Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/05/31 12:00

El origen de las fronteras que Estado Islámico quiere romper

El acuerdo de Sykes-Picot, celebrado entre Reino Unido y Francia para repartirse los territorios del Imperio Otomano tras su derrota en la Primera Guerra Mundial, llegó a los cien años. Este terminó siendo la raíz de muchos males que hoy afectan Oriente Medio.

El origen de las fronteras que Estado Islámico quiere romper Foto: Flickr

Cien años de interminables confrontaciones, resentimientos y abusos se cumplieron este mes en el aniversario del acuerdo Sykes-Picot, llevado a cabo entre Reino Unido y Francia para repartirse los territorios de Oriente Medio ante la inminente derrota del Imperio Otomano.

En 1916, las potencias europeas que luchaban contra los imperios centrales (Alemania, el Imperio Otomano y el Imperio Austrohúngaro) celebraron el tratado Sykes-Picot, un pacto secreto entre Reino Unido y Francia, con el consentimiento de Rusia. El tratado recibe el nombre por sus artífices: el británico Mark Sykes y el francés Francois Georges-Picot.

En el instrumento, sin considerar factores sociales, históricos, culturales y religiosos, se repartieron el territorio en nuevas entidades políticas, de las cuales surgieron Siria, Irak, Líbano y Palestina.

Como era de suponerse, los límites trazados en 1916 por las naciones victoriosas no tuvieron en cuenta las minorías étnicas que allí vivían. Por ende, los países resultantes del tratado no han podido salir ni siquiera un siglo después de la espiral del conflicto que afecta a la región.

Lo cierto es que uno de los mayores problemas radica en que Reino Unido prometió en su momento a los árabes un estado independiente si se alzaban contra los otomanos, pero no fue así. Terminada la Primera Guerra Mundial y con el Imperio Otomano pulverizado, la Conferencia de Paz de París y el Tratado de Sevres acabaron de perfilar las fronteras de Oriente Medio, a miles de kilómetros de sus habitantes. Si África se había repartido con las tiranías europeas, ¿por qué no se iba a hacer lo mismo?

Reino Unido obtuvo Palestina, Iraq y Transjordania bajo mandato de la Sociedad de Naciones, y Francia se quedó con Siria, la cual partió para crear el Líbano.

El fuego cruzado entre los diferentes grupos terroristas, los kurdos, las milicias rebeldes, los gobiernos débiles y la intervención internacional son algunas de las consecuencias de la colonización europea que hoy siguen destrozando los países que ocupan la región.

Y es que el tratado de Sykes-Picot es el antecedente más lejano del proyecto del grupo terrorista Estado Islámico, que prometió borrar todas las fronteras y crear el califato que el panislamismo del siglo XX nunca logró. El grupo terrorista rechaza enfáticamente la repartición, como lo han hecho los árabes desde 1916, pues considera el tratado una intromisión inaceptable y siniestra de unos países que no tenían ningún derecho de hacerla.

El 30 de julio de 2014, mientras Estado Islámico tomaba Mosul y el Ejército iraquí huía en desbandada, la organización publicó un video en que proclamaban el final de la “línea Sykes-Picot”. “Nosotros no reconocemos la llamada frontera de Sykes-Picot y no la reconoceremos nunca. No es la primera frontera que romperemos. Con la ayuda de Dios romperemos más, pero empezamos con esta”, dice un miliciano en el video.

Por eso, los terroristas islámicos rechazan el papel de Occidente en la repartición del antiguo Imperio Otomano. A cambio, proclama la creación de un califato islámico que deje atrás ese tipo de organización estatal que considera ilegítima.

A cien años, las consecuencias del tratado son evidentes. No satisfizo las aspiraciones de los árabes, se agravó el conflicto histórico entre sunitas y chiítas y se creó uno nuevo: el de los árabes contra los judíos en Israel y Palestina. Por otro lado, el pueblo kurdo quedó en el limbo, cuya población está estimada entre 45 y 50 millones de habitantes que viven repartidos entre Turquía, Siria, Iraq e Irán. Y por último, se le dio el poder absoluto a monarquías y poderes autocráticos.

Las guerras, el fanatismo religioso y la miseria han sido el caro precio a pagar. Puede que a pocos les suene el nombre de Sykes-Picot en el resto del mundo, pero en Oriente Medio ese nombre retumba con cada bomba que explota en Bagdad, Gaza o Alepo.

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