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| 5/23/2014 4:00:00 PM

¿Para qué el inglés si todavía ni hablamos español?

Julián De Zubiría, Fundador y Director del Instituto Alberto Merani, cuestiona la política nacional de bilingüismo.

Existe un consenso casi generalizado en la población colombiana sobre la conveniencia de adoptar el bilingüismo como política pública en la educación actual. El inglés es una lengua universal y no hablarla, escribirla, entenderla y leerla –señala la mayoría de sus paladines– deja a los trabajadores en una situación de clara desventaja frente a quienes logran su dominio. De allí –sostienen– que es indispensable que un trabajador que aspire a ascender, viajar y proyectarse nacional e internacionalmente domine esa lengua a un nivel competitivo.

Brevemente vamos a argumentar por qué, desde el punto de vista pedagógico, nos parece una opinión en general equivocada, desafortunadamente adoptada como política oficial por el MEN en 2004. Al hacerlo, esta entidad no tuvo en cuenta las necesidades más amplias de la población y desconoció prioridades más apremiantes en la educación de los jóvenes colombianos.

Según el estudio mundial de desarrollo de competencias en la escuela, conocido como PISA y aplicado a jóvenes de 65 países en el mundo nuevamente durante el año 2012, en Colombia menos del 1% de los estudiantes alcanza los niveles más altos de comprensión lectora a los quince años de edad (niveles 5 y 6).

Por el contrario, el 82 por ciento de los estudiantes colombianos de este grupo etáreo está en el nivel 2 o en un nivel inferior a éste. Lo anterior quiere decir que, después de diez años de escolaridad, hay un retraso generalizado en el país en la comprensión lectora alcanzada por niños y jóvenes.

Los resultados obtenidos por nuestros estudiantes en pensamiento y lenguaje en las pruebas nacionales muestran un panorama aun más grave. La mayoría de ellos tiene serias debilidades para interpretar, argumentar y deducir, según se desprende de los resultados de las pruebas Saber Once.

Es así como para los egresados de la educación media de 2013, menos del 1 por ciento llega, en lenguaje, a un nivel alto en argumentación y menos del 2 por ciento alcanza ese nivel en competencias propositivas o interpretativas. ¡Peor panorama no sería posible!

A nivel valorativo, los seguimientos, estudios e investigaciones no dejan de preocupar. Es así como cerca del 60 por ciento de los estudiantes de 5º y 9º grado expresaron en las pruebas de competencias ciudadanas que no sienten pesar cuando han tratado mal a otras personas.

Así mismo, y según los estudios de cultura ciudadana dirigidos por Mockus, el 35% de los estudiantes bogotanos evaluados se podía clasificar como anómicos, es decir, como individuos que privilegian el beneficio propio a costa del bien y el espacio común.

Para el año 2014 tendremos información general del país respecto al nivel alcanzado en competencias ciudadanas dado que el ICFES las incluyó por primera vez como área a evaluar, pero de antemano podemos prever que posiblemente los resultados ratifiquen los problemas ya previamente detectados en las diversas pruebas realizadas hasta el momento.

Educar es, en esencia, elegir. Como hay miles de propósitos por abordar, la tarea más importante en educación es determinar cuáles serán los fines y propósitos que como sociedad y como institución debemos privilegiar.

¿Cuáles son los más pertinentes para la sociedad, para la región y para los individuos? Por ello, cabe preguntarnos si será que, con los resultados anteriormente expresados, el MEN acertó al elegir como una de las prioridades educativas del país alcanzar mayores niveles de dominio en una segunda lengua.

¿Qué sentido tiene que adoptemos la enseñanza obligatoria de una segunda lengua cuando en la primera no se obtienen los mínimos niveles de comprensión lectora y cuando tampoco se alcanzan los mínimos en desarrollo del pensamiento y en competencias éticas?

Diez años después de adoptado el bilingüismo, el resultado no puede ser más desfavorable. Como las horas de inglés hay que sacarlas de algún lado, en la práctica se han reducido las de lenguaje. Y llevamos diez años seguidos en que los resultados de lenguaje, que ya eran bastante bajos en el 2004, han mostrado una tendencia a la caída.

En los colegios del calendario A, los resultados de lenguaje del 2012 son inferiores a los obtenidos en todos los años del periodo entre el 2000 y 2004, ¡cuando no se había adoptado el bilingüismo!

Aprehender una lengua es aprender una lógica, una manera de pensar y de organizar el pensamiento. De lo que se deriva que mientras no se trabaje adecuadamente la relación pensamiento-lenguaje serán insuficientes todos los esfuerzos que se realicen para que los estudiantes aprehendan una segunda lengua.

Ojalá el país y el MEN entiendan que la prioridad del país, por ahora, no podrá ser que los jóvenes hablen una segunda lengua. La prioridad educativa del país es garantizar que los niños en los colegios aprehendan a pensar, interpretar y convivir. Y cuando logremos los niveles de argumentación, interpretación y deducción en español, podremos pensar en buscarlos en una segunda lengua. Los resultados no admiten duda, como no la admite la tesis que don Agustín Nieto Caballero formuló en 1956:

“Una escuela que no educa con miras al fortalecimiento de la personalidad y al despertar de la conciencia ciudadana, es una escuela que traiciona su misión.”

En Colombia, hasta ahora, la mayoría de escuelas ha traicionado su misión.

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