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| 3/31/1986 12:00:00 AM

CARTAS DESDE EL GULAG

El periodista europeo Nicholas Bethell acaba de publicar en The Observer y Diario 16, una serie de cartas del disidente soviético Andrei Sajarov,recibidas por vía desconocida por su hija Tatiana. La más importante está dirigida a Anatoli Alexandrov...

"El 7 de mayo (1984), mientras acompañaba a mi mujer a la oficina del fiscal para la siguiente tanda de preguntas, fui capturado por hombres del KGB disfrazados con batas blancas de médicos. Me cogieron por la fuerza y me torturaron durante cuatro meses.
Todos mis intentos de dejar el hospital fueron siempre bloqueados por hombres del KGB, especialmente destinados a la tarea de impedir todo lo que significara escapar.
Desde el 11 al 27 de mayo fui sometido al dolorosísimo y degradante proceso de alimentación forzosa. Los doctores lo llamaron hipócritamente "salvar mi vida", pero de hecho, seguían órdenes del KGB para crear condiciones en las que no se podía atender mi petición de que le fuera permitido viajar a mi mujer. Mantuvieron el método de la alimentación forzosa adaptándolo a voluntad. Querían maximizar mi angustia para hacerme abandonar la huelga de hambre. Del 11 al 15 de mayo intentaron alimentarme por vía intravenosa. Los enfermeros me tumbaron en la cama, atado de pies y manos, manteniéndome sujeto mientras introducían la aguja en la vena. El 11 de mayo, primer día en que se intentó esto, uno de los auxiliares del hospital se sentó sobre mis piernas mientras se me inyectaba con una jeringa una substancia. Perdí el conocímiento y oriné involuntariamente.
Cuando volví en mí los enfermeros habían abandonado mi habitación. Todo parecía extrañamente distorsionado, como si se tratara de una pantalla de televisión afectada por una fuerte interferencia. Después averigué que esta clase de ilusión óptica es el síntoma de un espasmo producido por una hemorragia cerebral o un golpe. Yo me había quedado con los borradores de las cartas que escribí a mi mujer desde el hospital. Ninguna de ellas, aparte de las que estaban vacías de información, fueron enviadas a mi mujer, y lo mismo ocurrió con los libros y notas que me envió.
En la primera carta que escribí cuando comenzó la alimentación forzosa (20 de mayo), de la que tengo el borrador, mi escritura es vacilante y está notablemente deformada. Las letras se repiten dos o tres veces en muchas palabras (principalmente las vocales, como en "maaano"). Este es otro síntoma típico de un espasmo cerebral o golpe, y puede utilizarse como prueba objetiva y documental para establecer un diagnóstico. La repetición de letras no aparece en los últimos borradores, pero los síntomas de temblor persisten. Mi carta del 10 de mayo (noveno día de mi huelga de hambre, pero anterior a la alimentación forzosa) es enteramente normal.
Mis recuerdos son confusos, en contraste con mi memoria de los hechos acaecidos desde el 2 al 10 de mayo.
En mi carta fechada el 20 de mayo afirmo: "Difícilmente puedo caminar. Estoy intentando aprender".

ESPASMO PREMEDITADO
El espasmo o golpe que sufrí el 11 de mayo no fue un accidente. Fue el resultado directo de las medidas médicas tomadas sobre mí siguiendo órdenes del KGB.
Desde el 16 al 24 de mayo se empleó una nueva modalidad de alimentación forzosa. Se me intubó por la nariz. Esto se interrumpió el 25 de mayo, supuestamente debido a la aparición de llagas en las cavidades nasales y el esófago. Creo que la interrupción fue debida a que este método, aunque tolerable, es fisicamente doloroso. En los campos de trabajo se utiliza durante meses, e incluso años a veces.
Desde el 25 al 27 de mayo se empleó el más doloroso degradante y bárbaro método. De nuevo se me colocó encima de la cama, sin almohada, y atado de pies y manos.
Me colocaron una pinza en la nariz, de forma que sólo podía respirar por la boca. Cuando la abría para aspirar aire me introducían una cuchara con un caldo que contenía una carne extraña.
A veces me abrían las mandíbulas con una palanca, luego me mantenían la boca cerrada para que obligatoriamente tuviera que tragar la comida y no escupirla. Cuando lo hacía, prolongaba mi agonía. Experimentaba una continua sensación de asfixia, agravada por la postura de mi cuerpo y de mi cabeza. Tenía que jadear para respirar. Podía sentir cómo mis venas latían en mi frente. Parecían estar a punto de estallar.
El 27 de mayo pedí que me quitaran la pinza. Prometí tragar voluntariamente los alimentos. Desgraciadamente, ello significaba que ponia fin a mi huelga de hambre, aunque no me di cuenta en el momento. Tenía la intención de reiniciar la huelga de hambre más tarde -en julio o agosto-, pero fui aplazando el momento. Me sentía bloqueado sicológicamente, no podia condenarme a otro periodo indefinido de tortura por asfixia. Es más fácil continuar la lucha sin interrupciones que reiniciarla.
Durante ese verano, buena parte de mi fortaleza se disipó en "discusiones" tediosas e inútiles con otros pacientes en la habitación, donde nunca me encontraba solo. Esto también formaba parte de una táctica elaborada por el KGB. Diversos pacientes fueron ocupando la otra cama, y todos trataban de convencerme de que era un loco tonto, un hombre políticamente ignorante, aunque admiraban mi capacidad científica. Sufría un tremendo insomnio, ya que estas conversaciones me excitaban muchísimo por la conciencia que tenía de nuestra trágica situación, porque me reprochaba mis errores y mi debilidad y por la ansiedad que sentía por mi mujer, que estaba seriamente enferma.

ENFERMEDAD DE PARKINSON
En junio y julio, después del espasmo que sufrí, experimenté fuertes dolores de cabeza. No podía autoconvencerme de reiniciar la huelga de hambre, en parte por temor a ser incapaz de concluirla triunfalmente y en parte por la posibilidad de que la huelga volviera a aplazar el reencuentro con mi mujer. De todas formas, nunca hubiera creido que nuestra separación duraría cuatro meses.
En junio comencé a percibir que mis manos temblaban. Ese temblor iba en aumento; un neurólogo me dijo que estaba afectado por la enfermedad de Parkinson. Los médicos trataron de convencerme de que si reanudaba mi huelga de hambre se produciría un desarrollo rápido y catastrófico de mi enfermedad.
Un doctor me proporcionó un libro en el cual había una descripción clínica de las últimas etapas de la enfermedad de Parkinson. Ese era también un método para presionarme sicológicamente. El jefe del equipo médico O. A. Obujov, explicó: "No permitiremos que usted muera. Estoy dispuesto a autorizar al equipo a que lo vuelva a alimentar con la ayuda de la pinza. También disponemos de otro método. Sin embargo, usted se convertirá en un auténtico inválido". Otro médico añadió, a manera de explicación: "Será incapaz de ponerse sus propios pantalones". Obujov sugirió que esto le agradaría al KGB, porque no podría ser acusado de nada:no se puede inducir artificialmente la enfermedad de Parkinson.
Todo lo que me ocurrió en el hospital de Gorki en el verano de 1984 era una sorprendente reminiscencia de la famosa novela antiutópica de Orwell. Había además una extraordinaria coincidencia entre la vida real y la novela "1984": la tortura llevaba a un hombre a traicionar a la mujer que ama. El papel que desempeñaba la amenaza de la jaula llena de ratas en el libro de Orwell tenía su equivalente en mi vida real: era la enfermedad de Parkinson" .
La hostilidad del KGB hacia los Sajarov se intensificó en 1981, con la primera huelga de hambre de Andrei Sajarov. Ese año, las autoridades negaron a Lisa Alekseyeva -que estaba comprometida con Aleksey, el hijo de Elena- el permiso para reunirse con su novio, que había emigrado tres años antes a Estados Unidos.
En noviembre de 1981, Sajarov inicio una huelga de hambre en señal de protesta por la negativa de las autoridades. Dieciséis días más tarde, Lisa obtuvo el permiso para emigrar. La familia Sajarov opina que la decisión inicial del KGB de negar la autorización a Lisa fue anulada por el Politburó, en Moscú .

KGB, HUMILLADO
Esta derrota humilló al KGB. Durante el mandato de Andropov y de Chernenko, caracterizados por la debilidad de la dirección soviética, el KGB logró restablecer su autoridad en asuntos de seguridad interior y, en particular, llegó a la conclusión de que no podía permitirse que llegara a triunfar el "arma" utilizada por Sajarov, la huelga de hambre.
Pero, durante los primeros años del exilio de Sajarov en Gorki, el KGB llegó a la conclusión de que sus actividades como disidente se habían reducido. Se permitió que Elena viajara a Moscú, actuando como mensajera de su marido. También pudo mantener comunicaciones con el exterior, aunque de forma restringida.
La oportunidad del KGB vino a mediados de 1983, cuando el doctor Sajarov escribió una larga carta a Sidney Drell, un conocido físico de la Universidad de Stanford, sobre el peligro de una guerra nuclear. La carta fue publicada en julio de ese año en la revista americana Foreign Affairs. Algunos pasajes de la misiva desagradaron mucho a las autoridades soviéticas. Por ejemplo, Sajarov aconsejó a Occidente que "restaurara la paridad en el campo de las armas convencionales, haciendo sacrificios económicos si fuera necesario" y que estuvieran listos para resistir la influencia soviética en los medios de comunicación.
Escribió diciendo que la Unión Soviética tenía una gran ventaja en potentes misiles estratégicos basados en silos y concluyó: "Quizá las conversaciones sobre la limitación y la reducción de estos destructivos misiles serían más fáciles si los Estados Unidos fueran a tener misiles MX, aunque sólo potencialmente...".
En la prensa sovietica se produjo inmediatamente una ruidosa protesta; "Izvestia" publicó lo siguiente: "Sajarov está sugiriendo realmente que la fuerza monstruosa de las armas nucleares sea utilizada para intimídar a la Unión Soviética otra vez, imponer a nuestro país la capitulación antes de que se produzca un ultimátum americano... ¿puede él realmente entender que la concentración de armas que recomienda amenaza no sólo a nuestro país, que perdió veinte millones de personas en la última guerra, sino a todas las naciones sin excepción y a la civilización misma?"
El doctor Sajarov recibió alrededor de dos mil quinientas cartas insultantes de ciudadanos soviéticos que aceptaron la versión distorsionada de "Izvestia" de la carta a Drell. Incluso en América pareció haber una retirada del apoyo que tenía Sajarov entre la comunidad científica liberal. ¡Tan fuerte fue su desaprobación del punto de vista del científico soviético sobre el desarme nuclear! Nunca Sajarov estuvo más aislado.
Ese mismo año se produjo una crisis en la salud de Elena. El 25 de abril sufrió un ataque al corazón. El doctor Sajarov hizo un llamamiento público. El ataque fue grave v severo.
"Posteriores ataques dañaron más el tejido del corazón. La condición de mi esposa no está todavía (noviembre de 1983) estabilizada y la amenaza contra su vida permanece", escribió.

PASAPORTE PARA ELENA
Al mismo tiempo Sajarov hizo la solicitud más grande de las hechas hasta la fecha: que se le concediera un pasaporte a Elena para poder recibir tratamiento médico en el exterior.
"Temo y creo que el temor está justificado, y si Elena fuera hospitalizada aquí se encontraría alguna manera de provocar su muerte..., e incluso si estoy exagerando el peligro, el acosamiento público y las constantes interferencias del KGB impiden la posibilidad de aplicarse un tratamiento médico serio", escribe.
El doctor Sajarov dirigió también una misiva al entonces líder soviético Yuri Andropov en la que le decía que el viaje de Elena a América para ver a su familia y para recibir tratamiento médico se "ha convertido en un asunto de vida o muerte para nosotros. El viaje no tiene otro propósito que el indicado arriba. Puedo asegurárselo".
Sin embargo, Sajarov confiaba poco en que los dirigentes soviéticos respondieran favorablemente. Como su carta a Alexandrov revela, tenía ya decidido que podría ser necesario realizar otra huelga de hambre. En la primavera de 1984 los acontecimientns lo forzaron a ponerse en acción.
"El 30 de marzo del 1984 me citaron de la oficina de visados de la provincia de Gorki. Un funcionario me anunció: "De parte del Departamento de Visados de la Unión Soviética le informo que su solicitud está siendo considerada. La respuesta le será comunicada después del 1° de mayo".
Mi mujer tenía que volar a Moscú el 2 de mayo. Vi, a través de los ventanales del aeropuerto, cómo era detenida al pie del avión e introducida en un coche de la Policía. De inmediato, volví a mi piso y tomé un laxante, comenzando así una huelga de hambre para que permitieran viajar a mi mujer. Dos horas más tarde volvió mi mujer, acompañada por el jefe provincial del KGB. Este pronunció un discurso amenazante, llamando agente de la CIA a mi mujer. Cachearon a mi mujer en el aeropuerto y la acusaron de infringir el artículo 1901 del Código Penal. También la hicieron firmar una nota en la que prometía no abandonar la ciudad.
Esta fue la respuesta que me habían prometido dar sobre el viaje de mi esposa al extranjero".
Los amigos de Elena se alarmaron cuando vieron que la esposa de Sajarov no llegaba a Moscú en el vuelo procedente de Gorki. En Boston, su familiar también se preocupó, al no poder conectar telefónicamente con el piso de los Sajarov en Moscú. El 4 de mayo, la agencia soviética de noticias Tass acusó a Elena de tener contactos con diplomáticos americanos y de utilizar la valija diplomática de la Embajada de Estados Unidos para enviar documentos al extranjero .
Irina Kristy, una amiga de la familia, voló inmediatamente a Gorki y habló con Elena, que estaba en el balcón de su piso, que da a la calle Gagarin. Ambas aprovecharon que el policía del KGB se hallaba ausente de su puesto de guardia. Fue una conversación breve, pero vital, porque Elena pudo comunicar a Irina la noticia de que Sajarov había iniciado una huelga de hambre dos días antes. De vuelta en Moscú, el 8 de mayo, Irina informó a la prensa occidental que Sajarov había iniciado otra acción de protesta.
Esta vez, sin embargo, el KGB estaba decidido a que Sajarov no triunfara. Como Sajarov revela por primera vez en su carta a Alexandrov, el KGB recurrió a la brutalidad de la alimentación por la fuerza.

SOLOS Y AISLADOS
Para los esposos Sajarov la agonía de su aislamiento era tan dolorosa como el tratamiento de la enfermedad física:
"Durante cuatro meses, del 7 de mayo al 8 de septiembre, nos separaron a mi mujer y a mí y nos aislaron completamente del mundo exterior Además del policía que estaba habitualmente de guardia frente a nuestro piso, instalaron puestos de observación que funcionaban las veinticuatro horas del día y aparcaron una furgoneta ocupada por agentes del KGB debajo de nuestro balcón. Cuando mi esposa salía a la calle la seguían dos coches del KGB. Los agentes le impedían cualquier contacto humano. Tampoco le permitieron ir al hospital regional a visitarme cuado yo estaba confinado allí"
En mayo de 1984, después de la repentina interrupción de informaciones, comenzaron a circular rumores sobre lo que había ocurrido al matrimonio. Se dijo que Sajarov estaba agonizando o, incluso, que había muerto. Las infomaciones de los soviéticos, sin embargo, eran reconfortantes. El 20 de mayo, el líder comunista francés Georges Marchais anunció que había preguntado por la suerte de Sajarov y que altos cargos soviéticos le habían dicho que su estado de salud era satisfactorio. El 18 de mayo la agencia Tass informó que la clínica Semashko era una de las mejores de Gorki y que el tratamiento de Sajarov era gratuito.
Después de ser alimentado por la fuerza, Sajarov comenzó a comer nuevamente. En los meses de junio y julio permaneció encerrado en el hospital Semashko, preocupándose por la salud de su mujer y por sentirse incapaz de reanudar la huelga de hambre. Se le tomaron varias fotografías que distribuyeron agentes soviéticos entre la prensa occidental. Otra preocupación era la investigación criminal contra su mujer por contrabando de documentos contra el Estado soviético. Sajarov pensaba que su proceso era inminente y el 1° de agosto escribió al fiscal G.P. Kolesnikov:
"La actividad pública de mi mujer, E. G. Bonner, la actitud de las autoridades hacia ella y su posición en la sociedad desde 197172 han estado en buena medida determinadas por el hecho de haberse convertido en mi mujer. Tengo serias razones para pensar que los actos de los que se le acusa han sido realizados siguiendo mis instrucciones, porque ella ha estado actuando como mi representante. Por este motivo considero ilegal que se lleve adelante una investigación o se acuse a mi mujer sin adoptar una actitud idéntica respecto de mí. Pido que se me incluya en el caso para que yo pueda asumir la parte de responsabilidad que me corresponde.
Más aún. Le solicito, si este caso llega a juicio, ser citado ante los tribunales como testigo y como familiar más próximo a la acusada. A pesar de encontrarme recluido en un hospital, mi estado de salud es satisfactorio. Por este motivo mi situación actual no puede ser obstáculo para comparecer ante los tribunales".
El juicio de Elena comenzo el 10 de agosto. Al día siguiente, fue condenada a cinco años de exilio interior en la ciudad de Gorki. Volvió sola al piso, porque su marido seguía en el hospital Semashko sin saber nada sobre la condena de su mujer.

CONTINUAR O NO
Con un coraje casi increíble, debido a su delicado estado de salud, Sajarov decidió el 7 de septiembre reanudar su huelga de hambre en el hospital. Las autoridades, sin embargo, estaban hartas de su problemático paciente:
"El 8 de septiembre me sacaron apresuradamente del hospital", escribe Sajarov.
Sajarov se enfrentó entonces a una decisión terrible:
"Terminar la huelga de hambre para poder ver a mi mujer después de cuatro meses de separación o continuar todo el tiempo que pudiera aguantar, prolongando así indefinidamente nuestra separación y el completo desconocimiento que cada uno de nosotros tenía de la situación del otro.
No pude continuar", concluye Sajarov. "Ahora, sin embargo, estoy atormentado por el pensamiento de que pude haber perdido una oportunidad de salvar a mi mujer. Su muerte sería también la mía".
Juntos nuevamente en el piso de la calle Gagarin, marido y mujer supieron lo que les había ocurrido a cada uno durante los cuatro meses de su separación.
"Fue después de volver a vernos cuando supe lo de su juicio y ella supo que me habían alimentado por la fuerza", escribe Sajarov.
La carta de Sajarov a Alexandrov termina puntualizando que su mujer "ha sido condenada injusta e ilegalmente" y que existen argumentos de peso para revisar la sentencia o anularla.
El disidente soviético concluye con este impactante alegato:
"Soy el único académico en la historia de la Academia de Ciencias cuya mujer ha sido condenada como un criminal, sometida a una vil y maliciosa campaña en que se le presentó como contrabandista, y privada de toda comunicación con su madre, sus hijos y nietos. Soy el único académico cuya responsabilidad por sus acciones y opiniones ha sido transferida a su mujer. Esa es mi situación y me es insoportable. Espero que me ayude.
Si usted y el presidium de la Academia no ven posible ayudarme en esta historia trágica y que tan vital es para mí... pido que esta carta sea considerada como mi dimisión de la Academia de Ciencias de la URSS.
Renuncio a mi título de miembro pleno de la Academia, un título que para mi fue un orgullo en otras circunstancias. Renuncio a los derechos y privilegios que conlleva ese título, incluyendo mi sueldo como académico, un paso significativo pues carezco de ahorros.
Si no se permite a mi mujer viajar al extranjero, no puedo seguir siendo miembro de la Academia de Ciencias. No debo participar ni participaré en un gran fraude internacional en el cual mi condición de miembro de la Academia puede jugar un papel.
Repito que cuento con su ayuda".
Respetuosamente,
A. Sajarov
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