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| 1/18/2014 12:00:00 AM

Bombazo

Lo más elocuente –y lo más preocupante– es que, en plenas conversaciones de paz, las Farc opten como estrategia para anunciar su cese al fuego y para ponerle fin detonar sendas bombas que afectan directamente a la población civil.

Lo más elocuente –y lo más preocupante– es que, en plenas conversaciones de paz, las Farc opten como estrategia para anunciar su cese al fuego y para ponerle fin detonar sendas bombas que afectan directamente a la población civil. El 7 de diciembre, una semana antes del inicio de su cese unilateral de fuego, las Farc detonaron una carga explosiva en Inzá, Cauca, en el día de mercado, que causó la muerte de nueve personas, tres de ellas civiles, dejó 40 heridos y destruyó la estación de Policía, la Alcaldía y muchas viviendas.

El pasado jueves 16, a las nueve de la mañana, menos de 12 horas después del fin de esa tregua, en la plaza principal de Pradera, Valle, estalló una moto cargada con varios kilos de pentonita, según las primeras investigaciones, que mató a Jorge Eliécer Mora, un anciano que hacía mandados en el pueblo, y dejó 60 heridos. Las autoridades atribuyeron este nuevo atentado a las Farc. Estas, como es habitual, no dijeron nada (SEMANA solicitó a sus delegados en La Habana pronunciarse, pero no obtuvo respuesta).

Si, como es altamente probable, el atentado de Pradera es atribuible a las Farc, ¿qué mensaje envía una guerrilla que pide ser objeto de tratamiento político en Cuba mientras siembra el terror entre civiles inermes en Colombia a punta de bombazos?
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