Martes, 17 de enero de 2017

| 2016/06/19 09:00

¿Qué hacen los mejores maestros?

En Colombia pocas políticas se han pensado a largo plazo para mejorar la calidad de la educación. Pero, qué hacen los mejores docentes y cómo se puede aprender de ellos.

¿Qué hacen los mejores maestros? Foto: Archivo Semana
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Semana Educación

Mientras lee estas líneas le pido el favor de pensar en un docente que le haya impactado a largo plazo; alguien que recuerda porque dejó una huella profunda y positiva, y que, gracias a ello, logró trascender en su vida. Cuando hago esa pregunta en mis seminarios, con frecuencia las personas piensan tan sólo en uno o dos maestros y dejan de lado los 150 ó 200 docentes que por lo general tuvieron en su proceso formativo, con lo cual llegamos muy pronto a una primera conclusión: En Colombia, desafortunadamente hasta el momento, son muy pocos los docentes que logran trascender positivamente en la vida de sus estudiantes. Lo que intentaré responder es ¿qué hacen esos docentes para lograrlo?

He realizado diversas investigaciones para dar respuesta a la pregunta anterior y ahora que culmina mayo, uno de los pocos meses en los que se vuelve a hablar de los docentes, es esencial que pensemos en políticas de largo aliento para impulsar la calidad de la educación en el país. Una de ellas sería reconocer, valorar a sus mejores docentes y aprehender de ellos

En primer lugar, los mejores docentes no se concentran solamente en lo académico, ya que entienden que tienen en frente a un ser humano con angustias, temores, pasiones y emociones. También saben que sólo perduran los aprehendizajes integrales. En consecuencia, son docentes que nos enseñan a conocernos a nosotros mismos, a comprender a los otros y que desarrollan lo que llamó Gardner una inteligencia intra e interpersonal para garantizar una convivencia más sana y equilibrada en la vida. Ellos comprenden que la autonomía es la finalidad última de toda educación y, por ello, favorecen la originalidad y el actuar independiente. Reconocen que serán mejores maestros si ellos mismos dejan de ser necesarios. Por ello, deben descubrir los talentos de sus estudiantes e inspirarlos a iniciar su vuelo propio.

En segundo lugar, los mejores docentes desean que sus estudiantes entiendan sus explicaciones y se esfuerzan por lograrlo. Debido a ello, preparan clase, profundizan sobre el tema, generan preguntas y retroalimentan los trabajos y los exámenes para orientar a los estudiantes a superar sus debilidades. Al hacerlo, logran involucrarlos significativamente en el proceso del aprehendizaje.

 

Lo tercero que hacen es trabajar para que lo enseñado no se quede en el salón de clase o en el examen final. Por lo tanto, vinculan los temas abordados con lo que pasa en el mundo, con los propósitos buscados, con otras asignaturas y con la vida. Al hacerlo, logran que los aprehendizajes permanezcan y que se opere con los conceptos y procesos adquiridos. En consecuencia, sus enseñanzas perduran y se transfieren a la vida cotidiana, a los debates, a las lecturas y a diversas asignaturas.

 

De otro lado, los buenos docentes hacen sentir capaces a sus estudiantes. No los bloquean e intimidan, pero tampoco les dicen que el camino es color de rosas. Les enseñan que, con esfuerzo y dedicación, lograrán sus metas. Los animan a ello, pero les señalan las múltiples dificultades que encontrarán en el camino.

En quinto lugar, estos docentes retan a los estudiantes, les hacen preguntas que les exigen reflexión y lectura; les asignan tareas cuyas respuestas demandan creatividad y profundidad. No son docentes que gozan rajando a los estudiantes y muchísimo menos que se vanaglorien de ello, pero tampoco son aquellos que los estudiantes saben que aprobarán sus asignaturas sin esfuerzo, trabajo, ni lectura. Ni rajan con gusto, ni premian a quienes no se han dedicado. Son docentes que invitan a leer, reelaborar, soñar y construir. Con ellos, vale la pena el esfuerzo.

En sexto lugar, son apasionados. Los estudiantes sienten que gozan enseñando y que quieren enseñarles precisamente a ellos, ya que los valoran. En este sentido, conocen sus enseñanzas y a sus estudiantes. La pasión, como el llanto o la risa, se contagia. Estos docentes invaden de pasión a sus estudiantes. Tienen claro que, como decía Butler, para enseñar no hay que llenar un balde, sino encender una llama. Y estos docentes prenden la de los estudiantes con la suya propia.

Finalmente, no se concentran en enseñar esta o aquella información particular, sino que con ellos hay que analizarlo todo, hay que interpretarlo todo. Son docentes con los cuales se adquieren pocos y esenciales conceptos, y con quienes se consolidan las competencias para argumentar, deducir, interpretar e investigar. Son docentes que saben muy bien que no hay que darles pescados a sus estudiantes, sino que hay que enseñarles a pescar. Una de las cañas esenciales en la vida es el pensamiento y otra, la lectura profunda y crítica. Por ello, son docentes que desarrollan el pensamiento y las competencias comunicativas en sus estudiantes, independientemente del área, el grado o el ciclo en el cual trabajen.

En síntesis, los buenos maestros son mediadores en el amplio sentido de la palabra. Saben que no tiene sentido trasmitir la información de una mente a la otra, pero reconocen que las ideas no provienen de la creación propia y espontánea de los estudiantes. Los buenos docentes favorecen el desarrollo integral de los estudiantes, inspiran, generan preguntas e impulsan el diálogo. Los buenos docentes dotan de herramientas para la vida; en consecuencia, lo que abordan en clase siempre se transfiere a otros campos y contextos

Ojalá el país pensara en elegir al mejor docente de cada institución, de cada municipio y de cada departamento. El mejor premio que le podríamos dar a ellos y a todos los estudiantes sería que los elegidos fueran vinculados a las nuevas facultades de educación y que comenzaran a formar a los docentes que impulsarán la transformación de la educación en el país. Si en realidad estamos decididos a mejorar la calidad de la educación, debemos formar de distinta manera a los nuevos docentes y necesitamos que sean formados por verdaderos maestros. ¡Qué mejor que lo hagan quienes han sido los mejores maestros en cada una de las instituciones en el país!

Lo triste de esta historia es que, a juzgar por los pésimos resultados que todavía alcanzan nuestros estudiantes, siguen siendo muy pocos los docentes que impactan de manera estructural y positiva sobre el desarrollo integral de los estudiantes. Lo hermoso es que, a pesar de ello, todos recordamos algún maestro que jalonó nuestro desarrollo integral y que formó la autonomía y la libertad que hoy nos permiten ser quienes somos. ¿Cuál es el docente que a usted lo inspiró? ¿Por qué lo eligió?.

*Director del Instituto Alberto Merani es consultor de Naciones Unidas en educación para Colombia. @juliandezubiria

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