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| 5/30/2014 12:00:00 AM

La ruta de la calidad

Jaime Niño Díez, exministro de educación, propone un camino de cinco puntos para transformar la educación nacional.

Entre nosotros, la pobreza y la exclusión han sido frutos de la desigualdad social por los altos niveles de concentración de la riqueza, reforzada en los años 90 por la desregulación de todos los mercados. Pero no podemos volver al falso dilema de los años 60 cuando coreábamos que “solo cambiando el sistema cambiará la educación”.

Tampoco podemos caer en el “optimismo pedagógico” de creer que la escuela puede compensar las graves carencias sociales que caracterizan a la sociedad colombiana.

Por eso, en estas condiciones de agudas desigualdades sociales, no se puede esperar que el promedio del resultado de nuestros estudiantes en las pruebas PISA -desde la mejor educación privada hasta la más precaria educación pública, desde la educación de las ciudades hasta la de las zonas más apartadas, desde la educación de la población de estratos medios y altos hasta la de la población en pobreza y en miseria- sea similar o cercano al promedio obtenido por los estudiantes de países mucho más equilibrados e igualitarios socialmente, como es el caso de los países desarrollados, por ejemplo, Finlandia

Igualmente, cuando todos reconocen que las diferentes formas de violencia, guerra, narcotráfico y procesos de descomposición social en más de 500 municipios del país impactan severamente la vida de las personas, la cohesión social, la economía y los avances de diferentes grupos de población, no se puede ignorar que esta profunda crisis social también está haciendo un grave daño en la vida escolar, en los ambientes de aprendizaje, en el trabajo de los maestros y por supuesto, en los resultados de los estudiantes.

Es necesario, por lo tanto, entender que todo sistema educativo, que toda propuesta pedagógica y sus estrategias, deben ser concebidas y evaluadas en función de las características del escenario social donde se desarrollan y de su capacidad para garantizar una educación de calidad para todos en ese contexto.

Por ello, si el principio de equidad es que todos los niños, niñas y adolescentes deben completar una educación básica de calidad, deben entonces estructurarse los servicios educativos, sus estrategias y recursos de modo que las prácticas pedagógicas de la escuela, de sus maestros, se ajusten y sean capaces de reducir en parte las brechas entre los diferentes grupos sociales.

Por estas razones, y con fundamento en diversos estudios, análisis de expertos y opiniones de distintos actores de la educación, creemos que la ruta de la calidad en educación que deberá recorrerse durante una o dos décadas de esfuerzos continuos, comprenderá, si hay la claridad y determinación del Estado y de la sociedad civil.

Así:

a- Mejorar significativamente la calidad en la formación de los maestros

Para esto es necesario impulsar la reestructuración de los Planes de Estudio en la formación de maestros en las facultades de Educación y en las Normales Superiores, asegurando el desarrollo de sus competencias para pensar, interpretar, argumentar y aplicar, tomando la Pedagogía como la disciplina fundante de la profesión y la investigación educativa y la práctica como sus ejes esenciales; y atraer a la profesión a los mejores bachilleres con incentivos, salario mínimo profesional, salario inicial, beneficios de retención, proyectos de investigación y postgrado y reconocimiento social.

b- Promover permanentemente el buen clima institucional

Como lo señalan diferentes estudios, esta variable es una de las que más influye en los aprendizajes de los estudiantes.

El buen clima es aquel conformado por la vivencia de una escuela bien organizada y ordenada, activa y práctica, con un ambiente sano y seguro, estimulante y creativo, agradable y alegre; con relaciones de respeto en medio de la diversidad, con capacidad de resolución de conflictos, con confianza, colaboración y afecto; donde los estudiantes disfrutan aprendiendo y los maestros guiándolos y enseñándoles.

c- Dar apoyo pedagógico y acompañar al plan de estudios o currículo de la escuela

A partir de la Ley General de Educación, o Ley 115, de 1994, el Ministerio de Educación abandona el rol de diseñador de un Currículo Único Nacional que todas las escuelas de primaria y colegios de secundaria debían aplicar y administrar en forma prácticamente homogénea, y asume el papel de orientador y facilitador para que cada uno construya su Proyecto Educativo Institucional-PEI y su Propuesta Curricular, de acuerdo con los Lineamientos Curriculares y los Estándares Educativos expedidos por el Ministerio.

Estos debían convertirse así en los referentes de la calidad educativa. Pero esto implicaba que las Secretarías de Educación departamentales, distritales y municipales se volcaran con equipos de profesionales en educación a acompañar los trabajos de construcción de la propuesta curricular de cada escuela y colegio de su jurisdicción, y que a su vez el Ministerio hiciera lo propio con dichas Secretarías de Educación, brindándoles acompañamiento técnico-pedagógico para la formación de esos equipos. Aunque en estos 20 años se han hecho esfuerzos en esta dirección, creo sin embargo que han sido discontinuos y muy insuficientes.

d- Asegurar y fortalecer el liderazgo pedagógico del rector

La pedagogía es el eje central del trabajo escolar, el articulador de los procesos de cambio escolar que garantizan que en medio de sus diferencias los niños y niñas aprendan y desarrollen su personalidad, sus proyectos de vida, su capacidad de convivencia y sus competencias.

Por eso el rector no puede ser simplemente el maestro que tiene tiempo para administrar ni solo un buen gerente, sino aquel que integra y articula la buena administración institucional y de los recursos de la escuela con la gestión y liderazgo de los procesos pedagógicos. Es necesario dar el paso entre la rectoría de un maestro simplemente con tiempo disponible y el nombramiento de un rector con capacidades y competencias de liderazgo pedagógico para una gestión integral de la escuela o el colegio.

e- Restablecer la jornada escolar completa

A mediados de los años 60, ante la acelerada urbanización, el Gobierno Nacional comenzó a tomar decisiones para hacer un uso más intensivo de la infraestructura escolar.

Al finalizar la década se programó en ellas una doble jornada de cinco horas cada una, en la mañana y en la tarde, para dos grupos diferentes de estudiantes. Programó hasta la triple jornada, incluyendo la noche para un grupo de educación media nocturna o de educación de adultos. De esta manera se redujo en forma sustancial el tiempo de ocho horas diarias para el trabajo escolar en la educación pública, creándose así una desventaja significativa para sus estudiantes. Por esto, es necesario devolverles su jornada completa y aprovecharla adecuadamente en su formación integral.

* jaimeninodiez@gmail.com
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