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| 1/28/2017 9:00:00 AM

¿Donald Trump necesita clases de ciencia?

El presidente de Estados Unidos se caracteriza por su ignorancia en temas como el calentamiento global y la vacunación. ¿Su falta de conocimiento científico es la fuente del problema?

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Semana Educación

Desde el 20 de enero Donald Trump es el Presidente de los Estados Unidos. Uno de los aspectos que más ha escandalizado a la comunidad científica es su ignorancia sobre la evidencia en torno a diferentes temas, como el calentamiento global y la seguridad de las vacunas. Las posiciones de Trump y sus votantes resultan sorprendentes, dado que las pruebas son concluyentes. Es decir, sabemos que la actividad humana afecta al calentamiento global y que las vacunas no causan autismo. Esta ignorancia, en una figura de tal importancia, ha preocupado por sus posibles impactos negativos respecto del tipo de políticas y medidas gubernamentales que puedan ser adoptadas. El panorama es poco alentador si se considera que muchos de los votantes de Trump también parecen defender ideas claramente erróneas en asuntos de ciencia.

La pregunta que surge es, ¿cómo podemos resolver el conflicto intenso sobre asuntos en los que la evidencia señala una respuesta clara? o, mejor, ¿qué hacer para que la gente no rechace la evidencia científica? Para muchos expertos, la explicación a este problema es la falta de información adecuada y la capacidad limitada del público para comprender la evidencia. Conforme esta explicación, la solución puede ser mejorar la forma como se enseña la ciencia, fomentar habilidades de pensamiento crítico o, incluso, incrementar la influencia de expertos y reducir la influencia del público en el gobierno. No obstante, un estudio reciente sugiere que el problema es aún más complejo.

El profesor de la Universidad de Yale Dan M. Kahan y un grupo de colaboradores realizaron un estudio en el que presentaron a diferentes participantes los resultados de un experimento y midieron su capacidad para procesar información cuantitativa y su filiación política. Los resultados del estudio cuestionan la idea que la fuente del conflicto es la capacidad limitada del público para comprender la evidencia.

Concretamente, los hallazgos del estudio de Kahan y sus colaboradores mostraron que cuando los resultados pertenecían a un tema no controversial, por ejemplo, si una nueva crema para la erupción en la piel la mejora o empeora, aquellos con mayor habilidad para procesar información cuantitativa interpretaron de forma más precisa los resultados del estudio, sin importar el tipo de resultado.

Sin embargo, cuando los resultados involucraban un tema controversial si la regulación de posesión de armas reduce o incrementa el crimen, asunto en el cual los conservadores y liberales están divididos en Estados Unidos las respuestas de los participantes se polarizaron (de forma consistente con su filiación política) y fueron menos precisas. Aún más preocupante, esta polarización fue mayor entre aquellos con mayor habilidad numérica. Esto sugiere que los participantes con mayor capacidad para procesar información estaban usando sus habilidades de forma selectiva, con el fin de favorecer la interpretación de los resultados en un sentido más coherente con su filiación política.

Según Kahan y sus colaboradores, estos resultados apoyan la idea que los conflictos culturales y políticos afectan la capacidad del público para comprender evidencia científica. Desde esta perspectiva, los individuos tienen un interés en mantener su estatus dentro de su grupo. Cuando defender una posición particular se convierte en un símbolo de lealtad con un grupo, los individuos tienden a interpretar la evidencia de forma selectiva, para que su posición sea consistente con la de su grupo, así esta no guarde consistencia con la evidencia científica.

Conviene aclarar que estos resultados no sugieren que mejorar la educación científica o enseñar habilidades de pensamiento crítico sean esfuerzos vanos. Cuando un tema no involucra un conflicto cultural y político, estas habilidades les permiten a los ciudadanos interpretar la evidencia científica adecuadamente. Sin embargo, los resultados sugieren que estas medidas son insuficientes para lograr un consenso científico sobre el calentamiento global, por ejemplo, cuando la discusión adquiere una connotación política. Según el grupo de investigadores, es necesario neutralizar el conflicto entre las posiciones sobre la evidencia científica y las identidades culturales. Cómo se logra esto es una pregunta importante que aún está por resolver.

Volviendo a nuestra pregunta inicial, lo que sí parece claro es que para convencer al Presidente de los Estados Unidos y sus seguidores, de cambiar sus controversiales posiciones sobre el calentamiento global y las vacunas, probablemente no es suficiente darles clases de ciencia.

*Asistente de investigación del Departamento de Psicología y la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes (Twitter: @AndrsMontealegr)

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