Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2015/12/07 07:00

Educar a la generación del posconflicto

Con el anuncio de un inminente fin del conflicto, es necesario tomar responsabilidad frente a la construcción de la paz desde lo cotidiano, desde la educación y con los más jóvenes como protagonistas.

Educar a la generación del posconflicto Foto: Cortesía Secretaría Distrital
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Semana Educación

Cada día, con un leve gesto del profesor, todos los alumnos hacen una fila a unos cuantos metros del trampolín. Fabián Rico, de 17 años, es el primero en iniciar. Toma impulso, corre, brinca y su cuerpo se enrolla en el aire en un perfecto salto.

Lo que sigue es una muestra de elaboradas acrobacias: velas, pescados, holandesas, cascadas, duplos, gatos, pasavallas y mortales. Los jóvenes las realizan con destreza, robándose los aplausos de los demás estudiantes del colegio Tenerife Granada Sur, en Usme (Bogotá).

Pero no siempre fue así. Muchos de los jóvenes acróbatas que hoy se toman de la mano para demostrar su destreza frente al trampolín, eran enemigos declarados hace años; miembros de los ‘parches’ de Tenerife y Monte Blanco.

El responsable de este cambio de actitud es Jaime Lozano, un maestro de la educación pública que se las ingenió para reunir en un solo lugar a jóvenes de diferentes bandos, procedentes todos de una localidad marcada por las barreras invisibles de la violencia y el microtráfico.

‘Gimnasia Territorio de Paz’ es el laboratorio bajo el cual, desde hace cinco años 15 jóvenes hacen de esta disciplina la herramienta para reconciliarse y dejar a un lado las disputas por el control del territorio y el tráfico de drogas.

El proceso no fue fácil. Cosas tan sencillas como cogerse de las manos para practicar algunas figuras acrobáticas resultó todo un reto, recuerda Lozano. “Pero conseguí que el gimnasio fuera un lugar neutro, cuando salían los alumnos ni se miraban o peleaban, pero mientras estaban en el clase, se respetaban. Fue nuestro primer territorio de paz”. El docente le fue robando chicos a la pandilla. Poco a poco cambiaron sus horas de ocio en la calle por arduos entrenamientos de gimnasia acrobática.

“Cuando yo llegué a este colegio tuve un problema enorme con Rico porque él, que era del barrio Tenerife, no se podía ver con mi novio, que era de Monte Blanco. Entonces yo terminé metida ahí en ese problema.  Éramos enemigos porque éramos de combos diferentes, pero él nunca me hizo nada a mí, y yo tampoco a él”, explica Ximena Pizo, una de las alumnas del proyecto.

El secretario de Educación de Bogotá, Óscar Sánchez, asegura que el desafío pedagógico al que se enfrentó la educación pública de la capital durante los últimos cuatro años fue convertir espacios de paz y reconciliación, como el del ‘Gimnasia Territorio de Paz”, en un ejercicio que formara parte del currículo.

Bajo esta idea surge Educación para la Ciudadanía y la Convivencia de la Secretaría de Bogotá, una iniciativa para que los estudiantes aprendan sobre derechos y deberes a través de la inmersión en dilemas éticos, talleres experienciales y ejercicios para la resolución de sus propios conflictos. El 95% de las instituciones educativas del Distrito (345 de los 363 colegios oficiales) ya cuentan con Planes Integrales de Educación para la Ciudadanía y la Convivencia.

Para Sergio Guarín, coordinador de los temas de posconflicto y construcción de paz de la Fundación Ideas para la Paz (FIP), la educación para la paz es una de las tareas inaplazables de Colombia, y se debe incluir dentro de las estrategias educativas.

Los 15 jóvenes del proyecto ‘Gimnasia Territorio de Paz’ son la prueba de lo beneficioso que resulta implementar iniciativas que abogan por la reconciliación. “El profe Jaime nos cambió la vida, nos enseñó que si vives en paz, vives más feliz, más tranquilo y puedes hacer más cosas por ti, tu familia y tu comunidad”, subrayó uno de ellos.

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