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| 4/17/2015 5:00:00 AM

¿Qué estudió el cocinero mejor pago del mundo?

Jamie Oliver es más que un “superchef” que con su carisma invadió la televisión e internet. Este multimillonario, considerado un gurú de la estufa y los medios, es técnico de cocina.

Jamie Oliver es una celebridad culinaria. A nadie en el universo gastronómico ni en el televisivo ni el digital le cabe la menor duda de eso. Más de 63 millones de referencias suyas en Google, cerca de 4.3 millones de seguidores en Twitter y más de 3.5 millones de fans en Facebook son un buen indicador de su fama.
Este disléxico cocinero inglés, esposo y padre de cuatro hijos, próximo a cumplir 40 años, creó un estilo muy propio, natural, cercano, casero, fresco y coloquial a la hora de mostrar sus conocimientos y su estrecha relación con el fogón. Así puso a cocinar a cuanto internauta desprevenido y poco hábil lo sintonizara en la pantalla chica, en internet y en los medios sociales.

Alejado de toda opulencia y formalidad –pese a integrar el cartel de las mil personas más ricas del mundo, cuya fortuna se valora en más de 240 millones de libras, según The Sunday Times en su Rich List de 2014– Oliver hace ver la cocina como un oficio sencillo, divertido y apasionado. “Esto no es un plato de estrellas Michelin, es comer como Dios manda”, dijo alguna vez, luego de servir un salmón a la parrilla que preparó en 15 minutos.

Su ingenio mediático y su popularidad le han dado para construir todo un imperio alrededor de la comida: una cadena de restaurantes, más de una docena de programas de televisión, un canal en YouTube, FoodTube, (que superó el millón de seguidores en menos de un año), 16 libros (The naked chef, Jamie's 30-minute meals, Jamie’s kitchen, por solo mencionar tres éxitos en ventas); una revista, Jamie Magazine; así como un par de aplicaciones para dispositivos móviles, un impresionante sitio web (10 millones de visitas al mes en promedio) y una fundación que promueve la comida sana, y desde donde ha emprendido una luchar férrea contra la comida chatarra en su país, empezando desde las escuelas. También ha ganado demandas a grandes compañías como McDonald’s.

Para el chef colombiano de alta cocina, Harry Sasson, Jamie Oliver es más bien un genio del mercadeo, de la cámara y de la televisión. En términos de lo gastronómico dice que “tiene pocas bases de cocina, sin embargo lo que hace, lo hace bien y eso le gusta al público que lo ve. Le da a la gente lo que la gente quiere y ese es su gran secreto”, comenta.

Todo parece indicar que de este cocinero se ha dicho todo. Que creció en ambiente lleno de estufas, charoles y recetas. Que la cocina siempre ha sido su hogar, y que desde los siete años merodeaba entre el menaje y los utensilios de cocina de su padre, dueño de un restaurante - pub en Essex, en el extremo sur del Reino Unido. Y que desde esa época ya hacía sus propias preparaciones. “Cuando salía por las mañanas bajaba directamente al restaurante. Tuve la suerte de que el de mi padre fue uno de los primeros gastropubs, hace 40 años. Teníamos una brigada completa de cocineros. Pastelería, pescados (enormes), carnes, langostas y cangrejos. Así que para un niño era como ¡guaaaaaauuuu! (...)”, señaló en una entrevista al diario El País de España.

Allí estuvo hasta los 16 años. Y como siempre tuvo claro que la cocina era lo suyo, no esperó más tiempo para inscribirse en los programas de hostelería y restauración en Westminster Catering College en Londres (institución que ofrece cursos académicos y profesionales en todos los niveles). Luego pasó a trabajar en el Neal Street Restaurant, al lado de Antonio Carluccio, donde conoció la cocina italiana.

Después integró la nómina del aclamado The River Café, y trabajó para Rose Gray y Ruth Rogers. En ese lugar, llamó la atención de la BBC, que hacía un documental sobre este restaurante. Y casi al mismo tiempo que The River Café ganaba una estrella Michelin. Oliver (en 1998) a sus escasos 23 años, estrenaba “Chef al desnudo” (The naked chef), su primer show televisivo. El éxito fue tan rotundo que hasta ganó un premio BAFTA en 2000.

Desde entonces no ha parado de producir programas y crear herramientas para entretener y motivar a sus seguidores para que vean la cocina como parte de la vida familiar. “Me di cuenta de que es más importante enseñar a comer bien que tratar de impresionar al público. Educar es mi trabajo”, confesó hace algunos años al mismo diario español.

Por eso Jamie Oliver se la ha jugado desde 2002 por Fifteen, un programa de aprendizaje (escuela-restaurante) donde recluta a quince jóvenes en diferentes partes del mundo en situaciones complicadas para entrenarlos, durante un año, sobre técnicas culinarias y elaboración de recetas, con el objeto de que se formen en una profesión “que les ayudará en el futuro”. Un claro espaldarazo a su propia experiencia, cuando daba sus primeros pasos como aprendiz.

Para Luís Fernando Correa, Gerente de Operaciones e Innovación de Universia Colombia, Jamie Oliver es uno de esos ejemplos (de los muchos que hay) de personas que partir de aprender un oficio y trabajar con disciplina y pasión han logrado ser exitosos. No obstante, advierte que “estos son casos que tienen mayor visibilidad mediática, pero que son muchas las personas que a partir del aprendizaje de un arte u oficio y del trabajo dedicado hoy en día logran realizarse en trabajos y en emprendimientos en áreas como el diseño de modas, diseño de video juegos, estética y cuidado personal, los servicios innovadores”.

Otra cosa piensan los representantes de la cocina más conservadora de su país. De hecho, su paisano y destacado cocinero Marco Pierre White (tres estrellas Michelin) dijo de Jamie que “no es chef verdadero”. Sin embargo, en un texto que contiene esta misma frase pero a manera de pregunta, el reconocido chef venezolano, Sumito Estévez, hace una defensa de lo que hace Oliver. En principio, señala que la cocina enfrenta un período de transición y por eso es natural que a muchos no les agrade. Dice también que el cambio más dramático que ha sufrido el oficio ha venido de la mano de su masificación, gracias a la democratización de la información.

En ese sentido, “Jamie Oliver ha construido un imperio gracias a un olfato sobrenatural para entender las necesidades del público de a pie -el no especializado- y una capacidad excepcional, tanto para predecir el alcance de nuevas tecnologías, como para transmitir conocimiento de manera pragmática. Por él hablan números que colocan sus programas de TV, página web y descargas de aplicaciones para móviles, como los más vistos o visitados en la esfera gastronómica (…)”

“Si alguien logra contribuir de forma notable para que una mayor cantidad de gente ame a la cocina como vehículo de placer, aprenda a cocinar y, sobre todo, entienda que a través de los alimentos es posible sanar alma y cuerpo, tiene mi admiración irrestricta”, agrega Estévez.

La historia de Jaime Oliver, sin duda, tiene muchas páginas por escribir. Pues como el mismo lo ha dicho: “siempre busco métodos alternativos de comunicarme con el público”. Lo cierto es que en medio del ‘boom’ del arte culinario, en donde este oficio ha ganado su sitio, y hoy es la opción profesional de cientos de jóvenes en el mundo, la vida de este cocinero demuestra que no solo ahora, sino desde hace décadas, la formación para el trabajo ha sido vital en el progreso de las sociedades, en la innovación de nuevos emprendimientos y la globalización del conocimiento.


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