Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2016/10/24 07:00

La academia debe ser sostenible

Las instituciones de educación superior están llamadas a actuar con responsabilidad, ya no por una exigencia del entorno sino por coherencia con su razón de ser, que es ayudar a que nuestros estudiantes descubran su motivo y potencial de vida.

La academia debe ser sostenible Foto: Área Andina
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Semana Educación

El debate sobre la responsabilidad del sector académico ya está sobre la mesa. Tenemos que entender que para que una institución de educación superior sea sostenible, resulta indispensable que su gestión atienda por igual la excelencia académica y los impactos; además, a tres elementos fundamentales que son la creación de oportunidades sociales, económicas y ambientales.

Si bien algunos discursos sostienen que el hecho de ser educadores ya nos hace socialmente responsables, no podemos olvidar otros compromisos. Las instituciones educativas tienen que concebirse como organizaciones capaces y llamadas a entender y responder por nuestro impacto ambiental, laboral, comunitario, financiero y económico. En este sentido, corresponde armonizar la gestión administrativa con la académica, porque de lo contrario la tarea estaría incompleta. No podemos limitar la sostenibilidad a las aulas de clase, sin reflexionar sobre el comportamiento ético de la institución. Para lograrlo, tenemos que creer –de verdad– en la responsabilidad social, gestionada desde la alta dirección con transparencia y debida diligencia.

Por otra parte, se requiere implementar y contar con un Código de Ética y preocuparse por el bienestar de los empleados, mejorar las relaciones con los proveedores, tener una política clara de gobierno corporativo, gestionar los derechos humanos (no sólo en el salón de clases) y contar con unas finanzas responsablemente administradas.

Si la Institución de Educación Superior se convierte en un modelo de gestión, seguramente será una mayor autoridad moral y hará de sus empleados verdaderos educadores, que aporten hechos tangibles a la formación extracurricular de nuestros estudiantes. Y para hacerlo, ¿con qué herramientas contamos? Una es el Global Reporting Initiative (GRI), que sirve para que demos un paso adelante con nuestros informes anuales y cualifiquemos el contenido con sus indicadores. Esta iniciativa es la más importante a nivel internacional, en cuanto a reportes de sostenibilidad. Tan sólo 28 universidades en el mundo han hecho este ejercicio.

También, el Pacto Global de Naciones Unidas nos permite adherirnos su red, para que la academia llegue a una nueva dimensión desde donde es posible gestionar con claridad y evidencias los derechos humanos, el entorno laboral, el medio ambiente y garantizar la transparencia. Además, resulta necesario involucrar los Objetivos de Desarrollo Sostenible porque son un referente para la elaboración de proyectos en esta temática.

La última herramienta, creada por Naciones Unidas, son los Principios de Educación Responsable en Gestión de Pacto Global que hacen énfasis en los programas asociados con temas administrativos, que son llamados a gestionar las empresas; sin embargo, son susceptibles de implementarse con integridad en todas las instituciones.

Aunque breve el resumen, la invitación es directa: aceptemos el reto de ser sostenibles, con todo lo que ello implica.

*Lina María Téllez Marmolejo
Directora Nacional de Responsabilidad Social
Fundación Universitaria del Área Andina

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