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| 6/23/2017 7:00:00 AM

Los genios que fueron malos estudiantes

Tener dificultades en el colegio no significa tener un futuro malaventurado. Si no, que lo digan estos grandes pensadores de la historia a quienes el estudio les quedaba grande.

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Semana Educación

Muchas de las grandes mentes de la humanidad fueron también malos estudiantes. De grandes genios de las ciencias naturales, hasta artistas de todo tipo tuvieron problemas en el estudio.  Evariste Galois, a quien le debemos el álgebra moderno, perdió dos veces los exámenes de acceso a la Escuela Politécnica de París; Miguel de Unamuno, autor de Niebla y La tía Tula, suspendió la asignatura de Literatura, y la Escuela Superior de Música de Milán no aceptó al compositor italiano Giuseppe Verdi porque adoptaba una postura incorrecta de las manos sobre el piano, por ejemplo.

Pero eso no los detuvo llegar a los libros de historia. Estos son algunos de los genios más representativos que tuvieron malas notas.

El caso más famoso es seguramente el de Albert Einstein, de quien se dice tenía malas notas en matemáticas. El famoso físico que revolucionó el entendimiento del espacio y el tiempo es reconocido como el hombre más inteligente de la historia, lo que quizás explique la popularidad del mito de que fue un terrible estudiante. Esa parte, en cierto sentido, era verdad: cuando tenía 5, Einstein le tiró una silla a su tutor porque no soportaba su estilo de enseñanza. Además, en su colegio, los maestros se quejaban mucho de él. Uno de ellos incluso escribió: “este chico no llegará nunca a ningún sitio”.

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La verdad, tampoco es que fuera pésimo estudiante. De hecho, en algunas áreas, las que le interesaban, particularmente física, química y (contra lo que dice la leyenda popular) matemáticas, sacaba siempre ‘Excelente‘. Pero las asignaturas que no le gustaban era otra historia. El físico luchó con la geometría y el francés, y de hecho perdió su primer examen de ingreso en la Escuela Politécnica de Zurich por estas materias. Además, sus profesores se quejaban de que era demasiado lento, algo irreverente y que no podía memorizar nada.

Peor fue el caso de Winston Churchill, el reconocido primer ministro británico, quien tuvo muchos problemas con la escuela. Repitió un grado en primaria y le tomó más tiempo que a los demás estudiantes de su promoción graduarse del internado. También perdió dos veces el examen de ingreso a la Academia Militar de Sandhurst. Churchill incluso dejó su aversión a la educación inmortalizada en una de sus célebres frases: “Siempre me ha gustado aprender. Lo que no me gusta es que me enseñen”.

De Thomas Edison dijo un profesor que era “demasiado estúpido para aprender nada”. Según contaba el genio detrás de la bombilla eléctrica, la máquina de escribir y el fonógrafo, entre otros inventos, su padre lo consideraba tonto y él casi creía que era verdad. Lo expulsaron 3 veces de la escuela, hasta que su mamá, una maestra de escuela, decidió retirarlo de la educación formal y encargarse de él en su casa. A Edison nunca le agradaron las matemáticas y las teorías le eran indiferentes; lo suyo era la práctica. Y la fórmula le dio resultado: A su muerte, el inventor estadounidense dejó con sus más de 2.000 patentes registradas.

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Otro genio que fue un dolor de cabeza para su familia fue Charles Darwin, quien escribió en su autobiografía: “era considerado por todos mis maestros y mi propio padre un chico bastante regular, más bien por debajo del estándar común de intelecto”. Su padre, Robert, era un exitoso médico en Shrewsbury, Inglaterra, y quería preparar a su hijo para que siguiera sus pasos en la misma carrera. Pero el joven Darwin prefería pasar su tiempo cazando y recolectando insectos.

Al final, Darwin no sirvió para la carrera médica -abandonó sus estudios en la Universidad de Edimburgo, jurando nunca volver, por su aversión a la sangre y los gritos de las cirugías-  y acabó estudiando letras en el Christ’s College de Cambridge. Y tanto tiempo que ‘perdió’ en su pasión por los animales dio fruto cuando en 1859 publicó El origen de las especies, planteando el fundamento de la evolución biológica.

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Y Darwin no es el único estudiante mediocre al que le debe bastante la ciencia. Al inventor del método de pasteurización se le daba muy mal las asignaturas de química y matemáticas en el colegio. Louis Pasteur era un alumno de bajo promedio, con más aptitud para el arte que para las ciencias naturales cuando estudiaba en la escuela secundaria de Dole, su pueblo natal, en Francia. Cuando quiso estudiar ciencias en 1842 en la Escuela Normal de París, falló el examen de ingreso, y le tocó esperar dos años más para volver a intentarlo.

Felizmente para la historia de la humanidad, Pasteur logró ingresar y varios años después descubrió la existencia de pequeños microbios infecciosos en bebidas como la leche y que se podían matar calentándose a una temperatura controlada.

Otro caso similar es el de Sir John Gurdon , quien a sus 15 años sacó la peor nota en biología de los 250 alumnos de su grado en el Eton College, de Inglaterra. 64 años después, este biólogo británico recibió el premio Nobel de medicina de 2012 por descubrir la capacidad de  obtener células madre a partir de células adultas. Pero en su niñez, Gurdon tenía un rendimiento académico lejos de esperable. De hecho, su profesor de biología escribió en 1948 que “su trabajo es lejos de satisfactorio. [...] No escucha, insiste en hacer las cosas a su manera [...] Tengo entendido que tiene la idea de volverse científico. Por lo que ha mostrado, sería algo ridículo. Si no puede aprender los hechos biológicos más sencillos, no tiene la menor oportunidad de hacer el trabajo de un especialista”.

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