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| 9/7/2015 6:00:00 PM

El MIDE quedó en deuda con las universidades regionales

Decir que la Universidad Popular del Cesar es una de las peores del país y que el Modelo de Indicadores del Desempeño de la Educación (MIDE) ratifica eso, es mirar las cosas desde un solo ángulo.

Ya ha llovido abundante agua sobre el río de noticias acerca del Modelo de Indicadores del Desempeño de la Educación (MIDE), que busca medir el comportamiento de 187 instituciones de educación superior. Francisco Cajiao, Moisés Wasserman y muchos más han opinado sobre el tema. Este es mi análisis.

Cuando regresé a vivir a Valledupar, hace algo más de diez años, pensaba que la Universidad Popular del Cesar (UPC) era un centro universitario de pueblo, de provincia, cooptada por la politiquería y de muy baja calidad. Pensaba que no iba a encontrar allí nada que valiera la pena. Dios y la vida le dieron un vuelco enorme a mi existencia cuando, por un accidente laboral, terminé de catedrático en la UPC.

Mucho de lo que soy hoy profesionalmente se lo debo a mi paso por la Academia, que arrancó, precisamente, en la UPC. Allí encontré a César Torres, un PhD en Óptica de la Universidad de París, quien ha logrado que sus alumnos del programa de ingeniería electrónica tengan una alta valoración en el mercado laboral. También encontré a Johny Meza Orozco, autor del libro de matemáticas financieras más utilizado en las universidades colombianas. Y, obviamente, entendí que la UPC tenía muchas cualidades pese a ser de provincia.

Sé que la Universidad Popular del Cesar está cooptada por la politiquería y el clientelismo. Los últimos tres rectores han dejado una estela de corrupción que ya llegó a oídos del Ministerio de Educación y a los entes de control. La vulgar y cochina forma en que se manejó la última consulta estamentaria para escoger rector muestra lo importante que es para los políticos una institución que permite contratar semestralmente, como catedráticos, a más de 1.000 profesionales de la región.

No hay una sola empresa pública o privada que pueda hacer eso en el Cesar, aparte de la UPC. Ni siquiera la multinacional Drummond, que lo que más necesita y contrata son operadores de maquinaria pesada, técnicos diésel y soldadores. Esperamos que el rector recién llegado, Carlos Oñate Gómez, profesor de tiempo completo y de toda una vida ligado a la UPC, luche por rescatarla del fango en el que se encuentra.

Soy consciente de que los indicadores de algunas universidades del Caribe se están inflando con posgrados de pésima calidad de universidades de Maracaibo (Venezuela). Imagínense ustedes, apreciados lectores, doctores y pos doctores que no hablan inglés. Pero allí están los títulos que sirven para cualificarlos, para mejorar los salarios y para engrosar los indicadores de calidad de las instituciones de educación superior (IES). ¡Qué le vamos a hacer!    

No obstante todo lo anterior, decir que la UPC es una de las peores universidades del país y que el MIDE ratifica eso, es mirar las cosas desde un solo ángulo. Moisés Wasserman se atreve a respaldar a la Universidad del Tolima que queda incluso por debajo de la UPC, cuando muchos creíamos que esa institución estaba mucho mejor.

Respeto mucho al Profesor Moisés Wasserman pero él, como ex rector de la Universidad Nacional, y Francisco Cajiao, como asesor del Ministerio de Educación que ha sido, saben que una de las inequidades del Sistema Universitario Estatal (SUE) es la desproporción de recursos que le gira la Nación a la universidades públicas. Creando así, de facto, IES de primera, segunda y tercera categoría. La Universidad Nacional recibe del gobierno cerca de 9.500.000 pesos anuales por estudiante; la Universidad de Antioquia, 5.500.000 pesos y la UPC apenas 1.800.000 pesos.

Dirán los expertos que hay unos criterios técnicos para esos giros pero no pueden dejar de reconocer que se hace muchísimo menos con 1.800.000 pesos por estudiante al año que con 9.500.000 pesos.

Ahora bien, ¿girar una cifra promedio a todas las universidades públicas sería la solución? No, no es porque, como lo decíamos antes, muchas de las universidades públicas están cooptadas por la politiquería. El MIDE no mide, por ejemplo, la calidad de los miembros del Consejo Superior Universitario (CSU) de las universidades. Miembros que, en el caso de las universidades públicas, son elegidos a través de un forcejeo político regional y desde allí nace mucha de la corrupción del sector universitario del Estado.

Si el Estado quiere mejorar la instituciones de educación superior públicas tiene que comenzar por reformar la Ley 30 y establecer estrictos controles a la selección de dignatarios a  los CSU. No se puede permitir, por ejemplo, que en representación de los gremios llegue alguien que lo único que había hecho hasta ese momento era vender ropa interior.

Sí, hay que medir y medirse con los demás pero que sean nuestros pares. No podemos medirnos con un Goliath.

*Emprendedor e investigador. ?Gestor del Puerto Digital de Valledupar (@puertodigital).
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