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| 4/13/2014 2:30:00 PM

La educación del futuro: entender el cerebro humano

Las transformaciones que ha sufrido la sociedad ponen a prueba la manera cómo se enseña y se aprende.

SEMANA Educación presenta la primera de seis entregas en las que Germán Pilonieta, miembro de número de la Academia colombiana de pedagogía y educación, expone los fundamentos y las categorías de la educación del mañana.

La velocidad a la que cambia el mundo exige avances muy rápidos y asertivos de todos los sectores, y la educación no es la excepción. Para sobrevivir hay que adaptarse y cambiar, y por esta razón los paradigmas y postulados de la educación del pasado, así como los fundamentos y creencias tradicionales, están siendo reemplazados de manera muy rápida por avances científicos, tecnológicos, descubrimientos, y nuevas posturas respecto del futuro.

Ya no se trata de “remendar viejos conceptos” (innovaciones) ni de arreglar las sillas mientras el barco se hunde, (acreditaciones y certificaciones) . Los retos que se están imponiendo, obliga ubicarse desde diferentes perspectivas, dimensiones, y fundamentos conceptuales, pues solo así será posible concebir nuevos pensamientos y propuestas y sobre todo nuevos caminos desde los cuales se construyan verdaderos sistemas de dinámicas formativas.

Estas nuevas aproximaciones a la educación de futuro deben poder identificar los factores de vulnerabilidad de niños, jóvenes y adultos de las distintas comunidades y así encausar los esfuerzos y recursos en función de los nuevos diseños de formación que necesita el futuro de esas personas y de todas las demás.

Por ejemplo, la razón por la que existen fenómenos como la corrupción, la violencia, el crimen, el bullying, entre otros, deben ser abordados, no desde sus efectos nefastos, sino desde la estructura misma de sus paradigmas educativos. En este caso todas las instituciones deberían revisar sus concepciones y esquemas de formación. La verdad es que necesitamos nuevos paradigmas.

Uno de los factores que es preciso identificar, abordar y profundizar, es el que se ha venido construyendo desde las neurociencias, los estudios sobre cerebro humano, y el comportamiento de los individuos. Este, que es el primero de los cuatro factores que abordaremos en estas entregas, (neurociencias, bioética, economía e innovaciones disruptivas) es vital como referente de los nuevos procesos de formación, al tiempo que reemplazará a las viejas creencias, conjeturas y suposiciones (componentes de las viejas pedagogías).

La neurociencia cognitiva, que es la que se ocupa de los procesos de aprendizaje del cerebro, tiene su origen al comienzo del siglo XIX pero su fundación como ciencia no se dio sino hasta los años 1950, cuando preocupaciones conductuales, de lenguaje y comportamiento empezaron a ocupar las agendas de académicos pioneros como George A Miller y David Marr. Con los avances de esta ciencia, actualmente sabemos con determinada certeza lo que pasa cuando alguien aprende y la forma como se desarrollan las habilidades en los seres humanos.

Por tanto, aprender cambia de sentido, porque cambia de contexto. Aprender hoy es muy diferente de lo que fue ayer y es fundamental entender y comprender esto para eficazmente transformar los procesos de formación. No se puede obviarlo y seguir dictando asignaturas fragmentadas, inconexas y sin mucho sentido.

Aquí es cuando entra a jugar una de las categorías de la educación del futuro: la oportunidad educativa. Ésta tiene que ver precisamente con procesos formativos continuos, que permitan la estructuración cognitiva, con las condiciones internas de las personas, (los niños y los jóvenes) y con las condiciones externas o los factores que coadyuvan y conforman un todo formativo desarrollado con éxito.

Esta categoría de formación es la más significativa en la nueva educación de futuro. Todo gira alrededor de ella y ella gira alrededor de la autonomía, como antesala de la libertad. Las nuevas relaciones entre los diferentes agentes de formación se establecerán a partir de los avances de las neurociencias, pues ellas señalaran con cierta asertividad lo que hay que hacer para que la relación entre quien se forma y quien diseña los procesos y los acompaña, tenga sentido.

Esto y lo que sigue en las próximas entregas de esta sección, plantea un nuevo espacio de formación de los nuevos maestros quienes serán ya no solo profesores, sino formadores. El nuevo maestro formador del futuro surge y se forma desde nuevos fundamentos, procesos y métodos, y establecerá otro tipo de relaciones con quienes se forman.

Queda mucho camino por recorrer en esta sección que nos va a plantear retos apasionantes a los cuales estamos invitando, no solo a acompañarnos en la reflexión, sino fundamentalmente a hacer parte real y activa por medio de la conformación de equipos de investigación en las instituciones que estén ya convencidas que es preciso caminar de manera productiva y contundente por otros caminos, los caminos del pensamiento divergente y de la educación de futuro. Queda abierta la invitación.

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