Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2015/09/14 12:00

Cuando las mujeres se sientan en La Habana

La subcomisión de género de la mesa de negociaciones en Cuba cumplió su primer aniversario este mes. Semana Educación profundiza en qué es y cuál es su función.

Cuando las mujeres se sientan en La Habana Foto: Cortesía Ruta Pacífica de las Mujeres

El pasado 7 de septiembre se cumplió un año de la puesta en marcha de la subcomisión de género en los diálogos de paz que adelanta el gobierno con la guerrilla de las Farc en La Habana (Cuba). Un hito histórico en el marco de las negociaciones, porque es la primera vez que se implementa. En otras palabras, supone un reconocimiento de la necesidad de incluir el enfoque diferencial  en los acuerdos que se alcancen.

María Paulina Riveros y Victoria Sandino Palmera, delegadas del equipo del gobierno y del grupo guerrillero respectivamente, lideran la subcomisión. Hasta el momento se han reunido con 18 representantes de organizaciones de mujeres líderes en el territorio y feministas en la capital cubana. También con el movimiento LGBTI.

El objetivo de estas reuniones es comprender la situación de las mujeres en toda su diversidad, desde el campo a la ciudad, y con el conflicto armado como contexto. Reconocer que la guerra afecta de forma diferente a hombres y mujeres implica que estas últimas posiciones sus demandas y necesidades para un posible posconflicto.  De ese intercambio de ideas y experiencias se emiten recomendaciones que,  posteriormente, adoptará o no  la mesa, pues no son de obligatorio cumplimiento.

La subcomisión fue el resultado del trabajo y la presión que ejercieron las organizaciones de mujeres líderes en sus respectivos territorios, así como de los organismos internacionales y de los países garantes. Así lo explicó a Semana Educación Marina Gallego, representante de la Ruta Pacífica de las Mujeres.

 “Las partes también empezaron a ver que faltaba presencia femenina en la mesa. Incluso las mujeres de la insurgencia se cuestionaron su papel en las conversaciones. El peso de la guerra las afecta también a ellas de otro modo”, subrayó.

A este respecto, las Farc difundieron un comunicado en su página en el que compartían la necesidad de potenciar las facultades de las mujeres y su autodeterminación a todos los niveles. “La deuda histórica de Colombia con las mujeres debe empezar a ser saldada”, aseguraron.

Para Olga Amparo Sánchez, representante de la organización Casa de la Mujer en la subcomisión de género de La Habana, la voluntad de las partes es clara. Sin embargo, para ella resulta prioritario que no solo los acuerdos incluyan este enfoque diferencial, sino que una vez firmada la paz se implementen reformas estructurales para trasformar  la situación de las mujeres. “La desigualdad que hemos padecido en el marco del conflicto es producto de la subordinación femenina en tiempos de paz pasados”, insistió.

La educación se convierte en una herramienta para cambiar este paradigma y dejar de concebir a la mujer como “ciudadana de segunda clase”, subrayó Olga Amparo Sánchez. Cuando los acuerdos sean refrendados, “será necesario contar con el compromiso del sistema educativo para que se introduzca la perspectiva de género desde las aulas, que se transforme el imaginario colectivo al respecto”, aseguró.

La misma opinión tiene Marina Gallego. “Tenemos que acostumbrarnos a un país sin ‘demonio’ (las Farc). Ahí es cuando cobrará importancia la educación como estrategia para resolver el resto de debates que se generarán una vez se firme la paz: la inseguridad, la reinserción a la sociedad de los victimarios, tolerancia de la sociedad”, sostuvo.

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