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| 5/25/2014 12:00:00 AM

Moldear el cerebro y la sociedad

Jairo Giraldo Gallo, miembro de la Academia Colombiana de Pedagogía y Educación, habla de la plasticidad del cerebro y su importancia en la educación.

En una época lejana conocí al cura Camilo Torres (el llamado cura guerrillero), justo cuando lanzó su proclama de Frente Unido del Pueblo. Poco faltó para alistarme en la guerrilla. Mi madre habría muerto de dolor, eso fue lo que me salvó. Fui durante muchos años dictador de clase, también investigador en temas de frontera. Ahora me considero educador.

Llegué aquí porque terminé investigando un tema de gran relevancia para el destino de la humanidad: cómo piensan los niños, cómo pueden desarrollar sus talentos. Llegué en un momento adecuado para hacer investigación, porque ahora se puede hablar de la física del cerebro. Y se puede hacer con las ideas que resultan física teórica, que es lo que me apasiona; algo parecido a la filosofía, pero con matemáticas, y a partir de los resultados experimentales o en orden inverso.

Habrán oído decir los lectores que el cerebro, particularmente el de los niños, es plástico. Pues bien: ese es el tema que quiero abordar. La palabra está mal empleada, puesto que la plastilina es plástica o deformable pero no se puede hacer mucho con ella salvo algunas ingeniosas figuras, sobre todo cuando cae en manos de los niños y las niñas.

Plástico es antónimo de elástico. Ahora sabemos que cuando se habla de la plasticidad del cerebro, se quiere decir que hay un cambio en las conexiones entre neuronas y en las neuronas mismas. No nos referimos solamente a los cambios morfológicos. Ahora se habla de sinaptogénesis, dendritogénesis, mielogénesis, neurogénesis y poda.

Esto último quiere decir que algunas conexiones neuronales son superfluas y por ello se suprimen, para ahorrar energía. Las otras palabras se refieren a la generación que se da por muchas razones, algunas de las cuales mencionaré en una próxima columna, de nuevas sinapsis, conexiones dendríticas, etc., procesos biológicos eléctricos y electroquímicos que en este texto no alcanzaré a describir.

Pues bien: cuando el maestro o la maestra interviene adecuadamente, de manera activa, en el proceso de enseñanza-aprendizaje sobre sus alumnos, el cerebro cambia, entre más pequeño el escolar, de manera más notoria.

Puede afirmarse que al final de una buena práctica pedagógica el cerebro ya no será el mismo. Las nuevas conexiones que se establecen, no solamente entre unas y otras neuronas sino también entre unas y otras zonas del cerebro, hacen que el cerebro haya crecido… sobre todo cualitativamente.

Ese es el admirable papel de la educación. De la que hace la madre cuando con paciencia enseña a su bebé, o el padre al reprender a su pequeño, o el buen maestro cuando de veras sirve de mediador a su estudiante, o los medios cuando dirigen un mensaje, cualquiera que sea, al niño, joven, adolescente o adulto. Así se va moldeando también la sociedad.

*Profesor titular Universidad Nacional de Colombia. presidente Corporación Buinaima
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