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| 2/1/2017 12:00:00 PM

Se reabre la polémica por norma que equipara a universitarios con técnicos

¿Tiene sentido la estrategia del Gobierno de nivelar los estudios universitarios y los técnicos y profesionales por medio del Sistema Nacional de Educación Terciaria?

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Semana Educación

Existe una pregunta que todo estudiante recién graduado del colegio se ha hecho alguna vez: “¿qué hago ahora con mi vida?”. Es en ese momento cuando toca decantarse: ¿formación técnica o formación universitaria? En Colombia, la proporción de estudiantes de primera rama respecto a la segunda es de 1 a 3 en promedio, según el Ministerio de Educación (MEN). En otras palabras, la mayoría de recién egresados de secundaria en el país optan por una carrera universitaria.

Para eliminar la brecha que existe entre las dos fórmulas de educación superior, el Ministerio de Educación Nacional, junto con el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de las TIC y el Sena lanzaron el Sistema Nacional de Educación Terciaria (Snet). Una medida que surge en un momento en el que el desempleo juvenil en el país se sitúa en el 15,3% y el mercado está saturado con el número de egresados universitario, de acuerdo a cifras de la cartera de Trabajo.

“El Snet quiere poner en igualdad de condiciones al sistema técnico y al universitario. La educación superior está desarticulada, porque hoy los tecnólogos y los técnicos están debajo de los profesionales, cuando no debería ser así”, indicó la ex jefa de la cartera educativa Gina Padory durante la presentación de la estrategia en mayo de 2016. En ese momento, la noticia generó gran revuelo, pues varios sectores de la academia entendieron que el MEN buscaba equiparar ambas formaciones.

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Voceros del Ministerio salieron al paso asegurando que con esta medida se pretende superar el actual panorama de “demonización” que existe en torno a la formación técnica.  Así lo explicaron a Semana Educación: “Es una cuestión jerárquica: se mantiene la lógica de privilegiar la educación formal que imparten las universidades, y excluir de forma sistemática otras modalidades, como la técnica, concebida en el imaginario colectivo como la educación para pobres’”. El objetivo, explicaron, es “formalizar un modelo institucional que permitirá equiparar ambos sistemas en términos de reconocimiento, valoración y aspiración salarial”.

La polémica se ha vuelto a revivir por estos días tras una noticia difundida por el Observatorio de la Universidad Colombiana y de la que se hizo eco en el diario El Espectador que asegura que el gobierno va a aprobar a través de la vía del “fast track” (aprobación del presidente sin necesidad de trámite en el Congreso) el decreto para la implementación del Snet. Y lo hará camuflado en el marco de las medidas del posconflicto: educación para las regiones.

Según los dos portales, la ministra de Educación, Yaneth Giha, trabaja en un borrador de decreto de ley que presentará en las próximas semana al presidente Juan Manuel Santos para su posterior aprobación.

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Las reacciones ante estas informaciones no se han hecho esperar. Por un lado, la del MEN que en un comunicado confirmó que, si bien el mencionado borrador “tendiente a garantizar una oferta educativa con calidad y pertinencia en las regiones, especialmente, en zonas afectadas por el conflicto” sí existe, no radicará ninguna iniciativa relacionada con el Sistema Nacional de Educación Terciaria hasta lograr un consenso con los sectores interesados”.

Por otro lado, varias universidades que ya han mostrado su oposición ante la iniciativa. Uno de ellos Ignacio Mantilla, rector de la Universidad Nacional, que en una carta abierta aseguró que “Aprobar vía fast track una reforma a la educación superior deslegitimaría cualquier acuerdo, limitaría las acciones que las universidades públicas vienen implementando para atender las necesidades en educación en el escenario del pos acuerdo y despertaría dudas que podrían empañar y desvirtuar el propósito de la paz”.

Universitarios vs técnicos y tecnólogos

La relevancia que caracteriza cada una las dos formaciones de educación superior predominantes se refleja también en la distribución de las instituciones educativas. En Colombia, según datos del MEN, hay 288, de las cuales 82 son universidades, mientras que sólo 35 imparten formación técnica profesional. El número de matriculados en 2014 para la educación técnica fue de 90.027. En el caso de los centros universitarios, esta ascendió a 1.320.010 estudiantes.

Las cifras indican que la relación de profesionales frente a la del total de técnicos y tecnólogos es inversa con respecto a lo que ocurre en países desarrollados: seis técnicos por cada profesional. En Colombia hay seis profesionales por cada técnico o tecnólogo. “Las economías ya no pueden absorber más universitarios porque las necesidades han evolucionado y las exigencias son otras”, explica Juliana Guáqueta, especialista en educación del Banco Mundial.

Un estudio realizado en 2016 por la plataforma internacional WISE, aseguró que las universidades a nivel mundial no capacitan de forma pertinente a los alumnos para enfrentarse a las exigencias del mercado laboral.  Sin embargo, el 57% de los encuestados también indicó que alentaría a un joven a matricularse en una institución universitaria aunque eso significase renunciar a un trabajo. Pero, la investigación no habla en ningún caso sobre los técnicos. ¿Entonces, qué pasa con ellos?

Para Alfonso Prada, director del Sena, el mejor indicador de la corresponsabilidad entre un sistema educativo y formativo acorde con los requerimientos de desarrollo económico y social de cualquier sociedad son las cifras de ocupación.

En el caso de los graduados de esta institución de formación técnica, los datos de empleabilidad una vez terminan su aprendizaje asciende al 51%, una cifra que Prada quiere elevar al 75% al final del cuatrienio, como aseguró a esta publicación.

En lo que sí coinciden los expertos es que en un mundo globalizado, el sistema educativo y formativo debe contribuir a estimular y a desarrollar capacidades, habilidades y destrezas dinámicas en sus estudiantes, con el objetivo de que puedan desenvolverse en ambientes laborales cada vez más cambiantes. De esta opinión es Amar Kumar, especialista internacional en eficacia educativa. En otras palabras, se requiere de un nuevo perfil de trabajador que tenga la capacidad de adaptar su carrera y aptitudes a los cambios económicos, independientemente de si salieron de la universidad o de una institución técnica.

El problema, en palabras de Guaquetá es que “el mercado laboral se confunde, y prefiere contratar a un universitario, así  las funciones de ese cargo no necesariamente estén relacionadas con la formación universitaria”.  De acuerdo al Banco Mundial, en el Colombia el 47 % de los empresarios dicen tener dificultades para cubrir sus vacantes por la falta de competencias de los egresados. Y solo el 11 % de los egresados tiene una formación técnica y tecnológica.

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