Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/07/04 09:00

La poco democrática independencia de EE. UU.

El país más rico del mundo cumple 240 años de independencia. Semana Educación le explica los intereses que estuvieron detrás de su enfrentamiento con Reino Unido.

La poco democrática independencia de EE. UU. Foto: Semana
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Semana Educación

En las colonias británicas de Norteamérica se había formado una élite rica, estable y poderosa. El 5% de los comerciantes de Boston, por ejemplo, controlaba el 49% del comercio de la ciudad. Los campos estaban dominados por latifundios, que competían en extensión y riqueza con muchos feudos europeos. El historiador norteamericano, Howard Zinn, afirma que cerca de Nueva York había haciendas de cerca de un millón de acres. Y lo mismo ocurría en todas las colonias británicas a finales del siglo XVIII.

Los beneficios comerciales y de seguridad por pertenecer al imperio más poderoso de Europa les había permitido enriquecerse. Sin embargo, cuando la corona decidió costear la Guerra de los Siete Años con impuestos de las colonias, los comerciantes no estaban muy satisfechos. Y menos lo estuvieron los terratenientes, cuando los delegados del rey firmaron un acuerdo de paz con los indígenas, en el que definieron a los Montes Apalaches como frontera. 

La élite colonial era suficientemente rica para costear la burocracia y autogobernarse, según sus intereses económicos, que no necesariamente coincidían con los de Londres. Pero debían controlar un problema. Cada vez había más blancos pobres, descontentos y rebeldes, que podían llegar a amenazar la estabilidad de la jerarquía social. Las calles de las grandes ciudades estaban llenas de mendigos, mientras tanto, en el campo, los campesinos pobres tenían dificultades para comer, y para pagar el arriendo de sus tierras.

En pocos años, ocurrieron numerosas revueltas en Carolina del Norte, Nueva York y Massachusetts. Las casas de algunos ricos eran saqueadas, mientras los dueños esperaban la llegada de las tropas. En el valle de Hudson, entre 1750 y 1770, los arrendatarios organizan revueltas para no pagar sus arriendos. Y en Carolina del Norte los campesinos blancos formaron un “Movimiento Regulador” para oponerse a los ricos y a las autoridades corruptas. 

La estabilidad social corría riesgos, y además, Londres les causaba problemas con sus impuestos y con alianzas con los indígenas, que poseían ricos y grandes territorios. Entonces, la solución de los Padres Fundadores fue canalizar el odio de los pobres y rebeldes hacia la corona inglesa, pero desde luego, con moderación. El objetivo no era desestabilizar el orden social, sino controlar a los pobres, y crear un propio Estado que les permitiera administrar sus políticas económicas. Al menos esa es la tesis de Howard Zinn, cuando explica el movimiento de independencia de los Estados Unidos.

¿Cómo lo hicieron?

Las estrategias para lograr la independencia fueron muchas. Usaron, por ejemplo, discursos sobre las injusticias sociales para incentivar el odio y el resentimiento, en los que los terratenientes y comerciantes se identificaban con los menos favorecidos. James Otis, uno de los hombres ricos que protagonizaron la independencia, le decía a los artesanos: “Como la mayoría de vosotros me veo obligado a ganarme la vida con el trabajo de mis manos y el sudor de mi frente. Sin embargo, tengo que aguantar la mirada de desprecio de los que sienten con derechos divinos, pero cuya única grandeza ha sido machacar a los más pobres”.

Había que atacar con discursos. Thomas Jefferson, por ejemplo, criticaba a los esclavistas ingleses. Pocas cosas eran menos humanas que el comercio negrero de los ingleses, afirmaba, las condiciones de hacinamiento en los barcos cargados de esclavos, en los que sólo sobrevivían unos cuantos. Aunque la esclavitud debiera ser despreciada por cualquier mente ilustrada, su discurso era contradictorio.  Jefferson, como suelen hacer los políticos, adornaba con palabras sus discursos para convencer, pero durante toda su vida fue un gran esclavista.

Otra estrategia fue confiscar las tierras a los leales a la corona. La mayoría las repartieron entre los latifundistas, pero otras tantas, para ganarse el apoyo de los arrendatarios las fraccionaron y repartieron entre los campesinos, según Howard Zinn. Y la promesa de más tierras de los indios, más allá de las montañas, estaba en boca de todos y convencía a los blancos sin tierra, que querían labrar su destino, así fuera con despojos violentos.

Usaron algunos episodios para publicitar la insurrección. Por ejemplo, en la Masacre de Boston exageraron la molestia que causaban los soldados ingleses, y lo parcial que era la justicia inglesa. Todo para incentivar el odio hacia los ingleses. El Tea Party y StamAct servían para incentivar el desprecio hacia la corona. El panfleto de Tome Paine fue muy exitoso en su intento por desprestigiar. Uno de los recursos retóricos para hablar mal de la corona, era, por poner un caso, que Guillermo el Conquistador, el primer rey normando, era bastardo y que llegó de Francia con un ejército de bandidos a usurpar el poder.

La independencia

Cuando empezó a enlistarse el ejército, los más pobres fueron quienes engrosaron las filas, unos al lado de otros, mientras que sonaban los cañones y salía humo de los fusiles. Los ricos no tenían que prestar el servicio militar si pagaban, y según una investigación sobre el ejército de la independencia, los ilustres y distinguidos soldados, que fueron los primeros en vestirse para la guerra, duraban poco tiempo en las filas. Pero según Howard Zinn, cuando derrotaron a los ingleses, gracias al apoyo francés, los más ricos fueron quienes más se beneficiaron con la independencia.

Los que firmaron la independencia usaron a su nuevo país para beneficiarse económicamente. El Estado le permitió a los especuladores comprar tierras en el Oeste; la Independencia sirvió para desplazar a los indios, despojarlos de las tierras, y usar el Oeste como una válvula de escape para la inestable situación que vivían las colonias. Los fabricantes tuvieron aranceles que los protegieran de los productos de la industria inglesa. Los comerciantes ya no tenían que pagar sus impuestos.

Mientras tanto, la independencia no significó una transformación positiva para la mayoría de la población, según Zinn. Simplemente se sustituyó el gobierno de la corona, por el de la élite colonial. Las malas condiciones de los blancos pobres no se alteraron, no se abolió la esclavitud, además se legisló para permitir el despojo. En Nueva York, por ejemplo, les quitaron cerca de 800.000 acres a los mohawks, con lo que acabaron las relaciones amistosas que habían mantenido con la corona. Pero ese fue solo el principio de la campaña por el Oeste, que llevaría casi a la extinción a pueblos enteros.

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