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| 5/8/2015 2:00:00 PM

S.O.S Maestros

Los maestros, más que muchos otros factores, son un elemento determinante en la buena calidad de la educación. Por eso, en su mes #GraciasProfe

Sin importar si el colegio es público, privado o en concesión, si es urbano o rural, debe darle a sus estudiantes el conocimiento y herramientas para vivir bien y hacer buenas contribuciones a la sociedad. Desafortunadamente, esta no es la realidad en Colombia. Una educación de buena calidad es aquella que permite salir de la pobreza y cambiar el curso de la vida.

Sin embargo, la brecha en calidad entre los colegios es todavía supremamente grande y esto perpetúa la inequidad. Un coeficiente de Gini en 55,6 (indicador de desigualdad que varía entre 0 y 1), aún tan distante del 0 de máxima igualdad, evidencia esta preocupante situación en nuestro país. Según escribieron los académicos Ludger Woessmann y Eric Hanushek, dedicados al análisis económico en temas de educación, dada una cobertura total, ofrecer una educación de calidad para todos tiene el poder de cambiar esta desigualdad y mejorar la economía del país. No obstante, esto requiere del compromiso de toda la sociedad.

Hay muchos factores que afectan la calidad de la educación y el desempeño académico de los estudiantes. La acción más efectiva para mejorar los resultados de los estudiantes es proveerles un profesor de buena calidad. Académicos como Hanushek y Dan Goldhaber, director del Centro para la Educación, datos e investigación, han determinado que un buen maestro es más importante que otros factores como libros más nuevos, tecnología y número de estudiantes en el salón.

El reporte de la Fundación Compartir de 2014, por ejemplo, presenta con optimismo cinco ejes para la excelencia docente. Otros tienen una visión más sombría. En una entrevista que le hizo Juan Gossaín al profesor Jorge Ramírez Vallejo de la escuela de negocios en Harvard en El Tiempo, el maestro culpa la mala educación en la baja calidad de los profesores y explica que “tendremos que esperar 25 años más para que se retire el último de los profesores del estatuto antiguo”.

Todos tienen una versión, pero no brindan esperanza para la educación de hoy. Sí, hay que mirar a futuro cómo se formarán los profesores, se atraerán los mejores candidatos y se les remunerará, pero ¿y los de hoy? ¿Qué estamos haciendo para dar más apoyo a los profesores (y así a los estudiantes) que están en los colegios más pobres? Si no respondemos a estas preguntas, el país sí perderá 25 años más de potencial no realizado.

Enseñar es difícil. Muchos entienden el valor que un profesor puede tener en la vida de sus estudiantes, pero no todos entienden la complejidad de la profesión. Unos educadores, con mucha razón, han comparado el papel del profesor con el personaje mitológico de Sísifo, cuyo castigo era empujar una piedra inmensa a la cima de una colina todos los días, solo para que la piedra bajara cada noche. Los profesores asumen un trabajo semejante. Es una extensa jornada laboral, el trabajo nunca termina y siempre hay más por hacer. Y para las regiones más pobres del país los retos se multiplican exponencialmente.

Todos tuvimos un profesor que impactó nuestras vidas. El profesor que nos enseñó a amar una materia, a trabajar duro o a compartir con los demás. Todavía recordamos el nombre de ese profesor. Recordamos cómo hicimos todo para comportarnos bien en su clase, y lo bien que nos sentimos de estar allí. Lo que no recordamos, porque lo más probable es que no nos hayamos dado cuenta, es todo lo que ese profesor hizo tras de bastidores para ser excelente en su trabajo.

Es fácil acordarse del maestro que dejó una marca indeleble en nosotros. Sin embargo, mientras el tema de educación crece en importancia, archivamos estos recuerdos y nos enfocamos en las deficiencias y, con demasiada frecuencia, culpamos a las personas que han dedicado su vida al difícil y perpetuo reto de preparar para el futuro a nuestros jóvenes. En cada rincón del país hay profesores que dan todo lo que tienen a sus estudiantes, que se convierten en buenos recuerdos. En muchos casos eso no resulta en una educación de la mejor calidad, y me atrevo a pensar que es más porque el conocimiento, los recursos y la capacitación que requiere este profesor son difíciles de obtener, y no porque los profesores no quieran educar al mejor nivel.

Debemos entender el papel del profesor y sus retos y buscar maneras para proveerlo del apoyo, herramientas y ánimo necesarios para ser quienes cambien las vidas de nuestros estudiantes. En lugar de atacarlos, las comunidades y la sociedad deben apoyarlos. Los maestros necesitan recordar el poder que tienen para hacer una diferencia en las vidas de sus estudiantes. Incluso los mejores pueden perder el ánimo en un sistema roto en el que todo trabaja contra ellos. Los profesores son el factor más poderoso y determinante en el desempeño estudiantil. Si cambiamos su situación también podemos cambiar el futuro de Colombia.

¿Quiere saber más?
El coeficiente Gini es el índice más popular para medir la desigualdad, pero también uno de los más polémicos por los criterios que toma en cuenta. Su creador, Corrado Gini, también es un personaje controvertido porque además de sociólogo, demógrafo y estadista, fue un influyente teórico fascista.


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