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| 4/30/2015 10:00:00 AM

Fuerza laboral sin fronteras

La industria necesita personal capacitado para atender a las necesidades de los más altos estándares de calidad a nivel nacional e internacional. Pearson, Ecopetrol y el Sena se unieron para potenciar el recurso humano del sector petrolero.

Colombia ha vivido inmersa por varios años en procesos de modernización de su aparato productivo buscando mejorar su posición competitiva y la inserción internacional. Sin embargo, los avances en esta materia se han visto frustrados, en parte por la baja productividad laboral y el bajo desempeño del recurso humano, asociado con la falta de competencias adecuadas, certificaciones, entrenamiento o experiencia necesaria.

Para responder a estos desafíos el gobierno nacional, viene impulsando, a través del Ministerio de Educación Nacional, el diseño e implementación de Marcos de Cualificaciones y Sistemas de Transferencias de Créditos, con los que se pretende mejorar la pertinencia en el sistema educativo  y lograr el reconocimiento de saberes y aprendizajes de la población a lo largo de la vida.

El Sena, por su parte, ha avanzado en el fortalecimiento de sus programas vocacionales, técnicos y tecnológicos. La idea es que estos se ajusten a altos estándares internacionales y les permitan a sus aprendices aumentar sus posibilidades de incorporarse a la vida productiva y mejorar la movilidad laboral.

Por tanto es necesario que el país robustezca el sistema de aseguramiento de la calidad en formación profesional. Y que incorpore dentro de los esquemas de reconocimiento de saberes en la empresa, las certificaciones internacionales de la industria, como garantía de cumplimiento los más altos estándares y la pertinencia en la formación.

 “Si Colombia asume el reto de la educación terciaria de calidad, estará en niveles de cobertura cercana a los países desarrollados. Y, de paso, reconociendo a más de 1.300.000 jóvenes que cada año realizan estudios de formación profesional y que para el estado y la sociedad en su conjunto es como si no existieran, aunque su empleabilidad es superior al 85% y son la gran fuerza de trabajo de nuestro país”, señala un documento de de la Asociación Nacional de Entidades de Educación para el Trabajo y el Desarrollo Humano (ASENOF).

En este contexto, precisamente, se enmarca una valiosa alianza de trabajo entre Pearson, Ecopetrol y el Sena para cualificar internacionalmente en industria y construcción a los trabajadores del sector petrolero, entre auxiliares, técnicos y tecnólogos. Competencias con altos estándares, que les permite vincularse a megaproyectos en Colombia y en más de 120 países del mundo asociados a NCCER.

La importancia de las certificaciones, se traduce en valor agregado para el estudiante, pues cuenta con un reconocimiento sobre un saber ejecutado en unas competencias determinadas; así como en credibilidad, validaciones y oportunidades profesionales. En otras palabras, una especie de pasaporte para el trabajo.

Para Jaime Cortés, responsable de la división de cualificaciones de Pearson Internacional (LATAM), en parte, el interés de Colombia en la formación profesional se debe a que aquí, como en otros países de la región, se empieza a sentir la necesidad de ser más competitivos. En otras palabras, el apetito para alcanzar mayores niveles de productividad y los intereses para posicionarse como economía estable y competitiva, para asi atraer inversión extranjera;  están propiciando “una tormenta perfecta”. Una coyuntura con las sinergias necesarias para que economías  en vias de desarrollo que “quieren alcanzar mayores niveles de productividad puedan alcanzar aquellos de las economias  desarrolladas”, asegura.

En Colombia los beneficiarios con el modelo de certificación implementado por Pearson, Ecopetrol y el Sena, excede los 4.000 trabajadores. Uno de ellos es Nilson Palma, de 43 años, quien trabaja en Ecopetrol desde hace seis años. Él es especialista en construcción de andamios, un oficio que confiesa “lo hacía de una forma poco ortodoxa”. Como Ecopetrol empezó a exigir los respaldos para ejercer esta labor, cuenta que primero se certificó en el Sena, dado que este “es un arte empírico en Colombia”. Luego, a través de PEARSON/NCCER, se acreditó para trabajar también en otros países.

Otro buen ejemplo es Luzmila Godoy, de 52 años, una barranqueña que trabaja en el área de metalmecánica en la industria petrolera como “tubera”. Siempre le llamó la atención esta labor, por eso se capacitó en el Sena para ser Auxiliar en Tubería y Técnico en Mantenimiento Metalmecánico. Recuerda que su primer trabajo fue en la ampliación de la refinería de Cartagena, donde vive. “La certificación internacional fue un proceso muy interesante. Aprendí cómo trabajar con excelencia, y sobre seguridad”. “Lo mejor es contar con una certificación que me permite trabajar en cualquier parte del mundo”, afirma.

Estas experiencias no son muy son comunes todavía en el país. Existen todavía muchos sectores que aún no reconocen la importancia de apostarle e invertir en la profesionalización de la fuerza laboral.  Aquí también surge la pregunta de si estos procesos de cualificación con un enfoque en certificación de competencias podrían integrarse a la discusión que está teniendo el país sobre las rutas que debería tener una política educativa para el posconflicto, que garantice para los desmovilizados una verdadera incorporación a la vida civil y laboral.


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