Sábado, 1 de octubre de 2016

| 2016/09/22 07:00

¿Cómo educar para el trabajo?

Semana Educación entrevistó a Enrique Deibe, experto en relaciones del trabajo en la Universidad de Buenos Aires, sobre la relación entre la formación y el mercado laboral.

¿Las instituciones de educación superior están formando para el trabajo? Foto: Juan Pablo Gómez
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Semana Educación

Cuando los gobiernos, desde el siglo XIX decidieron ofrecer educación pública y laica, tuvieron que preguntarse, para qué educaban a los jóvenes. Solo después de responder a esa pregunta, podrían trazar directrices para la formación.  La conclusión a la que casi todos los gobiernos, Germán Darío Hernández Rojas, asesor pedagógico del Centro de Innovación Educativa de la Universidad Nacional y del Ministerio de Educación Nacional, era que formaban para el mercado laboral. Desde entonces, las necesidades para el mercado laboral han cambiado, los empresarios requieren competencias blandas, creatividad, y competencias socio emocionales.

Entonces, para contribuir en una discusión constante, que se ha retroalimentado con los años, Semana Educación entrevistó con Enrique Deibe, experto en relaciones del trabajo en la Universidad de Buenos Aires y con Rob Stowell, experto en educación y asesor empresarial, sobre la relación entre la educación, la formación y el mercado laboral.

Semana Educación: ¿Desde su experiencia en el Ministerio de Empleo de Argentina, cómo se debería formar para el mercado laboral?

Enrique Deibe: Cuando hablamos de formación profesional, no estamos hablando exclusivamente de educación universitaria. Estamos hablando de formación para el trabajo, y esta debería vincular a la educación con el mercado laboral, con las necesidades de la producción y la disponibilidad de empleo. No tanto de la formación escolástica y académica. No se trata de desconocer este tipo de formación, solo reconocer que la formación profesional está más cerca de las necesidades de la producción; mientras que el mundo de la academia es más cercana al desarrollo profesional.

S.E.: ¿Cómo ha sido el desarrollo de las ingenierías en Argentina y Uruguay?

E.D.: Desde hace unos años, se le ha dado mucha importancia al desarrollo de las ingenierías en Argentina y Uruguay, relacionado con el desarrollo económico de los últimos años. La región ha crecido de una manera sostenida e importante. Y eso ha creado la necesidad de dar respuesta a otro tipo de materias productivas. Sin embargo, la región tampoco ha logrado salvar la brecha de generar una matriz productiva más vinculada a la industria, a las sustitución de importaciones, y sigue muy dependiente de las economías primarias, que de alguna manera limitan la posibilidad de desarrollarse de una manera más sostenible. Han sido diez años importantes en indicadores económicos, sociales, de empleo, y la formación profesional ha recuperado un protagonismo, importante en esa materia, pero todavía quedan algunos saldos de la región que no han sido cubiertos.

S.E.: ¿Cuáles las mayores necesidades en materia educativa de los países del cono sur?

E.D.: Muchos países están preocupados por los estándares educativos, en los que la educación básica no está muy bien clasificada en las pruebas internacionales. En cuanto a la universidad terciaria y la educación universitarias está el dilema de si las instituciones deben orientarse hacia las carreras técnicas y tecnológicas, vinculadas a la producción y al desarrollo industrial. En mi opinión, es clave el proceso de cambio tecnológico, innovación, nuevas necesidades del trabajo, para dar respuesta a lo que el mercado necesita, incluyendo las competencias socioemocionales y las competencias blandas, que hoy reclaman los empresarios.

S.E.:  ¿Cuáles son las principales funciones de Cinterfor?

E.D.: Cinterfor es un centro especializado de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), creado hace 52 años, después de una reunión en la que los ministros de trabajo de la OEA le piden a la OIT que cree un centro que permitiera el intercambio de información, documentos, y conocimiento entre los países. El objetivo era discutir sobre la formación, en un momento en el que las naciones estaban en proceso de industrialización creciente, y requerían formación profesional específica para los puestos de trabajo. Así nace Cinterfor. Y durante todos estos años, se ha convertido en un centro regional que atiende 27 países de América Latina y el Caribe, que tiene como misión fundamental ser un centro de documentación, de desarrollo del conocimiento y de asistencia técnica y de cooperación entre los países. De igual manera, mejora la sostenibilidad de las empresas y en ese marco nuestra tarea es estar muy cerca de las instituciones, promover seminarios, talleres, para conectar al mundo de la formación.

Semana Educación: Cuéntenos usted, Rob Stowell, experto en educación y asesor empresarial, ¿cómo es posible estructurar la educación técnica con los sectores productivos?

Rob Stowell:  La educación y los sectores productivos pueden trabajar juntos para asegurar que Colombia pueda acceder a una fuerza de trabajo, que aumente la productividad, y que haga que el países sea más competitivo internacionalmente. Sin embargo, uno de los grandes problemas que veo es que hay un divorcio entre la industria y la educación: el sistema educativo no está resolviendo las necesidades del mercado ni ofreciendo oportunidades laborales. Para resolverlo, hay que construir puentes entre la educación y el mundo laboral; hay que crear enlaces para facilitar la transición, para que sea más fácil moverse desde el mundo del trabajo al sistema educativo. Por otra parte, establecer puentes tiene también grandes implicaciones para las personas que ya hacen parte de la clase trabajadora, porque con los cambios rápidos tecnológicos, tienen que desarrollar nuevas habilidades y actualizarse para continuar empleadas.

S.E.: En los procesos de selección en los trabajos, muchas veces solo se evalúa el diploma o la universidad, y no las capacidades ni las habilidades. ¿Cómo podría una empresa ampliar la mirada, para contemplar otros aspectos?

R.S.: Lo más importante es que entendamos que las personas aprenden de maneras diferentes. En mi generación, la gente pensaba que se aprendía en una institución: eras entrenado, hacías algunas tareas, te evaluaban y obtenías un certificado. Y eso fue un sistema exitoso para la mayoría de las personas. No obstante, muchas personas aprenden de una manera diferente, en el mundo cotidiano, desarrollando habilidades en el trabajo. Pero cuando salían a buscar trabajo, les piden un certificado, y no tienen en cuenta las habilidades que habían construido. Entonces, lo que necesitamos empezar a notar en el mundo laboral es que se necesitan las habilidades, algunas para el aprendizaje formal, pero otras para el mundo del trabajo. Es fundamental que se amplíe el sistema de evaluación para que se reconozcan las habilidades, con el fin de equilibrar el aprendizaje en un trabajo y en la vida, con el universitario.

S.E.: Usted ha asesorado a numerosos ministerios de educación en todo el mundo. Cuéntenos sobre un proyecto educativo que le haya llamado la atención.

R.S.: Trabajé en un país llamado Namibia, ubicado en el sur occidente de África. Una colonia alemana que después se convirtió en un protectorado de Sudáfrica, hasta su liberación en 1992. Ahí emergió Namibia como un país independiente, democrático y parlamentario. Antes de la independencia, el sistema educativo solo formaba a un grupo muy pequeño de personas con altos niveles educativos. Entonces, el reto para el país era llevarle en pocos años la educación a la mayoría. La pregunta que se plantearon fue, cómo volcar el sistema educativo, para responder a las necesidades del país. Lo que han logrado es que jóvenes 25000 cada año accedan al sistema educativo. Además, construyeron un sistema educativo vocacional, y le dieron incentivos a los que fundaron centros de enseñanza. Por otra parte, introdujeron un nuevo sistema de evaluación, un sistema de competencias nacionales, para reconocer los diferentes tipos de aprendizaje, no necesariamente institucionales. Porque durante el Apartheid, muchos de los negros no tenían acceso a la educación, pero tenían habilidades, entonces, se esforzaron en identificar esas habilidades para el mercado laboral.

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