Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/03/07 12:00

¿Por qué se descansa los domingos?

Hace más de 1.500 años, Constantino decidió que el domingo, el día del venerable sol, fuera un día de reposo. Desde entonces, hemos adaptado nuestra cosmovisión para convivir con las tradiciones paganas.

El emperador Constantino hizo del domingo el día de descanso. Foto: Archivo particular
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Semana Educación

Para muchos el domingo es terrible. Así sea un día soleado, tiene apariencia gris, a diferencia de las agradables tardes de películas del sábado, el domingo tienen un indescriptible sabor amargo. Para los niños la razón es que empezarán clases al día siguiente. Imaginar al profesor de matemáticas con su bata blanca, haciendo malos chistes de vez en cuando, para que sean más llevaderas las fórmulas, o a la profesora de biología con una sonrisa indescifrable, mientras entrega un examen sorpresa sobre el sistema endocrino, es suficiente para no disfrutar el domingo.

El domingo de los maestros no es más halagador. Preparar las clases, escribir el examen de biología y corregir los rascacielos de hojas compuestos por malas evaluaciones, angustiaría a cualquiera. En especial cuando se acerca el cierre bimestral: hay que entregar notas, escribir informes, y ya llega el lunes. Pero los docentes y los estudiantes no son los únicos angustiados. Si se escribe en Google domingos agobiantes, aparecerán numerosos artículos, consejos de psicólogas para disminuir el estrés, diagnósticos sobre el ´síndrome del domingo por la tarde´ y así.

Esta angustia de los domingos empezó en un día como hoy. El 7 de marzo de 321, cuando el emperador Constantino declaró que sería un día civil de descanso en las ciudades y en los campos. Según el Código Justiniano, “durante el domingo, el venerable día del sol, debían cerrarse los talleres, y los magistrados tendría que descansar”. Desde entonces, se descansa ese día, para conmemorar el nacimiento de Apolo, Dios del Sol.

No hay una justificación en la Biblia para que el día de descanso sea el domingo. En el Éxodo se dice que durante “Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo, es el día para el Señor, tu Dios.” El sábado es el día “para que descansen tu buey y tu asno, y para que el hijo de tu sierva, así como el extranjero renueven sus fuerzas.” Lo que se hizo entonces, como en muchas ocasiones sucedió cuando el cristianismo se convirtió en la religión del imperio, fue adaptarse a la cosmovisión pagana.

La justificación que encontraron para mover el día del Señor del sábado, al día de descanso romano de Apolo, fue que el domingo resucitó Jesús. Según Benedicto XVI, el sábado, séptimo día de la semana, fue sustituido como día de descanso, porque durante el domingo, el primer día de la semana, Jesús resucitó y se reunió con sus discípulos. Por esto, “la estructura de la semana se ha invertido. Ya no se dirige hacia el sábado sino hasta el domingo, para participar en el reposo de Dios,” según afirma Benedicto XVI.

Así que cuando los jóvenes terminen su almuerzo y se sienten con tristeza a estudiar el sistema endocrino, mientras los angustiados maestros corrigen con pesar las evaluaciones, podrían recordar, para estar más tranquilos, que en su triste descanso conmemoran el nacimiento de Apolo. Y los que se sientan poco cristianos, dejando de trabajar en un día de un dios pagano, pondrían pensar en la resurrección de Jesús.

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