Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2015/10/19 12:00

Primero leer

Para escribir hay que leer primero, asunto que parece haberse olvidado en las escuelas colombianas.

Juan David Correa es director de la revista Arcadia. Foto: León Darío Pelaez /Semana

Estoy seguro de que si los maestros leyeran más serían mejores. Esa, que parece una verdad de a puño, no lo es tanto si se miran los resultados de las pruebas Pisa de hace un año, que más allá del escándalo mediático que suscitaron, traían implícitas una buena cantidad de conclusiones y datos que son útiles a la hora de mirar, también, la labor de los profesores colombianos. Es obvio que ningún resultado es generalizable por completo, pero no se puede desconocer que una actividad central para el desarrollo del pensamiento haya sido, cuando menos, relegada en la escuela. 
       
De acuerdo a la reforma realizada en 1994 a la educación colombiana, los colegios tienen la libertad para armar sus propios programas pedagógicos. En muchos casos se desterraron las humanidades: se dejó de lado el estudio de la historia y la geografía de Colombia, por solo nombrar dos casos onerosos. A los estudiantes colombianos les va mal en matemáticas. Y en comprensión de lectura. Parece, según los resultados, que a las niñas les va peor que a los niños. Y además, que el puesto de profesor hoy es ocupado por un grueso de profesionales que no encuentra otra opción de empleo en un país que sigue alardeando de encuestas en las cuales, supuestamente, cada vez estamos mejor.  
 
Como decía arriba, hay varias conclusiones que arrojan las pruebas cuando a uno le va mal. En cuanto a la lectura y la comprensión es evidente que para escribir hay que leer primero, asunto que parece haberse olvidado en las escuelas colombianas: un profesor que no lee es alguien que es incapaz de poder ofrecer herramientas a sus estudiantes sobre el placentero y solitario acto de leer para después pensar.

La segunda conclusión es que los niños llegan a la escuela en promedio a los 5 años sin nunca antes haber visto en su casa un libro, y cuando les ponen en las manos esos artefactos extraños hechos de papel, cartón, y tinta, han perdido un valioso tiempo de familiarizarse con la idea de la lectura. Una idea que, además, encierra el encuentro con los otros, con la voz de la madre o la del padre, con la de una tía o un hermano mayor que establece un vínculo a través de un acto profundamente sencillo.      

La tercera es que la lectura sirve, como lo han demostrado investigaciones hechas en el mundo entero —me basta pensar en el psicolingüista colombiano Evelio Cabrejo Parra, quien reside en París y que ha hecho investigaciones sobre el tema desde la asociación Acces— para desarrollar partes del cerebro que tienen que ver con la abstracción y las matemáticas.

La cuarta y última es que nadie debería leer por obligación pues, está probado, un niño que no puede elegir será un desertor seguro para la lectura. Y aunque hay muchas más cosas que se podrían mencionar en este corto espacio, diría que un país que no  le da un lugar central a la lectura seguirá viendo cómo, año tras año, los fracasos escolares son el pan de cada día.

*Es el director de la revista Arcadia. Estudió Literatura en la Universidad de los Andes. Ha trabajado como periodista cultural para diversos medios como El Espectador y Semana. Además ha publicado varios libros entre los que se cuentan las novelas 'Todo pasa pronto' y 'Casi nunca es tarde'.

Este editorial hace parte de la décimo primera edición de la revista digital SEMANA Educación, que estará disponible desde este domingo 13 de septiembre. Para descargar la publicación siga estos pasos o comuníquese al número 6468400 extensión 4301 ó 4310..

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.