Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2016/07/08 12:00

Profesor suicida reabre el debate sobre morir dignamente, y otras historias

Semana Educación le trae las noticias más curiosas e insólitas relacionadas con la educación y con la comunidad educativa que han inundado las redes sociales estos últimos siete días.

Profesor suicida reabre el debate sobre morir dignamente, y otras historias

“Es el momento justo de morir. Ni demasiado pronto. Ni demasiado tarde”

Se llamaba Antonio Aramayona y era un reconocido profesor de filosofía y activista español. Se llamaba porque esta semana decidió poner punto final a su existencia con 68 años, una edad que muchos consideran todavía perfecta para disfrutar de la madurez.

Aramayona  no era de esa opinión, así que, por “por amor a la vida” y por lo que él denominó su “derecho inalienable a disponer libre y responsablemente de mi propia vida”, decidió suicidarse.

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Pero antes de morir, este maestro que durante dos años acudió todas las mañanas al frente de la casa de la consejera de Educación de su ciudad para exigir el derecho a una “educación universal, pública, laica, gratuita”, dejó escrito en su blog una carta en la que expuso sus argumentos para tomar esta decisión: la de irse de este mundo de forma consecuente con sus actos y pensamiento.

Cuando estés leyendo estas líneas, ya habré muerto. He decidido finalizar mi vida, ejercer mi derecho inalienable a disponer libre y responsablemente de mi propia vida.

Te preguntarás por qué, a qué viene esta decisión tan inusitada. De hecho, no soy un enfermo terminal, no me han detectado una enfermedad grave e incurable. Tampoco estoy deprimido. Simplemente, ha llegado mi momento de morir. Es el momento justo de morir. Ni demasiado pronto. Ni demasiado tarde. Es el momento justo de quedar abrazado a mi muerte libre, a esa muerte –como dice Nietzsche- que viene a mí porque yo quiero.

He procurado a lo largo de mi vida que coincidieran lo que pienso, lo que quiero, lo que hago y lo que debo. Por eso he intentado también que mi vida haya sido digna, libre, valiosa y hermosa. Y así he querido también mi último hálito de vida: digno, libre, hermoso y valioso. Así he querido vivir y así he querido morir.

He querido vivir en plenitud cada uno de los momentos de mi existir, he amado y sigo amando la vida con pasión y todas mis fuerzas. He conversado amistosa y plácidamente con su posible acabamiento, sin prisa, con mucha serenidad y reflexión. De hecho, la muerte no es sino el último latido de la vida, y si la vida ha sido valiosa y buena ha de desembocar igualmente en una muerte digna, apacible y buena.

Todo ser humano ha de vivir bien, dejar vivir, hacer que los demás vivan del mejor modo posible. Solo cuando se acaban los caminos desde los que se atisban horizontes, o cuando se otea un deterioro imparable o cuando se decide libre y responsablemente, es posible plantearse con fiereza y también con una sonrisa el propio acabamiento. Sí, el ser humano debe vivir bien y por esa misma razón también morir bien.

Nada ni nadie puede forzar a enquistarnos en situaciones penosas o indeseadas. Sin embargo, hay personas que intentan impedir que nuestra vida sea una vida buena y una buena vida. Esas personas llevan siglos no dejándonos vivir bien y morir bien. Algunos siguen hablando de dioses, de su laberíntica voluntad, de una supuesta ley natural encorsetada y ajustada a los intereses y delirios de quienes desde hace siglos y siglos quieren al ser humano tan esclavo y reprimido como ellos mismos. Pero nadie está obligado a permanecer en la vida. La vida consiste precisamente en decidir cada segundo, cada día, todos los instantes, qué hago y qué  dejo de hacer. La libertad es ni más ni menos que el ejercicio de ese decidir permanentemente. La vida es libertad. Por eso reivindico mi libertad de decidir también cómo vivir y morir.

Existir debería ser siempre un acto permanente de gozoso, consciente y libre zambullirse en la aventura del vivir. Una botella o un lapicero son lo que son, están definitivamente terminados, pero los seres humanos estamos siempre por hacer: cada instante vamos escribiendo nuestra propia biografía, decidimos quiénes somos y no somos, qué hacemos con nosotros mismos. Pues bien, desde esa libertad suprema te digo ahora que por amor a la vida, podemos decidir también morir, y morir bien.

Tú y yo y todas y todos respiramos, bebemos, amamos y nos sostenemos cada instante en la voluntad de existir por amor a la vida. Quien ama incondicionalmente vivir no teme morir. De ahí que sea radicalmente ajeno a la vida que la obliguen a pervivir contra su voluntad. Soy libre, soy dueño de mis actos y errores, de mis sueños y luchas, y por eso mismo decido si y cómo y hasta cuándo existir. Estoy en mis manos y mi obligación fundamental es vivir bien y contribuir a la que la vida sea buena entre los seres humanos que habitamos este planeta, pues una ética responsable estriba en qué estoy haciendo de mi vida, también qué hago por y con los demás.

Si acabo con mi vida, si acabo, solo es, pues, por amor a la vida.  Y si alguna vez hubiera ayudado a alguien a morir bien, habría sido un inequívoco acto de amor, el último acto de cariño y amor que puede darle. Te lo repito, se puede dejar libre y responsablemente la vida sin tristeza, sin temor, solo con quietud y por amor a la vida.

Necesito decirte una vez más que se mantiene incólume y con la misma fuerza mi amor a la vida y mi apasionada amistad con su posible acabamiento, ya hecho realidad, una vez que el sol ha descansado más allá de la línea de mi horizonte y estás leyendo ahora mis últimas palabras, mi último artículo”.

Ingenio contra el bullying

La realidad de muchos niños es el matoneo que sufren a diario a manos de sus compañeros de clase. Agresiones psicológicas y físicas constantes que ponen al menor en una indefensión atroz.

Sin embargo, en ocasiones, sucede que estos estudiantes agredidos encuentran en alguien cercano a su mayor defensor: una persona dispuesta a defender a la víctima y plantarle cara al agresor.

Ava es una de esas personas. A sus escasos 12 años se enteró de que su hermana mayor sufría de bullying. Así, haciendo uso de una gran perspicacia, e incluso, educación, decidió escribir a las tres agresoras (Elke, Grace y Ashley) una carta que en menos de cuatro días ya ha sido compartida por más de 15.000 internautas.

"¡Hola! Elke, Grace y Ashley, están oficialmente invitadas a dejar de ser tan imbéciles con mi hermana. ¿Cuándo? Ahora mismo. ¿Dónde? En todas partes. ¿Qué deben traer? Su actitud despreciable y lanzarla a la caneca. ¿Por qué? Seguro que ya lo han adivinado: ustedes son desagradables.

RSVP: Ava al 859-Adiós-Imbéciles.

Si no pueden venir, no se preocupen, siempre serán bienvenidas a mi molesta clase. Espero que vengan

carta contra el matoneo

Sueños truncados

Quería ser profesora de educación física, para lo que se preparó a conciencia para el examen de ingreso al sistema público que se exige en España si uno quiere convertirse en maestro oficial. Sin embargo, aunque tenía todo a su favor para poder tomar la prueba de ingreso y cumplir así su sueño de formar a las nuevas generaciones, finalmente no pudo presentarse. 

Y no pudo porque las autoridades responsables de organizar la prueba no tuvieron en cuenta la discapacidad auditiva de la futura aspirante, a pesar de que esta lo notificó con antelación, y no la dotaron con una intérprete de lengua de signos, como suele ocurrir en estos casos. .

La maestra presentó una reclamación que, hasta el momento no ha obtenido una respuesta contundente por parte de las autoridades competentes. Los únicos argumentos que le ha brindado la consejería de Educación de Murcia, región española donde se realizó el examen, es que la prueba debían realizarse "con la máxima similitud a lo que serían las condiciones reales para un profesor especialista en educación física en su labor diaria".

Unas explicaciones que no han convencido a la Federación de Personas Sordas de la Región de Murcia (FESORMU), que mantiene la batalla para que a la futura docente la permitan realizar el examen con dignidad. Para la organización, “la negativa a contratar un intérprete de lengua de signos constituye una vulneración de la ley que reconoce la oficialidad de la lengua de signos y de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad”.

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