Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1987/01/12 00:00

DE MAL EN PEOR

Millones de muertos, enfermedades y desnutrición, negro panorama para la infancia en 1986

DE MAL EN PEOR

El que acaba fue otro año negro para la niñez pobre de todo el mundo. No obstante los planes de vacunación y los programas de alimentación en varios países, las muertes llegaron a los 14 millones, de acuerdo con el "Estado mundial de la infancia", el informe que todos los diciembres divulga el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia
--Unicef.
Una parte considerable de esas muertes (no causadas por enfermedades incurables ni por accidentes, sino por males perfectamente previsibles), corrieron por cuenta de América Latina, donde cada día del último año fallecieron en promedio tres mil niños.
La presentación del informe en Colombia la hizo la directora regional del Unicef --Teresa Albánez Barnola-- y en ella se dijo que, a pesar de los avances que se registran en algunas regiones (casos Brasil, Perú y Centroamérica), el subcontinente sigue presentando un oscuro panorama para la niñez de la pobreza. Se destaca, por la continuidad, el énfasis y la duración de los programas, el caso cubano donde la política de prevenir enfermedades en la niñez y evitar la desnutrición, son prioridad estatal.
El informe del director ejecutivo del Unicef, James Grant, plantea una propuesta ambiciosa. "En los últimos cuarenta años --señala el informe-- se ha producido un cambio fundamental en las concepciones éticas a nivel mundial. Nuestro mundo actual ya no tolera la muerte de millones de niños en las repentinas emergencias creadas por la sequía y el hambre en cualquier lugar del planeta. Trátese de la crisis de Kampuchea o de Africa, la atención de los medios de comunicación impulsa a la gente y a los gobiernos a actuar para evitar una mortandad masiva".
Cuarenta años atrás --continúa el Informe-- esta ética no prevalecía. A principios de los años cuarenta, por ejemplo, más de tres millones de hombres, mujeres y niños murieron de hambre en Calcuta y Bengala mientras el resto del mundo apenas se enteraba y aún hacía menos para evitarlo.

Una nueva ética
La emergencia más importante a la que se enfrenta actualmente la infancia mundial, es la inadvertida "emergencia silenciosa" de la infección y la desnutrición generalizadas. "Ninguna emergencia sonada, ninguna hambruna, ninguna sequía, ninguna inundación ha matado jamás a 280.000 niños en una semana. Pues bien, dicha emergencia silenciosa está causando tal mortandad cada semana".
Incluso durante la grave crisis africana de los dos últimos años, por ejemplo, han muerto más niños en Pakistán y la India que en todas las 46 naciones de Africa juntas.
"Desde un punto de vista ético nada cambia por el hecho de que estos millones de niños muriesen en uno u otro lugar concreto en un momento dado", señala el informe.
El Unicef sostiene que el mundo está capacitado para derrotar a la infección y la desnutrición en una escala masiva, incluso en el sombrío clima económico actual.
Salvavidas económico
Los actuales conocimientos sobre medidas de bajo costo que pueden mejorar de forma espectacular la salud de la infancia --tales como la terapia de rehidratación oral (TRO), la inmunización, el espaciamiento de los nacimientos, la lactancia materna y el destete adecuado--, permiten salvar la vida de al menos siete millones de niños al año y proteger el desarrollo normal de muchos millones más, a un costo asequible para casi todos los países y casi todas las familias del mundo.
Como una demostración ilustrativa de este gran potencial --indica el informe--, "más de cuatro millones de niños han salvado la vida en los últimos cinco años, en diversos países que se han movilizado para poner estas medidas vitales de bajo costo a disposición de la mayoría de sus ciudadanos".
Unicamente gracias a la difusión de la inmunización y la TRO, señala Grant, han salvado la vida un millón y medio de niños en 1986.
En otras palabras, no puede aceptarse ya como normal que cada año mueran 14 millones de niños y otros millones más apenas sobrevivan en medio de la desnutrición y la mala salud. Así pues, ha llegado el momento --sostiene el Unicef-- de que la moralidad se adecúe a la capacidad existente.
Según el informe, un cambio ético de estas características es fundamental para el "estado mundial de la infancia" en los años que restan de siglo. "Los cambios en el estado de opinión --señala el informe-- y en las actitudes imperantes constituyen el contexto moral para posibles cambios en el mundo de los hechos, el clima en el que puedan florecer o morir las ideas y movimientos sociales. Por ejemplo, en distintos momentos del pasado, la opinión dominante aceptó los males de la esclavitud y el colonialismo, el racismo y el apartheid; pero los cambios en ese clima de opinión privaron finalmente a esas ideas del oxígeno de la tolerancia, del alimento de la aceptación".
"Es imposible negar que la pobreza impone --y seguirá imponiendo-- unos límites" --reconoce Grant.
"Pero incluso dentro de estos límites, puede iniciarse ya una nueva era en la salud infantil. Protegiendo las vidas y el desarrollo sano de millones de niños en la primera infancia podrá lograrse una importante victoria a largo plazo en la guerra contra la pobreza y en favor de la reducción del crecimiento demográfico en los años que restan de siglo. Porque siempre existirá una profunda relación entre el desarrollo físico y mental de la infancia y el desarrollo económico y social de las naciones".

En Colombia
Sobre la situación de los niños colombianos, el informe del Unicef señala que es una resultante de la situación familiar, comunitaria y en general de la situación económica y social del país. Las condiciones de vida del niño menor de cinco años y especialmente del niño menor de un año se comportan a manera de indicadores que permiten dar cuenta del efecto de las políticas que desarrolla el gobierno para promover el bienestar general del país. Las condiciones de vida del niño como parte integrante de una unidad familiar dependen básicamente del acceso a los servicios sociales básicos, de la educación de los padres y de la situación de empleo e ingreso familiar. En Colombia, en la actualidad, según las últimas informaciones disponibles, aproximadamente 45% de las familias se encuentra en situación de pobreza. Esto significa que alrededor de casi la mitad de las familias colombianas no dispone de ingresos monetarios suficientes para cubrir los requerimientos mínimos de subsistencia. En la práctica estas familias destinan más del 50% de sus ingresos monetarios mensuales a la compra de alimentos de la canasta básica.
Por otro lado, el comportamiento tanto coyuntural como estructural de la economía ha generado en los últimos años una tendencia al desempleo, el cual se ha incrementado del 11.8% al 14.2% en 1985. Se estima que alrededor de un millón cien mil personas de las áreas urbanas se encuentran desocupadas. Un análisis por sexo de la desocupación muestra que en la última década, la tasa de desempleo de la mujer ha sido sistemáticamente más alta (12%), en telación con la tasa de desempleo para el hombre (8.4%).
Este panorama unido a un análisis del acceso a los servicios básicos, revela que el 57% de las viviendas en Colombia, cuentan con servicio de energía eléctrica, acueducto y alcantarillado. El resto solamente tiene acceso a alguno de estos servicios siendo necesario destacar que el 18% de las viviendas, esto es, 930 mil no cuentan con ningún servicio. Igualmente, la situación del niño es una resultante de los niveles de educación de los padres. En general se constata un gran descenso del analfabetismo, pues del 17.7% existente en 1973 se ha pasado al 12.2% en 1985. Sin embargo, existen algunas áreas geográficas en las cuales el analfabetismo asciende a un 31%.
La situación de pobreza, acceso a los servicios y analfabetismo muestran que si bien la situación de los niños ha mejorado sistemáticamente en las últimas décadas, todavía existen problemas que es preciso combatir para asegurar su bienestar y desarrollo integral. En efecto, se estima que la tasa de mortalidad infantil, cuyo promedio nacional es 57 por mil, es relativamente alta para un país del nivel de desarrollo de Colombia.
Aunque ha disminuido considerablemente en los últimos años, se presentan diferencias marcadas entre ciudades y regiones del país. A modo de ilustración se puede señalar que Bogotá, por ejemplo, presenta una tasa de mortalidad infantil de 35 por mil
mientras que en la región de la Costa Pacífica este indicador asciende a 191 por mil y en las zonas indigenas del departamento del Cauca es de 233 por mil.
En cuanto a la situación nutricional, las últimas informaciones disponibles correspondientes al año 1980, muestran que la tasa global de desnutrición ascendía a 19.4% en niños menores de cinco años. De este porcentaje, los niños en desnutrición severa representan el 2.5% y la diferencia, 16.4%, está representada por niños con desnutrición leve o moderada.
La situación del niño colombiano tal como ha sido expuesta, plantea y revela problemas que requieren aún una atención prioritaria por parte del Estado, en tanto la infancia constituye el futuro del país. Así mismo, la información que antecede muestra cómo tanto las tendencias a la reactivación de la economía, como la voluntad política para gestar un nuevo estilo de desarrollo, contribuirán en forma decisiva a sentar las bases de un desarrollo más sostenido y equitativo en favor de las familias más pobres y la infancia, concluye el documento.--

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