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| 4/21/2017 7:00:00 AM

¿Por qué esperar a que suceda una tragedia para reaccionar?

La tragedia de Mocoa reabre un debate sobre qué tipo de liderazgo político se requiere: el que prevé los desastres y actúa antes de que ocurran o el que gobierna por medio de medidas correctivas.

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Semana Educación

El sábado 1 de abril, Colombia entera supo localizar a Mocoa en el suroccidente del mapa. La capital del departamento del Putumayo, olvidada por el Estado durante décadas, acaparó toda la atención tras sufrir uno de los desastres naturales más devastadores en la historia del país. Al cierre de esta edición, el último balance de víctimas asciende a 311. De esos, 100 son niños.

La lluvia inclemente durante días desbordó los tres ríos que rodean el municipio, propiciando una avalancha que arrasó con todo: casas, sueños y personas. Hacía años que varios sectores advertían de la posibilidad de esta tragedia. Pero nadie hizo caso y hoy hay que lamentar la pérdida de vidas humanas irremplazables.

El presidente Juan Manuel Santos, quien acudió a la zona un día después de la catástrofe, indicó que tras poner en marcha el plan de reconstrucción, “Mocoa quedará mejor que antes del desastre”. Unas palabras que llenan de aliento a una población que lleva años reclamando una mejora en sus condiciones de vida, pero que también deja varios interrogantes: ¿por qué las acciones llegan siempre después del desastre? ¿por qué las medidas correctivas se han vuelto el común denominador del proceder político?

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Si se traslada esta pregunta a la situación del sector educativo en el Putumayo, son varias las ocasiones en las que los profesores del departamento han salido a las calles o han interpuesto quejas y derechos de petición ante las instituciones pertinentes para denunciar la mala calidad del sistema y de la infraestructura de los colegios. “Antes incluso de la avalancha, había tantas goteras en los salones que llovía más adentro que afuera”, afirmó a Semana Educación un rector de un colegio oficial de Mocoa. “Acá desde hace tiempo los niños están en riesgo. Hay escuelas que ya las declararon en emergencia. Sin embargo, nada pasa. Se echan al olvido y cuando la escuela se les caiga encima, ahí querrán actuar, invertir y hacer”, advirtió la concejal Flor Argot, del municipio Valle del Guamuez, en el departamento.

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Esta lógica de los “pañitos de agua tibia” permea la mayoría de ámbitos de la educación en Colombia, no solo el tema de la infraestructura. Uno de los más escandalosos es el del Programa de Alimentación Escolar. Solo hace falta remitirse a todas las denuncias que acumula desde 2015 para entender que la fórmula de la prevención no es la que predomina. De hecho, hace varios meses, Semana Educación alertó de la precariedad en las raciones que reciben los niños en el Putumayo y nada pasó: los operadores del servicio siguen siendo los mismos.

La precaria alimentación que reciben los niños en colegios de Putumayo

Otro caso que ejemplifica la inoperancia de un gobierno que prefiere reaccionar a prevenir es el de la salud de los docentes del sector oficial. Desde hace años, decenas de profesores de todos los departamentos se quejan del pésimo servicio y, sin embargo, todavía no hay una solución a sus demandas. Y es más: la Fiduprevisora, encargada de manejar los recursos del sector, todavía sigue en proceso de licitación para encontrar nuevos prestadores del servicio, aunque el proceso se ha congelado durante 10 días.

Con las próximas elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, es momento de que los colombianos reflexionen sobre este tipo de cuestiones y exijan a sus candidatos un modelo de gobierno que no tenga que lamentar pérdidas, sino que conciba las vidas que están en juego antes de que suceda la catástrofe. También en el sector educativo. Se requiere: más acción y menos reacción.

Esta editorial hace parte de la edición 23 de la revista Semana Educación que acaba de salir al mercado.  Si quiere informarse sobre lo que pasa en educación en el país y en el exterior suscríbase ya llamando a los teléfonos (1) 607 3010 en Bogotá o en la línea gratuita 01 8000 51 41 41. También puede suscribirse en el siguiente enlace: https://store.semana.com/pagos/index.aspx?Id=76

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