, hasta en la arquitectura del plantel. Cualquier pared puede servir como tablero borrable, los vidrios transparentes son una constante en muchas partes del colegio y no existe un área reservada para los profesores a la que los estudiantes no puedan entrar.

Las directivas buscaron la manera de generar lazos más estrechos entre los alumnos y sus maestros. Los jóvenes tienen el correo personal de sus profesores y entre ellos se pueden escribir a cualquier hora. En los salones caben hasta 60 estudiantes con dos profesores a su disposición. La tecnología, antes de aislar a los estudiantes, ha sido el medio para que los más tímidos encuentren otro camino para expresar sus preguntas. Además, el acceso constante a internet ha potenciado la curiosidad de los menores y ha incentivado el trabajo colaborativo con los docentes.

En el año 2011, las directivas cambiaron los iPod Touch por iPads y continuaron con el experimento. “Lo primero que ven quienes vienen de visita al colegio es la tecnología. Pero la impresión con la que salen es que este lugar tiene otra cultura y los estudiantes están aprendiendo bien”, le dijo Jeff Ellis al diario británico The Telegraph.

Hoy, cuatro de cada cinco estudiantes que llegan a la Academia Essa vienen de áreas deprimidas. El año pasado, el 54 por ciento de los estudiantes que presentaron las pruebas estatales, aprobaron los cinco exámenes que las componen con notas superiores al promedio nacional.  

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