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¿Qué afecta el desarrollo mental de los niños?

Los primeros años de vida determinan cómo funcionará el cerebro, según sostienen expertos. Sin embargo, muchos padres desconocen qué acciones son positivas y qué otras son negativas.

2 de enero de 2017

Las políticas educativas de los gobiernos han cambiado con los años. Hace unas décadas se concentraban en la alfabetización; después, en la formación secundaria y la educación superior, tanto técnica como universitaria. En general, el objetivo de los estados había sido ampliar la cobertura. Los ministerios de educación pensaban que con una inversión pública en primaria, bachillerato y en la universidad, contribuirían a disminuir la brecha educativa, que diferenciaba a los niños por su situación socioeconómica.

Sin embargo, desde hace unos años, numerosos estudios han demostrado que es necesario invertir más durante los primeros años, porque es cuando más empiezan a marcarse las diferencias sociales, según lo asegura Emiliana Vegas. La explicación es que los bebés nacen con un cerebro inacabado, en formación. En los primeros años de vida, el cerebro humano gana el 75 % de su peso final. Durante ese tiempo, se producen cientos de conexiones neuronales que afectan positiva o negativamente, dependiendo de las condiciones de crianza, el desarrollo sociocognitivo y la salud futura de los niños. Así lo aseguró el profesor de Medicina de la Universidad de la Sabana Francisco Lamus.

Una investigación de la Universidad de los Andes, por ejemplo, demostró las enormes diferencias que se abren en los niveles sociocognitivos desde los 3 años, por ubicación geográfica e ingresos. En el artículo titulado “La situación de la infancia en Colombia”, la investigadora Raquel Bernal sostuvo que “los puntajes en el Atlántico son significativamente más bajos que los puntajes en el Eje Cafetero”. Por otra parte, la diferencia por ingresos es notable: un niño privilegiado socioeconómicamente puede estar casi un año por delante en el desarrollo del lenguaje, que otro menos favorecido.

Desde luego, no se trata de una cuestión congénita. Los niños ricos y pobres, costeños y paisas nacen con las mismas capacidades y el mismo potencial. Investigaciones como las realizadas por la Universidad de la Sabana, la Fundación Santa Fe, la Fundación Corona y la Organización para la Excelencia en Salud demuestran el impacto de las prácticas cotidianas de cuidado en las poblaciones estudiadas. Por ejemplo, muestran la diferencia que denota un mejor nivel educativo de los cuidadores, la asistencia a guarderías, el cuidado del embarazo, los partos sin complicaciones, y los momentos de juego con participación de sus cuidadores significativos.

¿Qué favorece a los niños?
Según las investigaciones del Programa Inicio Parejo de la Vida, la salud y la alimentación no son suficientes para sacar a los niños adelante. Son importantes las relaciones significativas, en las que los cuidadores desarrollen prácticas que llevan a los niños a alcanzar los hitos de desarrollo sociocognitivo. Por lo tanto, es importante un ejercicio de capacitación de los padres, para que motiven a los niños y creen ambientes cálidos y seguros. 

Los padres pueden, por ejemplo, leerles y contarles historias desde la vida intrauterina, además de cantarles, tocarles instrumentos, llevarlos a actividades culturales fuera del hogar en museos, plazas, parques, y así mismo, dejarlos jugar con otros niños para favorecer su desarrollo sociocognitivo. Según Francisco Lamus, es importante que tengan muchos momentos de interacción, con el fin de incentivar la autorregulación, la planeación, la memoria laboral y flexibilidad mental. 

Por otra parte, el especialista del Banco Mundial en las competencias socioemocionales Koji Miyamoto asegura que aprender a manejar las emociones y a controlarlas determinará el éxito en la vida académica y profesional. Pero no se puede esperar a que empiece la escolaridad para hacerlo. Desde los primeros años se debe desarrollar la autorregulación, controlar los impulsos violentos, los berrinches y las rabietas. Si no se controlan las emociones, cuando los niños entren al colegio el proceso aprendizaje va a ser mucho más difícil. 

El estrés tóxico
Los ambientes adversos pueden tener efectos irreversibles en el desarrollo biológico de los niños, según lo afirmó Angélica Pongutá, investigadora científica asociada Universidad de Yale. Por ejemplo, uno de los aspectos más negativos para el desarrollo de los niños es el estrés que no se amortigua. Según Francisco Lamus, el estrés es una reacción natural para responder a las afrentas del entorno: “Cuando el cuerpo va a ser atacado, secreta neurotrasmisores que dirigen oxígeno a los músculos para atacar, huir o quedarse congelado para parecer inofensivo”. Es una inyección de energía con el objetivo de que el cuerpo resuelva la situación peligrosa lo antes posible. Sin embargo, si el estrés es permanente y no se controla, se vuelve tóxico, y puede alterar los procesos de desarrollo neuronal y la arquitectura de los cerebros en formación. 

Muchas situaciones pueden producir el estrés tóxico. Una enfermedad que se complica y termina en el hospital produce estrés y tensión en los niños; las madres deprimidas, desmotivadas y tristes; los bajos ingresos y el estrés económico permanente de los padres que genera angustia; la violencia
intrafamiliar o la negligencia en el cuidado, todo ello produce estrés, que puede llegar a ser tóxico para el desarrollo cerebral. No obstante, “el objetivo no es crear burbujas que aislen del estrés, sino enseñarles a manejar las situaciones difíciles con el ejemplo. Los padres deben ser mediadores, para convertir los ambientes hostiles en entornos cálidos y seguros”, según Francisco Lamus. 

Muchas veces, los padres se quejan sobre el sistema educativo y encuentran culpables entre los políticos, los profesores, los colegios y las universidades. Pero pocas veces notan que gran parte de la responsabilidad depende de ellos. En sus manos está incentivar a los niños a que empiecen la escolaridad en las mejores condiciones. También es su responsabilidad crear ambientes cálidos y seguros, porque las situaciones adversas limitarán irreversiblemente el éxito académico y profesional de sus hijos.

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