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| 3/30/1992 12:00:00 AM

"AL CONCEJO LE APORTO LA HISTORIA DE MI VIDA"

Habla la prostituta candidata al concejo de Bogotá. Elizabeth Fonseca, quien ocupa el cuarto renglón en una de las listas del M-19, cuenta el por qué de su decisión.


SEMANA: ¿Cómo entró a formar parte de una de las listas del M-19 que aspiran al Concejo de Bogotá?
ELIZABETH FONSECA: Una tarde, unos miembros del M-19 llegaron a repartir 20 mil condones a la zona de tolerancia en donde yo trabajaba. Entonces me acerqué a uno de ellos y le dije que los problemas de nosotras eran mucho más graves que la falta de un condón. Estuvimos charlando un rato y luego decidimos planear una reunión en el bar en donde trabajábamos, con un número mayor de prostitutas. Así se hizo, y a la semana siguiente nos encontramos unas 70 prostitutas con José Cuesta Novoa, el candidato del M-19. En esa reunión fue en donde decidimos mi participación en la lista para el Concejo.
SEMANA: ¿Por qué una prostituta aspira a ir al Concejo de Bogotá?
E. F.: Al principio sólo ofrecimos votar por ellos a cambio de apoyo. Pero después pensamos que la nueva Constitución les abrió un espacio a las minorías, y que nosotras las prostitutas somos una minoría que debería tener no sólo voto sino también voz.
SEMANA: Concretamente, ¿qué puede aportarle usted al Concejo? E. F.: Yo lo que puedo aportar es la historia de mi vida. Que es una historia de privaciones, sufrimientos y humillaciones, como la de la mayoría de los colombianos. Mi profesión es accidental.
SEMANA: ¿Y cuál es la historia de su vida?
E. F.: Tengo 27 años. Quedé huérfana de madre cuando tenía año y medio. Al poco tiempo, mi papá se casó con una señora a la que nunca le caí bien. Es terrible tener madrastra. Me maltrataba, igual que a mis dos hermanos. Nos dejaba encerrados, sin comida, nos pegaba. Y mi papá no decía nada. Después de unos años nos fuimos a vivir a Usaquén, en la casa de un señor mayor. Allá sí fue peor, porque ese tipo no hacía sino manosearme. Luego mi madrastra echó a la calle a mis hermanos, dizque porque ya eran lo bastante grandes para vivir sólos. A mi me puso a trabajar con una modista, pero también se la pasaba diciéndome que me fuera, hasta que me cansé y le hice caso.
SEMANA: ¿Qué edad tenía cuando se fue de la casa?
E F.: Trece años. Me fui a trabajar como mesera a un restaurante. Y al mismo tiempo adelantaba mi bachillerato en una escuela nocturna.
SEMANA: ¿Fue entonces cuando conoció al papá de sus hijos?
E. F.: Al papá de los tres primeros, porque el cuarto es de otro hombre. Sí, fue en el restaurante, nos enamoramos y me fui a vivir con él. Tuve mi primer hijo, una niña, a los 16 años. Al año tuve otro y cuando quedé embarazada del tercero el tipo me abandonó.
SEMANA: ¿Qué hizo usted entonces?
E. F.: Yo estaba indocumentada y no tenía nada que hacer. Fui a buscar a una amiga de mi papá para que me ayudara, y ella me aconsejó meterme en la prostitución. Qué más hacía, estaba embarazada y tenía que mantener a dos niños más.
SEMANA: ¿En dónde comenzó a trabajar?
E F.: Me situé la primera vez en la décima con décima. Ahí, parqueada en la calle, esperando a los clientes para luego irnos a una residencia cualquiera de ese sector. Por allá hay muchas.
SEMANA: ¿ Todo el tiempo estuvo en el mismo lugar?
E F.: No, uno trata de buscar mejores sitios, para progresar. Porque es que entre más bonita sea la calle en donde uno trabaja, más plata tienen los clientes. Por eso después me fui a la 20 con décima y luego estuve un tiempo en Chapinero. Allá se ganaba más, pero no pude acostumbrarme a la gente. Entonces volví al centro y me quedé en la 19 con 15, en La Alameda.
SEMANA ¿Cuánto tiempo trabajó en la prostitución?
E. F.: Trabajé muchos años. No paré ni para dar a luz a mi tercer hijo. Hasta hace menos de 15 días estaba en eso.
SEMANA ¿No dejó de trabajar para tener el hijo?
E. F.: No. Yo trabajé hasta el último día del noveno mes de embarazo. Un día o, mejor dicho, cinco horas antes de tener mi hijo, recibí a un cliente, con todo y dolores de parto.
SEMANA: ¿Había un cliente en esas condiciones?.
E. F.: Sí, fíjese que en este negocio hay de todo. El hecho es que nunca falta trabajo. Ese día el tipo llegó y se empeñó en que yo lo atendiera. Le dije que estaba enferma, que mejor me regalara la plata. Pero él no me creyó, me dijo que todas nosotras éramos unas mentirosas. Y tuve que estar con él, pero luego de conocerlo resultó ser una buena persona.
SEMANA: ¿Cómo fue que volvió a verse con él?
E. F.: Sí. La primera noche en la que estuvimos juntos él me contó que vendía electrodomésticos. Yo le dije que tenía ganas de comprarme un televisor, y le di la dirección de mi casa. Al día siguiente él fue a visitarme. Pero ya estaba en el hospital de La Hortúa, teniendo mi bebé. Se dio cuenta, entonces, de que yo no estaba diciendo mentiras y le debió remorder la conciencia porque llegó a visitarme. Conversamos un rato y nos fuimos haciendo amigos. Duró varios años visitándome, en calidad de cliente. Hasta que una vez me dijo que quería tener un hijo conmigo, y que luego él le daría su apellido a mis otros tres niños.
SEMANA: ¿ Y qué pasó?
E. F.: Quedé embarazada, tuve mi cuarto hijo y él después le dio el apellido a los demás. No sé por qué lo hizo, tal vez por generoso, porque plata si no tiene mucha. Además es casado.
SEMANA: ¿La esposa sabía de su relación?
E F.: Si, yo hablé con ella. Es una persona muy decente, sabe que tengo un hijo con su marido. Sin embargo, ambas decidimos no meternos en la vida de ninguna. Ni ella en mi vida ni yo en la de ella.
SEMANA: ¿Durante el tiempo en que estuvo con él, abandonó la prostitución?
E. F.: No, y esa era una de las razones por las cuales él me pegaba. Pero era que la plata que él me daba no me servía para nada. Por eso seguí trabajando en lo mismo, hasta que llegaron los señores del M-19.
SEMANA: ¿Les contó a sus hijos que usted era prostituta?
E.F.: Sólo a mi hija mayor. de 11 años. Le mostré el lugar en donde yo trabajaba y le dije que era prostituta. Le expliqué que eramos mujeres que nos acostábamos con muchos hombres para poder tener dinero para vivir. Ella lo entendió, y yo me quité un peso de encima. A los otros tres también les voy a contar, pero cuando sean más grandes, porque no tengo nada de qué avergonzarme. Además están felices de verme metida en esto del Concejo, hasta me acompañan a hacer las campañas por los barrios.
SEMANA: Hablando de su participación en la lista, ¿cree que va a salir elegida?
E. F.: Es difícil, porque estoy en el cuarto renglón. Pero teniendo en cuenta el interés que ha causado mi nombre, es probable que se pueda provocar un fenómeno político. No se puede decir nada hasta el día de elecciones.
SEMANA: ¿Cuántos votos de prostitutas piensa recibir?
E. F.: Muy pocos, porque la mayoría de ellas son indocumentadas. Pero la idea es que no sólo las prostitutas voten por mi. Yo no las estoy representando únicamete a ellas. Yo represento a todas las mujeres oprimidas, pobres. Yo reflejo lo que es la vida de una colombiana sin dinero. Y de esa clase de personas son muchas las que viven en este país. -
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