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| 9/7/2015 12:00:00 PM

La educación como garantía de no repetición

Sofía Macher es una defensora peruana de derechos humanos que ha participado en dos Comisiones de la Verdad. Está convencida que la formación es clave para asegurar la paz.

Aunque se licenció en sociología, si por algo ha destacado Sofía Macher es por defender y proteger los derechos humanos en su profesión. Una labor que ha ejercido desde diferentes cargos gubernamentales en su Perú natal y en organizaciones internacionales.

Su trayectoria la llevó a ser parte de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, que se creó en su país en 2001. El objetivo, esclarecer los crímenes perpetrados entre1980 y 2000 por los grupos terroristas Sendero Luminoso y el MRTA, y la represión militar del Estado. Los últimos diez años de ese periodo coinciden con la dictadura de Alberto Fujimori.

Macher fue una de las dos mujeres seleccionadas en el grupo de los 12 encargados para elaborar el informe final de la Comisión de la Verdad. Se recogieron más de 20.000 testimonios  en diez meses y se realizaron casi 20 audiencias públicas en todo el país. La Comisión fue el preludio para la fundación del Consejo de Reparaciones en 2006, del que Macherfue presidente.

El Registro Único de Víctimas que se creó a partir de este ente ha identificado hasta el momento más de 182.000 personas, entre víctimas directas y familiares. El costo estimado entre vidas humanas y desaparecidos se cifró en más de 69.000.

Semana Educación conversó con Macher, quien también participó en la Comisión de la Verdad en las Islas Salomón, sobre la importancia que tiene para un país esclarecer su historia violenta.

Semana Educación: ¿Qué papel desempeña la educación en una comisión de la verdad?

Sofía Macher:
El planteamiento es el siguiente: de qué manera se puede trasladar lo que ya pasó a la coyuntura, cómo se relaciona con las problemáticas actuales del país y qué enseñanzas dejó el pasado. Ahí está el truco. No se trata únicamente de recordar, sino de cómo incluir esas enseñanzas que dejó el conflicto en la educación para asegurar la no repetición. Entender cómo se llegó a ese conflicto y que no se vuelva a repetir.

S.E: ¿Cómo se aterrizan esas aspiraciones a la educación formal?

S. M.: La educación es central para resolver los problemas estructurales de un país. Por eso, es imprescindible que el informe de la comisión sea incluido en el currículo de las escuelas. Es crucial que los alumnos lo estudien y lo conozcan. En Perú, después de largas batallas, los estudiantes están obligados a estudiar el documento  en quinto de secundaria (15- 16 años de edad promedio), incluido en la materia de construcción ciudadana. Pero todavía hay cosas por ajustar: el informe debería también estar presente en la asignatura de historia.

También es imprescindible construir un espacio para  la memoria que permita entender el conflicto. Siempre teniendo como eje la construcción de ciudadanía. Que haya un lugar físico al que remitirse para entender. El 10 de diciembre se inaugura en Perú el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, que estará protagonizado por el recuerdo a las víctimas.

S.E.: ¿Qué enseñanzas debería reproducir Colombia al establecer su Comisión de la Verdad, una vez se firme la paz en Cuba, basado en experiencias de otros países?

S. M.:
La comisión debe crear un espacio para que los responsables colectivos del más alto nivel de responsabilidad hablen públicamente. Que lo hagan además en el contexto de una audiencia, después de que se den a conocer los registros elaborados por la comisión. Deben asumir su responsabilidad frente al país; afirmar con claridad cuál fue su responsabilidad y reformular su compromiso con la sociedad colombiana.

S.E. Usted se negó a que los militares implicados en las violaciones de derechos humanos participaran de las audiencias públicas de la Comisión de la Verdad en su país, ¿haría ahora las cosas diferentes?

S. M.: Eso fue un error. Hubo hasta dos generales que nos pidieron hablar en audiencia pública, y yo fui la que me opuse y convencí al resto de los comisionados. Consideré que permitir eso era como darle una plataforma al perpetrador para que negase los crímenes cometidos. Nosotros tuvimos entrevistas privadas con ellos, pero la sociedad no los escuchó.

Posteriormente, en la Comisión de las Islas Salomón -para esclarecer lo ocurrido durante la Guerra Civil en la que se vio inmerso el país entre 1999 y 2003- organizamos audiencias públicas en las que participaron los perpetradores.  Explicaron frente a la sociedad por qué hicieron lo que hicieron, qué fue lo que les motivo, etc. Después de las audiencias, yo pregunte a las víctimas y para ellas fue un paso muy positivo.
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