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| 6/3/2014 12:00:00 AM

El proceso químico de aprender

En una tercera entrega, el profesor Germán Pilonieta, miembro de la Academia Colombiana de Pedagogía y Educación, explica cómo se adquieren estructuras cognitivas.

Llegamos al meollo del asunto. Se trata de ubicarnos en el umbral de la investigación en neurociencias. Si bien ya aprendimos que no se puede seguir realizando educación sobre suposiciones, conjeturas y elucubraciones como hasta el momento ha sido, también hemos aprendido que los planes de estudio y la forma como estos se desarrollan, no forman, ni transforman.

Es significativo el descubrimiento que nos trae Dan Coyle en su libro Las claves del talento de Planeta en 2009, y cambia la perspectiva de lo que significa aprender y desarrollarse.

Hasta hace algunos años todos teníamos una idea muy vaga de lo que significaba aprender y sobre eso desarrollamos el sistema educativo fundamentado en la enseñanza. Significaba que alguien dijera oralmente o lo escribiera en un tablero, lo que debía quedar en la memoria de los estudiantes, y estos debían aprenderlo para repetirlo a la hora del examen, es decir recordarlo. Más o menos ese esquema funcionó por muchísimos años con algunas variaciones pero no cambio de sentido.

No fue sino hasta hace muy poco tiempo que la tecnología y la investigación neurológica nos pone en una nueva perspectiva de lo significa formar y desarrollar estructuras cognitivas. Si antes era una caja negra indescifrable ya hoy podemos saber, son cierta claridad, lo que pasa cuando se aprende y por lo tanto ya sabemos como producir aprendizaje.

Nunca estuvimos seguros de que era lo que sucedía cuando alguien resultaba de un momento a otro con una cierta habilidad para hacer algo bien cuando lo hacia mal. Siempre reconocimos a las personas que por la forma de hacer y ejecutar, los distanciaba de los demás. Y por lo general nos sorprendimos cuando gente muy joven hacia cosas que maravillaban a todos. No sabíamos que era lo que ocurría en ellos, solo veíamos lo que hacían, no lo que ocurría cuando lo hacían.

La evolución dotó a los seres humanos de mecanismos tan poderosos que con el tiempo se han ido descubriendo. Existe todo un sistema complejo de redes neuronales que invaden el cerebro de conexiones. Hasta ahí, todo eso era conocido hasta el año 2000. Las dendritas, que son las ramificaciones de las neuronas, que por impulsos eléctricos se conectan y crean redes neuronales que hacen que todo lo demás funcione.

Cuando una persona aprende a caminar, esta habilidad se instala para nunca dejar de hacerlo y sus movimientos son perfectamente normales. Cuando se aprende a montar en bicicleta pasa lo mismo. Y si más tarde aprende a manejar un automóvil, puede hacerlo con cualquier modelo o tamaño y no deja de hacerlo con naturalidad.

¿Por qué ocurre esto? ¿Cómo puede ser? ¿Qué es lo que pasa en alguna parte para que se haga con perfecta naturalidad?

Si esta persona también aprende a nadar en las piscinas y en el mar, y además es un físico puro, y sus relaciones abstractas son para él naturales y las puede simbolizar y escribir y fuera de eso compartirlas con muchas personas, uno puede hacerse las mismas preguntas, ¿cómo lo logró? ¿Qué pasó en su cerebro para que eso ocurriera?

Pues bien, la observación minuciosa de este fenómeno permitió que muchos científicos, entre ellos, el Dr. Douglas Fields, George Bartzokis, Bill Greenough, Frederik Ullen y otros muchos citados por Coyle, fueran aclarando poco a poco el misterio. La posibilidad tecnológica de la “imagen por difusión de la tensión” permitió que se midiera aquello que ocurría cuando se adquiere una habilidad, cualquiera que ella sea.

Si bien es cierto que la sinapsis es un agente vital de desarrollo de la estructura cognitiva, este proceso está siendo superado por un nuevo descubrimiento. Se trata del “aislamiento neuronal” que se comprueba por tres fenómenos.

Primero, todo lo que sucede en el cerebro responde a diminutas señales eléctricas que se transmiten a través de cadenas neuronales que integran los circuitos de fibras nerviosas. Por otro lado, existe una serie de eventos que hace que se produzca una sustancia muy preciada que recubre esas fibras nerviosas haciendo que se aumente la fuerza, la velocidad y la precisión de la señal. Por último, a medida que se activa un circuito específico, mayor es la cantidad de esa misteriosa sustancia que lo optimiza en términos de velocidad y precisión y así, tanto los pensamientos, como los movimientos, o las habilidades, son mas rápidos y precisos, es decir, más eficientes.

La habilidad es entonces eficiencia (velocidad y precisión) del circuito neuronal ocasionado por el aislamiento que le ofrece la “mielina”, sustancia milagrosa que rodea las fibras nerviosas en la proporción en que haya estímulos y “señales”. Haber llegado a las raíces biológicas del aprendizaje significa haber dado un giro verdaderamente coperniciano respecto de lo que significa aprendizaje y formación en el milenio.

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