Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2015/10/22 12:00

Amigos del patrimonio cultural

Cualquier colombiano puede participar activamente en la valoración, protección, recuperación y disfrute del riquísimo patrimonio cultural y social del país mediante el programa Vigías del Patrimonio Cultural.

El programa Vigías del Patrimonio trabaja por la apropiación de la riqueza cultural del país. Foto: Jhoana Narvaez

Colombia es un país con una diversidad cultural notable, amén de sus regiones y de sus habitantes. En América Latina lleva la vanguardia en gestión, protección y salvaguardia del patrimonio cultural, cuyo propósito es servir de testimonio de la identidad cultural nacional. La lengua wayuunaiki, las vajillas de Carmen de Viboral, la obra de García Márquez, la Llorona Loca, las empanadas de pipián, el ajiaco santafereño, el Centro Histórico de Cartagena de Indias o el de Ciénaga, cada uno con su significado y su color, son algunos ejemplos vivos de esa herencia.

El patrimonio cultural material se refiere a monumentos, esculturas, casas, catedrales, bulevares, piezas arqueológicas. El inmaterial, que posee un valor intangible poderoso, está compuesto por las tradiciones o expresiones vivas heredadas de los antepasados: tradiciones orales, artes del espectáculo, usos y oficios sociales y rituales, conocimientos y prácticas relativos a la naturaleza y el universo, o saberes y técnicas vinculados a la artesanía tradicional. Cada uno posee un valor histórico, estético y simbólico.

Para ser más conscientes de estos tesoros, en 1999 vio la luz el programa Vigías del Patrimonio Cultural, una estrategia dinámica de participación en forma de voluntariado que atesora un gran componente educativo y que integra a las comunidades de todo el país interesadas en recuperar, difundir, mantener y reconocer el legado cultural, construyendo una ciudadanía responsable y activa.
El programa, enmarcado dentro de la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura, “está dirigido a la apropiación social y el respeto de la comunidad sobre el patrimonio y la diversidad cultural y el fortalecimiento del sentido de pertenencia sobre el legado”, afirma Alberto Escovar, director de Patrimonio de esta cartera.

El poder de la voluntad


Actualmente tiene 2.700 vigías en 28 departamentos incluyendo Bogotá, asociados a través de determinados proyectos en instituciones educativas, fundaciones u organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. El 50 por ciento de ellos son niños y jóvenes. “Un indicador muy positivo, cuidar el patrimonio es cuidar la herencia del pasado y construir futuro”, dice José Alexander Hernández, coordinador nacional del Programa Vigías del Patrimonio Cultural.

Los voluntarios, ciudadanos de la Colombia rural, urbana y de los resguardos indígenas, se han vinculado a esta iniciativa de gestión comunitaria con el ánimo de sembrar en el desarrollo creativo del patrimonio cultural de la nación. Es una oportunidad de trabajar a favor de la comunidad a partir de los conocimientos y habilidades que cada persona tiene. Y también, la posibilidad de aunar esfuerzos e intercambiar conocimientos e ideales afianzando los vínculos regionales y culturales.

Ciénaga - Magdalena


En Ciénaga un grupo de 20 vigías, liderados por Guillermo Henríquez, trabaja en la supervisión y preservación de la arquitectura del centro de la ciudad, patrimonio material inmueble: el Parque Centenario, el Templete, el Palacio Municipal, el edificio de la Logia Amazónica, la estatua del Prometeo de la Libertad, la Casa del Diablo, las casas residenciales, el Balcón Colonial, la Iglesia San Juan Bautista, el Palacio Azul y el antiguo teatro. “Estamos intentando que no tumben ni transformen estas estructuras, una lucha que lleva décadas. Ciénaga tiene una arquitectura eclíptica única, que hay que defender”, dice Henríquez. Este proyecto está enmarcado en el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) y cuenta con el apoyo de la alcaldía local, la Secretaría de Cultura y de distintas instituciones educativas, entre ellas el Infotep.

Además, en Ciénaga, el segundo municipio más importante de Magdalena, la idea es que el atractivo turístico que despierta el arte de su arquitectura genere emprendimientos culturales para los nativos, que se dedican y viven de otras actividades turísticas. Por ejemplo, la gastronomía tradicional local, uno de sus patrimonios inmateriales, basada en la comida de mar y el arroz con coco que activa la economía y la oferta comercial. La herramienta de gestión del patrimonio también fue pensada como un espacio de participación, que permite dejar en los pueblos la capacidad instalada con el fin de que la comunidad el día de mañana sea un gestor cultural y tenga fuentes de financiación distintas a la pública.

El juego: vida y cultura

El trompo, el yoyo, la pirinola, la golosa, el lazo, los costales, las rondas infantiles; y las adivinanzas, los trabalenguas y las coplas, cuya bandera es la oralidad, han sido los juegos tradicionales que existen en el Tolima –que son también los de Colombia–, con los que crecieron y se criaron los padres y los abuelos. Desempolvar y devolverle a la comunidad, especialmente infantil y juvenil su riqueza e importancia, despertando el interés social y cultural de la comunidad, es la función de ‘Pascal: De Vuelta a los Juegos Tradicionales’, un proyecto creado por un grupo de jóvenes mujeres pedagogas y artistas plásticas.

Implementada en áreas rurales en las veredas Juntas y El Secreto en el Cañón del Combeima, esta iniciativa consta de un juego de mesa tipo escalera con tablero, dados, fichas y una cartilla, además del kit con el yoyo, el trompo y el resto de artefactos. “Me gustó mucho Pascal porque es una oportunidad de compartir con otras personas de tu edad. El juego que más me gustó fue encostalados. Uno salta, juega contra otros niños, se divierte, se cae y se ríe”, cuenta Cristian Adrián Castro, de 9 años y estudiante de la Institución Educativa Técnico Ambiental Combeima Ángel Antonio Arciniegas en Ibagué.

Para Carolina Campos, “la idea es hacer memoria y recuperar la tradición y las costumbres de estos juegos que los niños y niñas han ido perdiendo, reemplazados por el entretenimiento tecnológico y los nuevos medios”. Carolina es una de las vigías que inventó esta iniciativa, junto a Catalina Campos y Andrea Saavedra, que reconstruye las relaciones interpersonales que brinda jugar al aire libre, aprender del otro y cultivar los valores de la cohesión social, la solidaridad, el respeto a las normas y la socialización.

La recepción por parte de los niños y niñas ha sido genial, aportando nuevas ideas y giros a los juegos de manera creativa. Este proyecto los saca del encierro especialmente a aquellos que viven en la zona urbana. Hasta ahora se han beneficiado 600 personas en total, alumnos de primaria del Liceo Colombia, estudiantes de la Facultad de Deportes de la Universidad de Tolima y miembros de grupos de teatro como El Zaguán.


Este artículo hace parte de la décimo primera edición de la revista digital SEMANA Educación, que está disponible desde el domingo 13 de septiembre. Para descargar la publicación siga estos pasos o comuníquese al número 6468400 Ext:4301 o 4310. 

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