Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/03/15 00:00

Mockus: mejor imposible

El símbolo de la ética y la cultura ciudadana se vuelve un protagonista clave para la primera vuelta presidencial. ¿Cómo lo hizo?

Mockus: mejor imposible Foto: Foto: León Darío Peláez

Antanas Mockus vuelve con fuerza al ruedo de la política. Como ganador aventajado de la consulta del Partido Verde se convirtió en uno de los fenómenos más interesantes de las elecciones del domingo. La consulta de los ‘tres tenores’ superó las expectativas que incluso sus propios integrantes tenían y logró que ese movimiento pasara de ser un experimento de renovación política a convertirse en un jugador muy relevante hacia la primera vuelta presidencial, al alcanzar más de 700.000 votos.

Mockus se impuso sobre sus dos competidores con más del 50 por ciento de los sufragios, mientras los ex alcaldes Enrique Peñalosa y Lucho Garzón obtenían el segundo y tercer lugar, respectivamente. Y aunque esta es una baraja de lujo, que se caracterizó por mantener un debate civilizado y un espíritu de cuerpo poco usual en épocas de competencia electoral, Mockus salió elegido porque él, más que nadie, es un símbolo de la ética política. Se le considera un hombre de argumentos, que respeta al otro, y cuyo discurso es coherente con sus actos. Las consignas de “no todo se vale” y “la vida y los recursos son sagrados”calaron en sectores jóvenes, urbanos y modernizantes que rechazan las viejas costumbres electorales como la compra de votos, la para-política, el clientelismo y los acuerdos bajo la mesa.

La campaña de los ‘tres tenores’ fue renovadora. Para empezar, la unión de tres líderes que vienen de tradiciones, ideologías y grupos diferentes que lograron poner el énfasis en sus afinidades y no en sus contradicciones. Cada uno de ellos le dejó un legado distinto pero complementario a Bogotá durante su administración, por lo que vendieron la imagen de ser un gran equipo. En los debates se elogiaron mutuamente, recorrieron el país juntos, y en la publicidad siempre aparecieron los tres. Algo que contrasta con la voracidad de otras campañas donde la competencia ha sido despiadada y en muchos casos, sucia.

En ese mismo tono construyeron una lista a Senado y varias a Cámara, compuestas especialmente por intelectuales y líderes sociales de impecable trayectoria. Y aunque en principio pensaban elegir el candidato a la Presidencia a través de una encuesta, se decidieron por la consulta porque ésta les permitía estar en la tribuna pública y generar expectativa.

A pesar de que los tres tienen muchos méritos, Mockus se destacó en las encuestas y en el imaginario público. Si bien Peñalosa es considerado como un gran ejecutor y un excelente administrador, su caudal político está más en Bogotá, mientras que Mockus desde el principio de su vida pública ha tenido simpatizantes en todo el país. Entre otras cosas, porque ya había sido candidato a la Presidencia y a la Vicepresidencia. También lo favorece que tiene una imagen más neutra en términos políticos e ideológicos que, por ejemplo, Lucho Garzón. Aunque se ubica en el centro, puede ganar votos de la izquierda, por ejemplo con sus apuestas por el desarme, y de sectores más conservadores, con su defensa irrestricta del respeto a las normas.

Si bien en el pasado se le consideraba un ‘llanero solitario’ en realidad durante tres lustros ha construido un pequeño movimiento político. Los Visionarios ya han estado en varias campañas y han aprendido de los errores del pasado, especialmente de 2006, cuando sus listas se quemaron, con apenas 70.000 votos, al tiempo que la de Peñalosa sacaba 170.000, que tampoco le alcanzaron para ninguna curul.

Por todo lo anterior, el triunfo de Antanas Mockus y del Partido Verde es una buena noticia para el país. Entra pisando fuerte a la contienda y puede ser un factor de convergencia entre los sectores no uribistas; al tiempo que demuestra que un porcentaje muy importante de los colombianos le apuesta a una renovación de la política. Un voto de opinión que puede crecer en los comicios de mayo, en los que Mockus puede ser, ya no un candidato simbólico, sino determinante electoralmente.

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