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| 1/16/2017 6:00:00 PM

Regresan las residencias universitarias

La U. de los Andes abrió su primera residencia que tiene cupo para más de 600 estudiantes y profesores. Sin embargo, existe un déficit en vivienda universitaria. Los futuros profesionales del país no tienen dónde quedarse en Bogotá.

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Semana Educación

Cerca a las emblemáticas Torres de Fenicia, tres gigantescas torres se asoman sobre la carrera Tercera con calle 19 y obstruyen la vista de los cerros con con sus coloridas fachadas azules, verdes y amarillas. Se trata del proyecto CityU. Cuando los uniandinos regresen a clases por estos días, se encontrarán con el complejo arquitectónico que alojará a 1.713 personas en residencias universitarias.

La idea, que desde hace cuatro años viene gestionando la Universidad de los Andes, nació a partir de una encuesta que se realizó entre profesores, estudiantes y empleados. Y es que una de las pesadillas más comunes para los extranjeros que llegaban a estudiar a Bogotá era la dificultad al encontrar un cuarto para vivir, ya que estaban acostumbrados a que en sus países de procedencia existe la figura de los dormitorios universitarios. Por lo general, los extranjeros debían arrendar un cuarto o una casa en lugares inseguros o los estafaban.

Aunque el proyecto se pensó en un principio para los extranjeros y estudiantes que llegaba a Bogotá, la universidad descubrió por medio de un estudio de mercado, que personas de otras regiones y estudiantes de Bogotá se estaban yendo a vivir cerca de las universidades. Hoy, una de las torres, llamada Séneca, será sólo para la comunidad de los Andes. Tiene 26 pisos y ofrecerá 628 cupos en 243 apartamentos.

El primer piso del complejo arquitectónico está constituido por una zona pública con dos plazoletas, en donde está previsto que se realicen actividades culturales y artísticas. Los pisos 2 y 3 están destinados a locales comerciales de comidas, farmacias, papelerías, bancos, peluquerías y mercados. El cuarto piso une las tres torres y cuenta con salas de estudio, salas de entretenimiento, gimnasio, lavandería y recepción.

Séneca, la torre destinada a la comunidad uniandina, cuenta con apartamentos de 1, 2 y hasta 4 habitaciones. En su último piso se encuentran 16 suites para estancias cortas de los invitados especiales. Los valores oscilan entre 5 millones y hasta 8 millones de pesos por semestre académico. Una noche cuesta 250.000 pesos por persona.

En Colombia han existido a lo largo de su historia las residencias universitarias para los estudiantes de otras regiones; sin embargo, jamás han sido desarrolladas como un negocio inmobiliario. Por ejemplo, hace 50 años fueron famosas las de la Universidad Nacional en el Centro Nariño de Bogotá y que hoy sigue en pie, ofreciendo albergue a 215 estudiantes.

Este complejo fue creado durante el gobierno de Gustavo Rojas Pinilla y estuvo pensado para los estudiantes de bajos recursos, como también las residencias femeninas, ubicadas en el Edificio Sendas, pero que hoy es una sede de la Dian. El Centro Nariño sigue funcionando de la misma manera, con la cobertura casi total de los gastos de alimentación y hospedaje, mediante convocatorias que dan prelación a personas con discapacidad, víctimas del conflicto armado y madres cabeza de familia.  

Otro concepto similar al de las residencias es el de adaptaciones dentro de casas grandes u hospedajes en hogares familiares. Así funciona en la Universidad Javeriana el programa Familias Anfitrionas, en el que familias cercanas a la institución prestan sus habitaciones para acoger estudiantes javerianos.

Sin embargo, un edificio con residencias no está contemplado dentro de los planes de la universidad, a pesar de que la institución está cambiando en materia de infraestructura y es posible que a futuro considere esa opción.

Y es que administrar uno de estos centros no es nada fácil, ante la amenaza de que los estudiantes se salten las normas de convivencia y que el presupuesto no sea suficiente. Lo cierto es que Bogotá tiene un déficit de vivienda universitaria en pregrado y posgrado. No existe un programa distrital o nacional que esté direccionado a financiar la vivienda estudiantil. A diferencia de las universidades privadas, las públicas no tienen recursos para lograr ese tipo de proyectos.

Por su parte, la Universidad de los Andes basará el modelo administrativo de las residencias en tres actores claves: un fondo de acción que pone los recursos, un operador y la universidad, que se enfoca en el éxito académico y en lograr que la deserción disminuya. En un año se podrá determinar si los objetivos de la universidad con este proyecto se cumplieron.

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