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| 8/8/2016 7:00:00 AM

Las enfermedades mentales de los maestros

“El cuadro clínico puede llevar a la depresión, al aburrimiento, la indiferencia, las ideas obsesivas, los trastornos digestivos, o la disfunción sexual.”

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Semana Educación

Las clases empiezan una y otra vez, rutinariamente. Los maestros se presentan ante los nuevos grupos, aprenden los nombres de cada estudiante, les enseñan y los evalúan, también los acompañan y los guían, los ven crecer, y después, los despiden al final del año escolar. En vacaciones, descansan unas semanas y todo vuelve a comenzar. Y como la rutina, los sueldos parecieran mantenerse, con pequeñas modificaciones cada año. Por su parte, los contratos a diez meses, no mejoran la situación económica de los maestros, ni aligeran la rutina.

Sin embargo, más que la monotonía, el poco reconocimiento salarial y el escaso prestigio social hacen que la docencia sea una profesión de alto riesgo para la estabilidad mental de los maestros. Según Francisco Alonso Fernández, profesor emérito de psiquiatría médica de la Universidad Complutense de Madrid, “los dos pilares del trabajo –la remuneración y la estimación social–, muestran un cariz decididamente adverso en la profesión de la enseñanza”. Para Alonso Fernández, la situación laboral de los docentes ha llevado a que en muchos países, la docencia sea la profesión con más integrantes diagnosticados con alguna enfermedad mental.

En Colombia, las condiciones de prestigio y remuneración, que afectan la salud mental de los maestros, no son muy diferentes. La indisciplina, el irrespeto de algunos estudiantes, el desinterés, los problemas de violencia, drogas y pandillas en los colegios y escuelas, los padres que justifican a sus hijos y que encuentran en los profesores a los culpables, y las instituciones que no siempre los respaldan, son solo algunas de las explicaciones por las que los maestros se sienten poco estimados. Y por otra parte, los sueldos no motivan, ni en el sector privado, ni en el oficial. Por ejemplo, un maestro gana en promedio a nivel nacional $1.289.975, según las cifras del Observatorio Laboral para el 2014.

Los diagnósticos en Iberoamérica señalan que muchos de los maestros enfrentan un periodo de desgaste y desmotivación laboral. Según las investigadoras mexicanas, Lucía Rodríguez, ArleneOramas y Elizabeth Rodríguez, el 61% de los profesores argentinos y ecuatorianos sufren de estrés.  El trabajo ya no los satisface, sienten que trabajan en una profesión poco gratificante y no muy digna. “El 50% de los profesores que atraviesan este trance entra en una fase de agotamiento emocional”, según afirma Alonso Fernández, “y si no se atiende, el cuadro clínico puede llevar a la depresión, al aburrimiento, la indiferencia, las ideas obsesivas, los trastornos digestivos, o la disfunción sexual”.

En la localidad de Kennedy de Bogotá, por mencionar un ejemplo, cada dos días un “maestro solicita incapacidad por ansiedad, miedo, angustia, entre otros problemas psicológicos”, sin embargo, en muchas ocasiones, las EPS se niegan a incapacitar por razones mentales, y pocas veces remiten a un especialista, según lo sostiene la Revista Arcadia. Y sí, los maestros están agotados en Colombia, pero lo mismo está ocurriendo en toda Iberoamérica. Urge entonces repensar la educación en el país y en la región, y preguntarse cómo dignificar la labor docente, social y laboralmente.

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