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| 7/29/2017 2:12:00 PM

Becarios en el exterior, los verdaderos agentes de cambio

En el marco de la celebración de sus 60 años, Fulbright Colombia realizó una charla TEDx con algunos beneficiarios de su programa de becas, quienes contaron sus inspiradores testimonios.

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Semana Educación

Una nueva perspectiva. Si hubiera que definir el aporte de las historias de los siete ex becarios del programa Fulbright en Colombia que participaron en la primera charla TEDx Fulbright en Colombia, probablemente esa sería la manera. Estos beneficiarios compartieron el viernes sus historias inspiradoras como “agentes de cambio” (nombre que recibió el evento) que se han favorecido por la posibilidad de estudiar en otro país.

Esta modalidad de las reconocidas charlas TED (Tecnología, Educación y Diseño) ya había sido replicada en varias partes del mundo, pero era la primera vez que llegaba a América Latina. El evento se realizó en la biblioteca Virgilio Barco, en Bogotá, y contó con la participación de más de 450 espectadores.

La primera conferencia estuvo a cargo de Ricardo Corredor, director ejecutivo de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Hispanoamericano (FNPI), quien habló de la historia no tan conocida de los orígenes de esa fundación de la mano del premio Nobel de Aracataca.

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Particularmente, habló de la creación del diario El Otro, un proyecto inconcluso del escritor de mediados de los años 80, pero que sentó las bases para la creación de la FNPI. Gabo siempre se sintió un periodista antes que nada, y quería innovar la manera de contar periodismo en el país. “Lo que quiso fue impulsar a los periodistas a ser mejores”, contó Corredor.

Le siguió Claudia Barón, directora de la fundación Capi Barón, que trabaja por mejorar las condiciones de vida de la comunidad wayuu. Barón, mestiza wayuu y arijuna (como llaman a los extranjeros, quienes no hacen parte de su pueblo), habló de las fronteras que dividen ambas sociedades, desde las diferencias del lenguaje hasta la indiferencia con que los trata la sociedad.

“Mi invitación es a que miremos situaciones que se volvieron normales, pero que no deberían serlo”, dijo Barón sobre la precarias condiciones que viven muchas comunidades en el país, como la wayuu, y que se han vuelto parte del panorama normal para los colombianos.

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Algo similar aprendió Alex Fattal, profesor de la Universidad del Estado de Penn, en Estados Unidos, cuando vino al país en 2001 como parte de la Beca Estudiante Estadounidense para estudiar antropología en la Universidad de Los Andes. Fattal se sorprendió al ver de cerca las condiciones en las que vivían los habitantes de Altos de Cazucá, una zona por formada principalmente por población desplazada al sur Bogotá. Apasionado por la fotografía, Fattal aprovechó su estadía en el país para enseñar este arte a los jóvenes de la zona.

“Quería crear un proyecto que mostrara los sentimientos de esa población”, dijo Fattal, quien, valiéndose del poder narrativo de la imagen, creó Disparando cámaras para la paz, donde los estudiantes contaron sus propia realidad por medio de fotografías.

“Si puedo hacer la diferencia en un solo estudiante habrá valido la pena”, dijo por su parte Ryan Bart, otro becario extranjero que llegó al país con el programa Fulbright. Y lo hizo. Bart, mago de profesión, vino hace 5 años para enseñar inglés, pero también intruyó a sus estudiantes en el arte de la magia. Esta se volvió pronto una alternativa de vida para varios jóvenes provenientes de entornos difíciles en Ciudad Bolívar.

Así nació “Como por arte de magia”, una compañía dirigida por los mismos estudiantes, con la cual ganar dinero de una forma entretenida. Más importantemente, la iniciativa consiguió empoderar a estos jóvenes, mejorar su autoestima y su aprecio por la educación.

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Una de las historias más conmovedoras del evento fue la de Rodrigo Mezú. Este mayor de las Fuerzas Aéreas Colombianas decidió apostarle a la educación después de ver morir a varios compañeros en la guerra y aplicó a una beca Fulbright para Maestría en estudios internacionales en 2009. Luego de eso, lo nombraron miembro de la Subcomisión Técnica para el Fin del Conflicto en los diálogos de La Habana.

“Al principio lo veía como un deshonor”, dijo Mezú, para quien sentarse frente al enemigo “bárbaro” que combatió por años era impensable. “Cada vez que salíamos a hora de almuerzo pasabamos hambre. No queríamos ir a la cafetería y encontrarnos con ellos allá. Así que adoptamos una estrategia: no comer”, contó.

Naturalmente, no funcionó, y eventualmente les tocó compartir el espacio con los miembros de las Farc. “Y así nos dimos cuenta de lo que no queríamos ver: también eran personas”, dijo Mezú, quien defendió la relevancia de la participación de las Fuerzas Armadas en los procesos de paz.   

“Hay que ser capaz de cambiar de posición”, diría Juanita Goebertus, directora del Proyecto Colombia del Instituto para las Transiciones Integrales. En su charla, En defensa del optimismo, contó cómo el proceso de paz de La Habana, a donde fue como asesora en temas de víctimas, reforzó su creencia en el valor de mantener una actitud positiva.

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Como relató Goebertus, la Comisión de Paz se autoimpuso tres claves para mantener una actitud optimista: “Si íbamos a llevar una crítica, debíamos aportar una solución, había que soportarlo todo en evidencias y ver las oportunidades en las crisis”. Así pudieron sortear las grandes dificultades que tuvieron las negociaciones de paz.

Cerró el evento Brigitte Baptiste, directora del Instituto Alexander von Humboldt que recibio una beca Fulbright para estudiart en Florida en 1991. Habló de la dificultad de propia de la ciencia y la política de tomar decisiones en medio de la incertidumbre.

Con este evento, Fulbright Colombia anima a estudiantes, profesores y profesionales destacados a que apliquen a alguno de sus diferentes programas para estudiar en otras partes del mundo. Y, en el proceso de formarse académicamente y encontrarse con diferentes culturas, aprender también otras perspectivas de ver la vida.

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