Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/04/27 12:00

La Colombia emergente en educación

No hay modelos educativos exitosos para replicar. El ADN de la educación colombiana estará en las ciudades intermedias, las universidad de allí tendrán mucho que mostrar en los próximos 30 años.

La Colombia emergente en educación Foto: Flickr.

Desde una perspectiva global, las preguntas que plantea la educación son distintas a las tradicionales. ¿Cómo conectar mediante pasarelas y sistemas de reconocimiento los diferentes segmentos educativos? ¿Podemos favorecer una conexión entre la educación para el trabajo y la universitaria, de modo que ambas se articulen mejor? ¿Qué se puede hacer, señaló un experto, para que un zapatero pueda llegar a ser doctor y el doctor también pueda llegar a ser zapatero?

En un contexto de envejecimiento demográfico, en el cual los estudiantes peinarán canas, ¿qué podemos inventar? No hay respuestas fáciles para preguntas difíciles, pero sí tenemos algunos datos actuales que rompen viejos estereotipos. Es importante que entre los estudiantes que cursan posgrados en las mejores universidades de la Europa continental, incluidas las españolas, los colombianos destaquen año tras año entre aquellos que logran siempre los mejores resultados académicos y personales. Que abran el laboratorio por la mañana y lo cierren por la noche no es una anécdota, sino una categoría. Por eso son buscados y demandados desde entornos de innovación y excelencia global.

El paso siguiente de las universidades internacionales, atraídas por esos embajadores extraordinarios que tiene Colombia, suele ser el intento de conocerla mejor y discriminar la manera de trabajar de modo eficaz junto a sus instituciones educativas. En los últimos años, lo más llamativo ha sido, me parece, el descubrimiento de lo evidente. Bogotá posee universidades extraordinarias, pero hay mucha Colombia fuera de Bogotá. En esas impresionantes ciudades intermedias, donde está una parte del ADN del futuro,  Medellín,  Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Pereira o Pasto, siempre encontramos una universidad deslumbrante, emprendedora, abierta a renovarse. El modelo suele ser el de una institución surgida hace treinta o cuarenta años, que busca un equilibrio futuro entre pregrado y posgrado,  con grupos de investigación y transferencia hacia las empresas, con mucho potencial.

Son esas universidades que brillarán cuando hagamos un ranking de las mejores fundadas en los últimos cincuenta años bajo nuevos criterios. A veces es difícil convencer a sus estudiantes de que la opción del doctorado es factible, de que todo está organizado en la Europa continental (un ejemplo entre otros) para aumentar la masa crítica de doctores, sin los cuales no existe economía y sociedad del conocimiento. Otro punto importante en mi opinión tiene que ver con señalar que no hay modelos educativos milagrosos que se puedan replicar. En este sentido, nuestro mundo es mucho más interesante que el de nuestros abuelos. Los territorios de la globalización se construyen mediante buenas prácticas, pactadas y compartidas. Hablando con los amigos de los aciertos y también de los errores. Con más escucha que zozobra. Buscando la manera de ver siempre el vaso medio lleno, en vez de medio vacío. 

Manuel Lucena Giraldo es agregado de educación de la embajada de España en Colombia.

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