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| 5/15/2015 3:00:00 PM

“La educación colombiana no es lo que aparece en Pisa”, secretario ejecutivo de la Clacso

A pocos días de que Colombia presente las pruebas de la OCDE, Semana Educación habló con uno de los críticos de este sistema de evaluación.

El Ministerio de Educación Nacional anunció que el 26 y 27 de mayo 13.459 estudiantes del país presentarán las pruebas Pisa que organiza la OCDE. El examen, que inicialmente estaba programado para el 5 de mayo pero fue aplazado por el paro de maestros, lo presenta un grupo de 64 países cada tres años y sirve de barómetro internacional para comparar las competencias de jóvenes de 15 años en matemáticas, lenguaje y ciencias.

Para muchos, las pruebas Pisa son un referente de la calidad educativa de un país. Pero los críticos afirman que este tipo de exámenes estandarizados poco hablan de las particularidades de cada región y las necesidades de sus habitantes. Pablo Gentili, secretario ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), es una de las personas que se opone a este sistema de medición.

Gentili fue uno de los invitados a la pasada edición de la Feria del Libro en Bogotá. El secretario de la Clacso participó en el seminario Maestras y Maestros hoy: Claves para una educación diversa y humana organizado por el Instituto para la Investigación Educativa y el Desarrollo Pedagógico (Idep). Semana Educación habló con él sobre las pruebas Pisa, la calidad y la importancia de la educación en la coyuntura actual colombiana.

Semana Educación: ¿Qué es la calidad en la educación?

Pablo Gentili:
En mi caso, en sintonía con el trabajo que hace aquí el IDEP, creo que es fundamental reconocer que la educación es un derecho humano fundamental. Que no es cualquier derecho humano, sino que abre las puertas y la posibilidad al ejercicio de otros derechos.

Y es en este sentido que la calidad tiene que decirme algo de ese derecho. Un sistema educativo de calidad es uno en el que la educación se reconoce, se respeta y se defiende como derecho. Porque no se trata solo de medir lo que aprenden en las pruebas, que es una dimensión de la calidad, que yo no descarto pero que no es necesariamente la única. No puedo empezar la historia de la calidad de la educación cuando la OCDE descubre que Colombia está entre los diez peores países del mundo.

S.E.: Pero, queramos o no, el referente seguirá siendo Pisa, ¿cómo cambiar las condiciones del sistema para ir más allá de los resultados en las pruebas?

P.G.:
La educación colombiana no es lo que aparece en Pisa. Aquí existen cosas de excelentísima calidad y que han permitido que Colombia tenga uno de los mejores sistemas educativos de América Latina.

Pero lo único que nos pone Pisa es lo que nos falta, y lo que no tenemos. Y nos pone en una dimensión de comparación del Sistema Internacional que es absolutamente negativa en términos de la autoestima del sistema educativo. Pero por otro lado está equivocada. Porque no se pueden comparar peras, bananas y manzanas. Es absolutamente irresponsable comparar un país que vive un proceso de guerra de más de 50 años, que impactó severamente en el sistema educativo, con un país que se inventa a partir de un acuerdo en la salida colonial con dos grandes potencias como el caso de Singapur, que es una ciudad, o como Hong Kong.

S.E.: ¿Sería mejor no evaluar?

P.G.
: No, hay que evaluar mucho más de lo que lo estamos evaluando. Porque las pruebas Saber, para poner el referente colombiano, son importantes, y es bueno que se hagan, pero eso no alcanza para evaluar la calidad del sistema educativo en Colombia, como en ningún país.

El gran esfuerzo está en mostrar que el debate sobre la calidad de la educación es mucho más complejo. Y eso se hace desde los medios, desde las escuelas, desde organismos como el Idep, desde muchos espacios.

Entonces en una comunidad de desplazados, y aquí en Colombia hay experiencias extraordinarias de esto, es importantísimo que una escuela sea la referencia para la posibilidad de reorganizar la vida a una familia que sufrió los horrores de la guerra. Eso es calidad de la educación. Puede ser que esos jóvenes no se saquen la misma nota en matemáticas que los jóvenes de Finlandia o de Corea. Pero en esa escuela se estuvo reedificando la posibilidad de reconstruir la vida de una familia colombiana. Y eso es extraordinario.

S.E.: ¿Cómo se afecta el sistema si los colegios privados compran textos escolares y planes de lectura, mientras los oficiales son reacios a esa inversión porque le apuestan a lo digital?

P.G.:
Yo creo que efectivamente nosotros debemos defender el libro y también tenemos que defender otros dispositivos de acceso a la palabra escrita o a los bienes culturales. Tenemos que invertir en el libro, promoverlo, pero también tenemos que promover y producir contenidos para las nuevas tecnologías.

Lo que sí me parece que no deja de ser un problema es que en nuestras escuelas no haya libros y las maestras cuando entran a las salas de clase, la primera frase que dicen, aquí en Colombia y en cualquier lugar, es: “apaguen sus celulares”.

S.E.: ¿A qué otros cambios deben enfrentarse las escuelas además de la tecnología?

P.G.:
Hay que cambiar las escuelas hacia adentro, hay que mirarlas, analizarlas. Nosotros los investigadores y los docentes somos los principales agentes de ese cambio.

También tiene que cambiar la imagen que la sociedad tiene de la escuela. Hoy nuestras sociedades piden cosas que la escuela no estaría en condiciones de hacer, no en Colombia, en ningún lugar del mundo. Porque si tanto se habla de Corea, su población se transformó en una sociedad desarrollada, pero no fue solo por el sistema escolar. Pensar que Corea es lo que es porque se saca las notas que se saca en Pisa es una simplificación.

S.E.: ¿Cuál es el carácter político de la educación en esos procesos de cambio?

P.G.: Eso en Colombia es central. Ustedes van a construir la paz. Y cuando se defina formalmente este escenario de paz, va a empezar el gran desafío que es la construcción del postconflicto. Y ahí, si hay una institución que va a tener un papel protagónico es la escuela. La escuela va a servir en Colombia para que la guerra no vuelva a estructurar las relaciones entre sectores de la sociedad colombiana durante más de 50 años. Y eso es lo que va a poner de relevancia que la educación es política, no partidaria, que es otra cosa.

La educación es política porque la educación construye ciudadanos, construye sentidos, construye horizontes, se imagina el futuro. Entonces el futuro del post conflicto se tiene que empezar a soñar en la escuela, en la escuela infantil. Si Colombia no da la batalla ahí, la va a perder nuevamente.

Entonces hoy deberíamos estar todos en América Latina, porque yo creo que el problema de la paz y el conflicto en Colombia no es un problema estrictamente colombiano sino regional, deberíamos estar menos preocupados por cómo va a salir Colombia en las próximas pruebas Pisa y mucho más pendientes sobre cómo se hace de la escuela colombiana la plataforma de la paz.
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