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| 4/26/2014 11:45:00 PM

¿Educar sin evaluaciones?

Patricia León Agustí, instructora del Instituto de Verano del Proyecto Cero de Harvard, considera que la forma de calificar y el tipo de exámenes que solo valoran la memorización contribuyen a la mediocridad de la educación.

Es docente y formadora de profesores, fue una de las personas responsables de traer la visión de la Enseñanza para la Comprensión del reconocido Proyecto Cero de Harvard a Colombia por primera vez en 1994.

Durante 11 años fue directora del Colegio Rochester y es fundadora del Colegio Anexo San Francisco de Asís. En 1997 fue Profesora Invitada (Visiting Scholar) en la Escuela de Graduados en Educación de la Universidad de Harvard.

Patricia León, experta en investigación educativa y desarrollo humano habló con SEMANA Educación sobre el panorama de la educación en el país, la calidad docente y el cambio de paradigma que necesita el sector.

Vea aquí el ESPECIAL MULTIMEDIA de la Cumbre Líderes por la Educación

SEMANA EDUCACIÓN: Después de tantos años como educadora en los que ha tenido la oportunidad de ver múltiples experiencias pedagógicas en el país, ¿se raja Colombia en educación?

Patricia León: Es difícil generalizar. Más que hablar de “rajarse”, tal vez lo más preocupante es la gran brecha que existe entre los distintos niveles de educación.

Sí está rezagada en muchos aspectos, especialmente en la investigación, en el desarrollo autónomo de los estudiantes y en la capacidad de formar seres pensantes, dispuestos a trabajar para sí mismos y para el bien común.

Sin embargo es interesante ver los esfuerzos de docentes en situaciones bastante precarias, que han logrado utilizar los recursos que tienen a su disposición, para lograr cambios en su entorno.

S.E: ¿Cuál es el peor error que se comete en la educación?

P.L: No sé si lo pondría así. Diría que son carencias, y que la principal es que no se está llevando a los pedagogos a reflexionar sobre nuestra propia práctica. Es importante hacerlo, a través de la conversación podemos reflexionar para darnos cuenta en qué aspectos hay que trabajar.

En la escuela hay poco tiempo para que docentes y estudiantes puedan reflexionar. Siempre debemos preguntarnos: ¿Qué vale realmente la pena enseñar y por qué? ¿Qué le voy a pedir a los estudiantes que hagan para alcanzar esas comprensiones? ¿Cómo vamos a saber, tanto nosotros los docentes como los estudiantes que sí se están logrando esas comprensiones?

S.E: ¿Ese era el tipo de educación que promovía en el Rochester?

P.L: Sí, cuando empezamos a implementar estos cambios hubo una fuerte transformación tanto en el Rochester como en el Colegio Anexo San Francisco de Asís. El más fuerte fue la toma de conciencia de la importancia de trabajar en equipo para reflexionar.

Nos dimos cuenta que el trabajo del maestro era un trabajo solitario, cuando él cerraba la puerta del salón quedaba a su suerte y no se sabía qué se enseñaba, ni cómo se enseñaba. Era importante que compartiéramos la mejor forma de crecer como profesionales. Fue un cambio fuerte.

Otro aspecto era el de las evaluaciones. A mí como rectora la forma de evaluar a los estudiantes me parecía ineficiente e ineficaz. Realmente esta forma de evaluar contribuía más a la mediocridad que a la calidad. Se estudiaba por una calificación y ser promovido.

También como rectora, me di cuenta que la mejor forma de evaluar al docente era observar el trabajo que él o ella le pedía al estudiante que realizara. ¿Ese trabajo requería de de pensamiento y reflexión?, ¿o se trataba de un trabajo rutinario, memorístico y repetitivo?

S.E: ¿Qué la llevó a vincularse al Proyecto Cero de Harvard?

P.L:, Tuve dos razones poderosas por las cuales me vinculé al Proyecto Cero: por un lado, me preocupaba la mediocridad que veía en la forma como evaluábamos a los estudiantes en el colegio Rochester y por otro, quería hacer de la comunidad de dónde venían los estudiantes del colegio Anexo, una fuente de aprendizaje, y a saber cómo integrar los contextos inmediatos de esos niños a su proceso educativo.

Esas dos grandes inquietudes me llevaron a trabajar con Rosario Jaramillo y con Ana María de Samper. Con ellas organizamos un seminario y algunos investigadores del Proyecto Cero vinieron a Colombia por primera vez en octubre de 1994 a trabajar con ocho colegios de Bogotá.

Esta experiencia fue muy interesante, cuando comenzamos no había literatura en español, por lo tanto empezamos por traducir el material en el Rochester y en el Anexo. Conformamos grupos de estudio con docentes de los dos colegios, dando inicio a una serie de seminarios de estudio y divulgación.

S.E: Volvamos al tema de la evaluación, ¿debería desaparecer?

P.L: La evaluación per se no es que deba desaparecer. Lo que si es necesario es fortalecer la valoración continua, entendiéndola como ciclos de retroalimentación que le permite al estudiante mejorar cada vez más su trabajo. Lo importante es que el docente le pida al estudiante realizar actividades donde se haga visible qué está comprendiendo y que le falta por comprender.

También se necesita que desde el comienzo haya criterios claros, pues esto le ayuda al estudiante a saber qué se espera del trabajo para que sea de calidad. Estos ciclos de retroalimentación le permiten al estudiante mejorar su trabajo durante el proceso, sin que haya sorpresas al final.

S.E: ¿Entonces cómo medimos?

P.L: Entiendo que hay que usar algún tipo de medición., No soy muy amante de las calificaciones en cuanto a números, pero sí creo en una evaluación donde le pueda decir al estudiante lo que logró y en lo que le falta profundizar. Estoy segura que si ha habido una valoración continua, el resultado final (Evaluación) será exitoso.

S.E: Usted menciona la importancia del desarrollo del pensamiento en el Marco de la Enseñanza para la Comprensión, ¿de qué se trata?

P.L: Es llevar al estudiante a que siempre esté consciente y atento a “pensar antes de actuar”, tanto en el aula como en la vida. Es entender que las acciones tienen consecuencias, es aprender aplantear hipótesis, a resolver problemas, a respetar diversos puntos de vista, a escuchar y observar atenta y cuidadosamente, y demás. . Esto sirve no solo para lo académico, sino también para lo social y lo moral.
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