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| 5/25/2016 7:00:00 AM

Las injustas condiciones laborales de los profesores del sector privado

Los docentes no tienen estabilidad laboral y los colegios les contratan a término fijo. Conozca algunos casos preocupantes.

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Semana Educación

Mayo es un mes angustiante para los profesores que trabajan en colegios de calendario B: se acerca el fin del año escolar. Pero la preocupación no se debe únicamente a las largas filas de cuadernos por calificar, ni a las evaluaciones por corregir, ni a la elaboración de informes personalizados. Eso no es grave. Unas cuantas quejas exorcizan el tedio; y algunas noches en vela son suficientes para acabar la angustia.

La razón es que cada año firman su contrato laboral a término fijo, y a finales del último mes escolar, estarán desempleados por dos meses, o quizá por más tiempo. Esto ocurre en la mayoría de los colegios privados, porque “las directivas no consideran necesario pagar doce meses”, según afirma un profesor de Ciencias. Entonces, como las vacaciones ocupan cerca de dos meses al año, reducen los pagos de nómina durante ese tiempo. Así, en los colegios de calendario A los maestros firman contrato a finales de enero y terminan en noviembre, las vacaciones voluntarias las toman a mitad de año, y durante diciembre y enero permanecen desempleados. Mientras tanto, los docentes en los colegios de calendario B firman en agosto y terminan en mayo, y entre junio y julio no tienen trabajo.

“Al final del año escolar, nos llegan las cartas de despido y nos solicitan que pasemos por la liquidación”. Así lo afirmó un profesor de un colegio privado de calendario B. Entonces, mientras los niños se preparan para disfrutar de sus vacaciones, los profesores recogen su cheque de liquidación y les consignan sus cesantías, sin saber si firmarán contrato después de dos meses. Cualquier guiño o desplante es una posible pista sobre su permanencia. Y durante los días del último mes, los profesores esperan con angustia el llamado de las directivas, para saber si continuarán. “Pero las directivas informan el último día, para garantizar que los docentes no dejarán de hacer bien el trabajo”.

Desde luego, “los colegios son estrictos con sus obligaciones contractuales. Sin embargo, esperan que los maestros sean flexibles”, según afirmó un profesor de Historia. Por ejemplo, a pesar de que el contrato va hasta el 30 de noviembre, “los profesores asisten obligatoriamente a la graduación, clausura, y a las entregas de notas, que se realizan durante fines de semana y en fechas por posteriores a la firma del contrato, sin recibir ningún tipo de remuneración”. Otra maestra afirmó que en su colegio les exigen como muestra de compromiso “visitar a los estudiantes en los hospitales cuando tienen algún inconveniente de salud”. De igual manera, las directivas son estrictas con la asignación de cursos para que los maestros cumplan con las horas estipuladas en el contrato, pero a su vez, esperan que los docentes sean flexibles y usen su tiempo libre para prepararse y corregir.

La principal razón por la que los contratos funcionan así, según un profesor de Filosofía, es que “los colegios privados son negocios: hacer contratos a diez meses les da a los dueños mayores utilidades. Se ahorran dos meses de sueldo, a pesar de que les cobran a los estudiantes los diez meses, además de la matrícula”. La otra explicación, según el mismo maestro, es que con este tipo de contratos despiden sin necesidad de justificar y sin pagar ninguna indemnización, afirmó. “Los rectores hablan de ética y de formar en valores cuando publicitan a sus instituciones, sostienen que buscan formar a los jóvenes para que construyan una sociedad más justa, pero actúan con la mayor frialdad empresarial”. Así lo sostuvo un profesor de Sociales.

Para los profesores de colegios privados es angustiante e inestable su situación laboral. “No hay sindicatos, ni escalafón salarial. La única opción es renunciar, pero las otras ofertas laborales no ofrecen muchas alternativas”, según afirmó un profesor de Historia. Y si bien las deudas llegan sin falta cada mes y el mercado familiar siempre se acaba, nunca es seguro que mantendrán su trabajo. Entonces, cuando al final del año los niños hacen mala cara porque están cansados, los profesores deben disimular su preocupación con una sonrisa, para no desanimarlos.

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