| 2017/01/06 07:00

"¡Mamá, estudié algo que no servía!"

El mercado laboral se transforma a un ritmo vertiginoso, y conseguir un empleo es cada vez más difícil para los jóvenes a pesar de que estudiaron la carrera de sus sueños.

"¡Mamá, estudié algo que no servía!" Foto: Archivo Semana
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Semana Educación

Un diploma no garantiza un trabajo y eso fue lo que le pasó a Nathalia, una joven que con dedicación estudió Diseño Gráfico en una de las instituciones de educación superior más prestigiosas del país. Al graduarse, esperaba que con su título podría conseguir un trabajo en el que aplicaría sus conocimientos, pero después de más de un año de buscar se acercó a sus padres y les dijo: “Creo que estudié algo que no servía”.

Pero Nathalia no es la única que pasa por esta situación, como ella hay más jóvenes y las cifras lo confirman. Según el Departamento Nacional de Estadística, la tasa de empleo juvenil se situó en 57,9 % en el segundo trimestre de 2016. La cifra es alarmante si tenemos en cuenta que en Colombia las personas entre los 14 y 28 años representan el 32,3 % de la población en edad de trabajar.

Los jóvenes recién egresados se enfrentan ante la frustración de no conseguir un trabajo porque no atienden los aspectos relativos a su integración laboral. Pero a su vez, las instituciones educativas y los gobiernos juegan un papel fundamental en este terreno: la orientación vocacional, la oferta de contenidos educativos y la certificación de calidad de las instituciones ayudan a configurar sus aspiraciones y a evitar que se generen expectativas por encima de las capacidades reales de los individuos.

En 2013, la educación superior tuvo una matrícula de 2.103.000 estudiantes en 288 instituciones, divididas en 82 universidades, 121 escuelas tecnológicas, 34 técnicos profesionales y 51 institutos tecnológicos, según cifras del Ministerio de Educación. Pero según expertos, el diploma no está representando una buena formación ni oportunidades en el mercado laboral. Los empresarios se suelen quejar por la mala formación de los jóvenes universitarios y afirman que están obligados a educarlos en las empresas.

De acuerdo con el reporte de “Escasez de talento humano”, desarrollado por la compañía Manpower Group, el 47 % de las empresas en el país reportaron obstáculos para ocupar sus cargos. También lo confirma otro estudio de la Fundación Corona titulado “Las brechas de competencias en nuestros jóvenes”.

La brecha entre la oferta y la demanda de talento se debe a que los empleadores se encuentran ante el desafío de integrar talento de calidad, con habilidades y conocimientos pertinentes, y a la vez con actitudes y valores de innovación y de productividad que les impone el entorno competitivo. Y es que según la Fundación Corona, uno de los principales obstáculos que encuentran los jóvenes a la hora de transitar por la ruta de la educación al empleo son las brechas en su formación de competencias básicas, transversales y laborales.

Los empleadores de América Latina reportaron a Manpower que el talento más difícil de conseguir era el del área de ventas (22 %), seguido por el de producción (21 %) y el administrativo contable (16 %).

Al clasificar a los empleadores por sector, el puesto más difícil de conseguir es el de operadores. Esta carencia de personal es más evidente en las organizaciones ubicadas en el sector primario (27 %), manufactura (33 %), construcción (34 %), comercio (21 %), transporte/comunicaciones (23 %), tecnología/desarrollo (21 %) y servicios profesionales (23 %). Además, el personal de ventas muestra una carencia en las organizaciones dedicadas al comercio (34 %), y se presenta la misma dificultad en aquellas del sector transporte y comunicaciones (24 %) y manufactura (21 %).

En definitiva hay que poner a la orden del día pedagogías que cierren la distancia entre la academia y el mercado. Para la empresa de sistemas Cisco, “los sistemas educativos aún tienen que modificar la forma en la que operan para reflejar las tendencias y las tecnologías actuales. La complejidad de este desafío demanda una respuesta enérgica y oportuna”. Es por eso que a su vez el más reciente Informe de competitividad para Colombia destacó que son claves los esfuerzos “en materia de innovación, adopción de conocimientos y tecnologías, así como de formación de capital humano”. En pocas palabras, como le dijo a Semana Educación John Sudarsky, exsenador por la Alianza Verde, “si el sistema educativo en Colombia fuera más efectivo, permitiría disminuir el desempleo”.

De acuerdo con el estudio de competitividad se definieron tres problemas por los cuales atraviesa el país y que debe resolver. El primero es de cantidad, referido al déficit de oferta y demanda de programas. Le sigue el de calidad, que considera las competencias básicas y específicas: “La incapacidad de un sistema educativo de atraer, formar y reentrenar a la fuerza laboral en programas y competencias pertinentes es uno de los principales impedimentos para la diversificación y sofisticación del aparato productivo de un país”, explica el documento.

El último desafío consiste en la pertinencia de la educación. Es decir, la articulación entre el sector productivo, el sector de formación y el sector laboral. “De poco o nada sirve aumentar la cobertura y la calidad de la educación terciaria si los programas no están sirviendo para formar el capital humano requerido por el mercado”, añade el informe de competitividad.

Lo cierto es que no se puede perder de vista la injerencia que tiene la falta de calidad y acceso a los programas. Delinear cuidadosamente los problemas en las carreras es el primer paso; de lo contrario, el rezago continuará y el país estará lleno de jóvenes que no pueden encontrar el enganche para su vida profesional. Fue lo que le pasó a Nathalia que ahora se encuentra terminando una segunda carrera y en una práctica profesional que la ha puesto a replantear sus opciones vocacionales.

Este artículo hace parte de la edición 20 de la revista Semana Educación que acaba de salir al mercado.  Si quiere informarse sobre lo que pasa en educación en el país y en el exteriorsuscríbase ya llamando a los teléfonos (1) 607 3010 en Bogotá o en la línea gratuita 01 8000 51 41 41.

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