Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/09/28 12:30

¿Nos dejará la inteligencia artificial sin trabajo?

Según pronósticos de la consultora McKinsey, para 2025 la automatización podría reemplazar a unos 250 millones de trabajadores en todo el mundo.

La inteligencia artificial podría tener un impacto negativo en América Latina. Foto: INGIMAGE.

Parece haber llegado la hora de la inteligencia artificial. A partir del éxito de sistemas como ‘Watson’ de IBM (el primero en ganar el juego Jeopardy contra rivales humanos) y más recientemente el programa ‘Amelia’ de IPsoft, la tecnología está precipitando cambios que pueden tener efectos de largo alcance sobre la naturaleza del empleo.

Según pronósticos de la consultora McKinsey, para 2025 la automatización podría reemplazar a unos 250 millones de trabajadores en todo el mundo. Mientras esto podría significar una reducción de tareas repetitivas y tediosas, también implicaría que, sin una formación complementaria, muchos trabajadores serán despojados de los medios y oportunidades para desarrollar nuevas habilidades o bien comenzar su propio negocio.

La mayoría de los análisis pone el foco en los sectores obvios: trabajos de línea, ensamble u otros rutinarios. Pero el impacto real iría más allá. Gran cantidad de profesiones –abogados, contadores, docentes y hasta médicos- serán transformadas.  Cualquier trabajo basado en la interpretación de datos predecibles puede ser reemplazado por la inteligencia artificial.

La tercerización también sentirá los efectos, pues los costos se reducirán en un 60 por ciento para 2017 a partir de estas nuevas tecnologías, según estimaciones de la firma Gartner.  De tal manera que menos empresas trasladarán estos costos fuera de sus países.

Esta situación ha despertado una enérgica conversación en los Estados Unidos. El libro 'Rise of the Robots: Technology and the Threat of a Jobless Future' ('El surgimiento de los robots: tecnología y la amenaza de un futuro sin empleo') del emprendedor Martin Ford llamó la atención de todo el espectro político. Algunas publicaciones como las revistas The Atlantic y Foreign Affairs trataron el tema en sus portadas más recientes.

Para Ford, un futuro definido por la inteligencia artificial es inevitable. “Un cambio fundamental en la relación entre los trabajadores y las máquinas cambiará definitivamente una de nuestras presunciones básicas sobre la tecnología: que las máquinas son herramientas que incrementan la productividad de los trabajadores”, escribió en su libro. “Sin embargo, son las máquinas las que están convirtiéndose en trabajadores, mientras la línea divisoria entre capital y trabajo se desdibuja como nunca antes”, añadió.

En la otra orilla del debate, se cuestiona si los robots serán alguna vez capaces de sustituir a los seres humanos: la creatividad, liderazgo y la resolución de conflictos son características que no se pueden reemplazar. Hay otros que señalan que las disrupciones generadas por efecto de este tipo de tecnologías no son nada comparables con la invención de la electricidad, la luz o el teléfono.

Esta conversación no ha tenido mucha cabida en América Latina, a pesar de que la inteligencia artificial podría tener un impacto negativo la región. Mientras el comercio se expandió en la década de los 90, gran parte de la industria textil latinoamericana viró hacia Asia. Este patrón podría repetirse con la automatización, si los call centers y el resto de la industria regional de tercerización de procesos (BPO por sus siglas en inglés) deciden que es más barato “volver a casa en los Estados Unidos.

No podemos saber aún si la inteligencia artificial exaltará los problemas de la humanidad, como aventuran algunos, o bien si será capaz de solucionar algunos de sus problemas más acuciantes, como los tecno-optimistas argumentan. Lo que está claro es que estas tecnologías provocarán cambios transformadores en todo el mundo, especialmente en América Latina. Los líderes de la región deben empezar a prepararse.

*Presidente de Kuepa, emprendedor y consultor internacional en temas de educación.

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