Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2016/08/30 14:00

¿Las máquinas podrán leer nuestras emociones?

Semana Educación entrevistó al profesor Pablo Arbeláez de la Universidad de los Andes y al estudiante de doctorado Andrés Felipe Romero que ganaron el Premio de Investigación Científica de Google. ¿Cuáles fueron los alcances de su investigación?

¿Las máquinas podrán leer nuestras emociones? Foto: ilustración: javier de la torre galvis - semana
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Semana Educación

Semana Educación (S.E.): Usted es un reconocido profesor del departamento de Ingeniería biomédica, cuéntenos en qué consiste la investigación premiada.
Pablo Arbeláez (P.A.): Inicialmente nos enfocamos en el problema de detección de somnolencia, para disminuir los riesgos automovilísticos causados por el sueño de los conductores. En eso trabajamos alrededor de un año, sin embargo, rápidamente nos dimos cuenta de que las técnicas que necesitábamos para abordar ese problema eran mucho más generales y nos permitían trabajar el problema de análisis de expresiones faciales, en toda su complejidad y generalidad. Entonces, reorientamos el proyecto hacia el análisis general de las expresiones faciales, y en particular hacia el análisis de las microexpresiones, que son muy importantes para los psicólogos. En estos análisis se detectan expresiones que son muchas veces involuntarias y son las que realmente indican el estado interior de los sujetos.

S.E.: ¿Cómo llegaron a los premios de Google?
P.A.: Hace un año nos presentamos y tuvimos la gran oportunidad de ser seleccionados. Y eso nos dio pie para abordar el proyecto en toda su generalidad. Hemos estado trabajando en este último año, ya con las técnicas del estado del arte y el desarrollo del análisis de las micro expresiones a partir de imágenes a color, que es el primer punto de entrada al problema. Ahora, nos estamos enfocando en tratar de utilizar la información en tres dimensiones, porque la cara es una superficie que está cambiando en el tiempo, no es sencillamente un parche compuesto por pixeles de color piel. Entonces, estamos utilizando esa información adicional, de profundidad, y temporal, para entender los cambios de la cara en el tiempo.

S.E.: ¿Qué beneficios puede traer esta investigación?
P.A.: Este problema nos interesa por la gran cantidad de aplicaciones que tiene. El marketing, por ejemplo, es muy interesante. Si un computador puede automáticamente interpretar los sentimientos y las expresiones faciales de un ser humano mientras está navegando, se altera completamente el mundo del Internet y las relaciones entre los humanos y las máquinas.  También nos interesan mucho las aplicaciones en el campo biomédico, aquellas que tienen que ver con el monitoreo no invasivo de pacientes, con diagnóstico temprano de algunas enfermedades, que son difíciles de diagnosticar, como por ejemplo, la depresión y la epilepsia. Tener una solución robusta a este problema abriría múltiples perspectivas. Para el sistema legal, por ejemplo, podría permitir conocer si un testigo miente o no. 

S.E.: Los usos serían múltiples, pero ¿Cómo se trabaja con esta información?
P.A.: Esta información se construye con imágenes y videos de los rostros, que son, en últimas, muchas imágenes una detrás de otras. La tercera versión del problema, es que además de esa información, se pueden utilizar las salidas, como el Kinect de Microsoft, que producen la distancia entre cada pixer y la cámara. Entonces, eso permite reconstruir una superficie (la cara), y hacer un análisis mucho más detallado. Las microexpresiones delatan lo que uno está sintiendo y lo que está pensando. Los psicólogos tienen un sistema complejo para clasificarlas y las van marcando en el tiempo y a partir de ellas es que reconstruyen las expresiones. Entonces, al enfocarse en estos elementos básicos del problema, se abre la posibilidad de múltiples aplicaciones. 

S.E: ¿Cómo ha sido la experiencia de la investigación?
Andrés Romero (A.R.): Son muchas horas de trabajo. Y ver que una empresa como Google ponga los ojos en un trabajo netamente colombiano hace que la investigación se sitúe en un marco global. La investigación que estamos desarrollando en la Universidad de los Andes puede llegar a tener una trascendencia en el tiempo. Esto es una sensación indescriptible: cada día me enamoro más de este proyecto y de este ámbito, que es la visión por computador. A veces me da escalofríos imaginar un futuro en el que los celulares puedan saber lo que nosotros estamos sintiendo. 

S.E.: ¿En qué consiste el apoyo de Google?
A.R.: Está compuesto por el financiamiento y la interacción con sus ingenieros. En Brasil les contamos sobre nuestro proyecto, nuestros avances, y ellos nos hicieron una retroalimentación. Esta fue la primera y esperamos que en el transcurso del año se sigan presentando. El financiamiento dura un año, pero existe la posibilidad de renovarlo; se puede volver a hacer el proceso de nuevo.  

S.E.: ¿Cuáles son los planes en el corto plazo?
A.R.: Me gustaría continuar con el proyecto y hacer un excelente trabajo. Y durante el año de pasantía, quisiera trabajar en Google o en Facebook, en alguna empresa que esté interesada en este tipo de trabajos. Y luego, después de hacer una excelente pasantía, quisiera que mi nombre, Andrés Felipe Romero, mi trabajo, y el trabajo de nuestro grupo de investigación, tengan resonancia global.

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