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| 11/5/2016 12:00:00 AM

El increíble talento de la niña "Mozart" mexicana

SEMANA habló en Bogotá con Daniela Liebman, quien, a pesar de sus 14 años, es una de las pianistas más reconocidas del mundo.

A los 14 años, la pianista mexicana Daniela Liebman se ha presentado en algunos de los escenarios más importantes del mundo. SEMANA habló con ella antes de su concierto del pasado jueves.

¿Qué se le pasa por la cabeza cuando se da cuenta de que usted ya conoce el mundo entero?

Me siento privilegiada de haber podido conocer culturas diferentes. Mi vocación me permite no solo ver muchos lugares, sino también personas muy diferentes.

¿Siente que con el solo viajar ya conoce el mundo? ¿O cree que conocer el mundo es mucho más que eso?

Más que simplemente viajar, lo realmente enriquecedor es conocer personas. Cada continente trae sus propias experiencias diferentes, visuales, alimenticias y personales. Nunca sabes con lo que vas a encontrar en cada lugar.

¿Qué piensa cuando ve que por muchos años usted seguirá en las mismas?

Definitivamente quiero seguir haciendo lo mismo, pero seguiré desarrollándome como pianista y como música, aprendiendo cada vez más y luchando por no estancarme.

¿Cómo es la vida pasando de hotel en hotel?

Al principio si fue cansador, no he tenido un hogar propiamente dicho por casi tres años. Dejar mi casa en México me ‘sacó de onda’, pero una se acostumbra. No extraño tener un lugar fijo y quiero seguir viviendo así por ahora.

¿Qué no cambiaría por nada en su vida?

El apoyo y la compañía de mi familia, especialmente.

¿Usted tiene amigos de su edad?

Sí, tengo amigos tanto músicos como no músicos y de todas partes del mundo. Los conozco por el medio, o por el lugar donde me encuentre. Sólo logro mantenerme en contacto con ellos digitalmente.

¿Recuerda cuándo arrancó exactamente su relación con la música?

A los cinco años recibí mi primer piano y empecé a practicar. Al principio lo tomé como un hobby pero, entre más me desarrollaba como artista, me di cuenta que eso era lo único que quería hacer en la vida.

Cuéntenos un recuerdo concreto de sus primeras experiencias con la música.

Mi primer concierto lo di a los seis años, fue en la sala de mi casa, y mi mamá invitó a toda la familia y los vecinos. Fue la primera vez que toqué frente a un público.

¿Ha tocado siempre piano?

Empecé con el violín a los tres años, pero no me gustó mucho. Igual tomé una clase de chelo pero era muy difícil.

¿Cuáles son sus pianistas favoritos?

Martha Argerich, Claudio Arrau, Arthur Rubinstein, Vladimir Horowitz entre otros.

¿Qué siente usted cuando piensa en Mozart?

Él es uno de mis compositores favoritos. Es básico para quien quiera aprender música y es un compositor muy mágico.

Pero él sufrió mucho justamente por ser un niño prodigio igual que usted

Creo que la gente tiene un concepto muy equivocado al respecto. Es posible, desde mi propia experiencia ser un ‘prodigio’ y tener una vida ‘normal’ al mismo tiempo. Es cosa de organizarte y de rodearte de personas que te lo permitan.

¿Usted escucha música distinta la clásica?

Sí, me encanta el rock clásico y el jazz. Mis bandas favoritas son los Beatles y Queen.

¿Puede mantener una educación ‘normal’ entre presentaciones?

Me salí del colegio a los 10 años. Viajo mucho y hago al menos 13 conciertos al año, casi todos en países diferentes, así que mi educación es por internet, a distancia.

¿Sale de fiesta? ¿Le gusta bailar?

No, soy terrible bailando. Además, al no ir a la escuela, no he pasando por esa época en la que todo el mundo quiere salir de fiesta. No me gusta la música que se escucha ahí.

¿Qué hacen sus papás?

Mi mamá es diseñadora y mi papá es violinista. Ella me ayuda con mi aspecto y él siempre me ha aconsejado musicalmente.

¿Quiénes han sido sus mentores en su trayectoria?

Tamás Ungar es uno de mis maestros. Hace dos años que estudio con él y por él me mudé de México. Me ha cambiado la vida y la forma de ver la música.

¿Cómo lo conoció?

A los doce tomé una clase con él en Italia y me gustó tanto que desde entonces lo seguí a cualquier país al que fuera hasta que tomamos la decisión de vivir en Estados Unidos para poder seguir trabajando con él.

¿Cuál es el momento de su carrera del que más se siente orgullosa?

Tendría que ser cuando me presenté en el Carnegie Hall de Nueva York a los 11 años. Ahí el piano dejó de ser un juego para mí. Pero aparte de eso, cada concierto ha sido una experiencia enriquecedora y me es difícil escoger solo uno.

¿Cómo lidiar con la fama a una edad tan corta?

Soy muy afortunada de toda la atención que recibo de la prensa y de los niños. Me da la oportunidad de inspirar y de transmitir mensajes a través de la música. Hay niños que me dicen que iniciaron en el piano gracias a mí y eso es muy especial.

Con tantos logros alcanzados, ¿Cuál sigue siendo una meta pendiente?

Mis metas no son tocar en algún lugar o con alguna persona específica. Lo que quiero es convertirme en el mejor músico posible.

¿Y le gustaría intentar algo fuera de la música?

No planeo salirme de la música en el futuro próximo, pero también me gustaría hacer algo relacionado con el cine. Me encantan las películas y me gustaría trabajar en ellas, con mi música, si es posible.

¿Qué le falta en su vida?

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