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| 8/31/2014 10:00:00 AM

Concebir el mundo como un todo

El profesor Germán Pilonieta, miembro de la Academia Colombiana de Pedagogía y Educación, explica la importancia de la bioética en la formación de buenos ciudadanos.

Después de haber abordado entregas anteriores una mirada sobre lo que las neurociencias pueden hacer por la educación de futuro ahora entraremos a otra dimensión, la de la bioética como el segundo factor de tipo estructural desde el cual es posible pensar, de otra manera, la formación de los nuevos ciudadanos del mundo.

Como bien lo decíamos antes es preciso superar las concepciones fragmentadas de la realidad y del mundo. Esas fueron las que dieron origen a las viejas concepciones de educación, currículo, escuelas, asignaturas, horarios, licenciaturas, cursos, materias, etcétera. Ahora hay que dar inicio a una nueva era, la de lo holístico, que corresponde a una concepción de tipo sistémico e integral, o sea, la de concebir el mundo como un todo. 

Es desde esta nueva concepción que la bioética entra en acción. La bioética como la ciencia de la vida, no solo de la supervivencia. Fue hace como 80 años que el término bioética empezó a convertirse en un concepto muy poderoso que cada vez está adquiriendo más importancia porque tiene que ver con el desarrollo humano.

La primera vez que apareció el término Bio-Ethik fue en 1927, lo acuñó un educador, que también era pastor y filósofo, para designar las relaciones éticas de hombre con la vida (animales y plantas). Más tarde, debido a los efectos que dejaron las intervenciones atroces de los nazis en los prisioneros de los campos de concentración y con el fin de detener más experimentos de ese tipo, nacieron códigos cada vez más aceptados para detener el uso de instrumentos y procedimientos que atentaran contra la dignidad humana (Como los códigos: de Nuremberg 1947, Helsinky, Tokio 1975). En 1970, con la intervención de Van Renssela Potter, empezó a entenderse el término como la “ciencia para la supervivencia”. 

En 1979 dos estudiosos de la bioética Beauchamp y Childress lograron identificar y definir cuatro grandes principios de la bioética: la autonomía, la beneficencia, la no maleficencia y la justicia. Estos señalan criterios y maneras de abordar los comportamientos humanos. 

En el 2005 se aprueba la Declaración Universal sobre la Bioética y Derechos Humanos y se amplía el concepto a las ciencias de la vida y a las tecnologías relacionadas con el ser humano.

Ahora bien, considerar en este momento la bioética como uno de los fundamentos estructurales de una nueva educación es también hacer el esfuerzo de consolidar nuevas miradas de tipo sistemático para poder pensar desde allí un nuevo abordaje en la formación de los nuevos ciudadanos del mundo. 

Los efectos del grave descuido en el terreno de la formación ciudadana se ven en las malas acciones y decisiones de las personas, muchos de ellos profesionales formados en colegios y universidades religiosas o de élite, o en instituciones del Estado en las que falla la visión bioética del mundo y la verdadera concepción de la dignidad humana, de la libertad y sobretodo de algo que coincide entre la finalidad de la educación y uno de los principios de la bioética: la autonomía. 

Somos víctimas de la mala educación de los siglos pasados y así seguiremos, a no ser que demos un alto con un nuevo paradigma que contemple la bioética como uno de los factores de los nuevos procesos de formación de las nuevas generaciones. 

Recuperar y ajustar los conceptos, principios, valores y acciones que tienen que ver con los derechos de las personas en este milenio debe hacer parte estructural e integral de los nuevos procesos de formación. Solo será posible si se deja de fragmentar la educación por asignaturas y demás configuraciones escolarizantes y se abre la mirada a lo holístico, a lo integral, a la formación proactiva de nuevos ciudadanos con conciencia de protección y respeto por la vida y la dignidad humana.

El mundo no será diferente si no lo pensamos de manera diferente.

german.pilonieta@gmail.com
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