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| 9/9/2015 2:00:00 PM

Los Rohingyá, otro drama de desplazados

En Myanmar se vive una tragedia humanitaria que impide la educación de miles de niños.

Los Rohingyá son un grupo étnico que hoy carece de identidad. Descendientes de comerciantes árabes han vivido durante siglos en la nación asiática de Myanmar (antes Birmania). Sin embargo, este país les niega la nacionalidad y los considera inmigrantes de Bangladesh, territorio que, a su vez, tampoco los reconoce como ciudadanos.

En esta encrucijada se encuentran los Rohingyá desde 1823. La etnia originalmente musulmana ha sido perseguida en Myanmar por los extremistas budistas que constituyen la mayoría de la población y que están empeñados en hacer una limpieza étnica. Actualmente, el gobierno de Myanmar está regido por una dictadura militar que no acepta la diversidad religiosa.

Según la ONU, existen aproximadamente 700.000 desplazados Rohingyá en el país asiático. Sin embargo, apenas 32.000 tienen estatus de refugiados. Lo que les permite acceder a beneficios humanitarios como educación, comida y vivienda. Quienes están inscritos en el programa oficial de educación solo pueden cursarlo hasta los doce años. Por eso, muchos deciden emigrar a otros países o incurrir en actividades delictivas.

Los asentamientos de Rohingyás desplazados “no refugiados” son aldeas  con una gran cantidad de niños que no acceden a la educación. Se estima que hay entre 150 y 200 mil menores. En vista de la situación algunos extranjeros a título personal se han apropiado del problema. En las diferentes comunidades dan clases a los niños.

A pesar de los esfuerzos, muchos quedan al margen de la educación. Las Madrazas o escuelas coránicas son institutos religiosos musulmanes gratuitos donde reciben clases de  bengalí y matemáticas. Sin embargo, la gran mayoría de niños desertan cuando les ofrecen algún tipo de trabajo y pueden ayudar en sus hogares.

La mayor preocupación de las autoridades de Bangladesh radica en que la educación no oficial de estas madrazas puede ser una amenaza. La religiosidad extremista musulmana, que se imparte en este tipo de escuelas, va en contra de la diversidad de credos.

Lo cierto es que cada vez esta comunidad encuentra menos espacio para sobrevivir. Se han convertido en el dolor de cabeza de los gobiernos asiáticos y en su lucha muchos han recurrido al trabajo infantil.
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